Velad y orad

Dejar-ir-el-camino-a-la-paz-personal-1-e1474051101882 Dice Teresa: «En esto de oración es lo que me habéis pedido diga alguna cosa». «Yo no diga ahora en que sea mental o vocal para todos; para vosotras, digo, que lo uno y lo otro habéis menester» (Camino de Perfección 21, 7). La oración, ser orante es una opción personal de todo creyente, es una consecuencia de ser cristiano, porque es una acogida del mandato del Señor: «Velad y orad» (Mt 26, 41); «orad siempre sin desfallecer» (Lc 18, 1).  Todo creyente que vive comprometidamente su fe oye y escucha la voz del Señor. Orar es base fundante para ser cristiano consecuente con lo que decimos creer. Orar no es patrimonio concreto de nadie. Desde la fe en el Dios de Jesús, el Padre, orar es algo congénito, es llevar metido en las entrañas el don y la posibilidad de la plena vivencia y convivencia relacional con el Dios que nos ama, con Jesús, que nos vive desde dentro. «El Señor está dentro de vos. Este, pues, es buen tiempo para que os enseñe nuestro Maestro, y que le oigamos y besemos los pies porque nos quiso enseñar, y le supliquéis no se vaya de con vos» (Camino de Perfección 34, 10).

                                     Anna Seguí ocd

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