El hálito de Dios

playa-02 En el principio, el hálito de Dios planeaba sobre la superficie de la Tierra. Su Espíritu abría las puertas de la existencia a todos los seres. El aliento de Dios insufló la vida, y llamó al hombre y a la mujer a ser y existir, a amarse y relacionarse. Dios los amó y los adentró en su intimidad para vivir vida de Dios. Somos por gracia y voluntad de Dios. Ser orante es tener conciencia de esta pertenencia. Orar es saberse vinculado al Dios de la vida, que nos llama a ser creadores de vida.  Orar es alimentar en nosotros la vida de Dios. Oramos porque Dios es Padre y nos llama a vivir como hijos, a lucir alegremente la imagen y semejanza con que fuimos creados. Somos bondad y belleza por puro deseo suyo. “Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno”. Orar es esparcir la vida de Dios que llevamos dentro, sembrar la bondad y alegría del Evangelio. Orar es poner salud a la existencia, liberar ataduras, derribar muros, alentar a los decaídos, curar dolencias. Orar es hacerse humilde servidor de los hermanos. Ser orantes es convertirse en jornaleros del Reino. Es la alegría de quien ha puesto la mano al arado y ya no vuelve la vista atrás. Orar es trabajar la existencia a la manera de Jesús que “pasó haciendo el bien”. Orar es ser sembradores de bondades. Constructores de una Iglesia humilde y sencilla, con rostro humano, servidora de los pobres, pobre ella también. Orar es mantener limpio el aire de la existencia.

                                                Anna Seguí ocd

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