Orar la muerte

ACOGER LA LUZMuerte y vida están íntimamente relacionadas. Oremos esa realidad para asumirla con naturalidad, conscientes de que todo está en manos de Dios. Orar mirando la muerte con la confianza de san Francisco: “Loado seas mi Señor, por la hermana muerte corporal de la que ningún hombre vivo puede escapar”. Santa Teresa: “Muerte no me seas esquiva/ Tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero”. San Juan de la Cruz reclama a Dios: “rompe la tela de este dulce encuentro”.  Orar con la seguridad de que Dios nos ofrece expirar nuestro último aliento en sus brazos amorosos. Ninguna inquietud debe turbar este proceso hacia el dulce encuentro. Morir es el momento de la intimidad más honda y solitaria que realizamos entre el yo personal y Dios. Morir es entrar a vivir vida de Dios, donde la feliz Pascua es definitiva. Orar la muerte y vida como dos opciones en la manera de ser y obrar. Podemos vivir produciendo muerte en nuestro entorno y no vida feliz. Vida y muerte es una elección personal. Optamos por el bien obrando vida, o hacemos las obras de la muerte que es el mal. Este, también lo hallamos en nosotros, no como dualidad, pero sí como realidad de la contradicción que descubrimos en nuestro propio ser. Orar la muerte con la seguridad de que esta no tiene la última palabra, sino la vida. Orarla para saberla ver como encuentro con Dios, no como pérdida.

                                                              Anna Seguí ocd

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