El mirar de Dios es amar

images (56) El silencio orante es condición necesaria para la advertencia amorosa. Descubrir el Amor que me ama. Una atención vivísima que despierta la sensibilidad afectiva, que capta y ve los ojos amorosos que me miran diciéndome el amor. Cae el alma en la cuenta de que: “El mirar de Dios es amar”. Toda palabra rompe la inefabilidad de lo que se origina en el silencio de los amantes. Orar es entrar en el ámbito del amor misericordioso de Dios, que me envuelve colmando los afectos del corazón. “Al que confía en el Señor, la misericordia lo rodea” (Sal 31).  Ser amada me afecta saludablemente, es la fuente de la alegría, Edén placentero. El hogar interior es el espacio escondido y secreto del encuentro íntimamente amoroso con Jesús. Un tú a tú hecho de ternura suave, mirada amorosa, elocuente, silenciosamente correspondida, hondamente penetrante. El ser queda sensiblemente compensado, herido y llagado de amor en su más profundo centro. Orar es sentarse a la mesa de “la cena que recrea y enamora”. Cuando oro, percibo misteriosamente que Jesús me dice: Te amo. Y se alegra mi espíritu, resuelto a corresponderle: “Que me bese con los besos de su boca” (Ct 1). “¡Gocémonos, Amado!, y vámonos a ver en tu hermosura al monte y al collado do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura”. (Cántico 36). Orar es cultivar el enamoramiento.

                                Anna Seguí ocd

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