Orar la Navidad

NAVIDAD Orar la Navidad es contemplar con asombro cómo Dios entra y se instala en la historia a ras de suelo, para ser “Dios-connosotros”. Jesús humanado es portador de un caudal de riqueza, esparciendo signos de resurrección en cada persona. Jesús viene a entregar su vida para ser nuestro alimento: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Viene como “luz del mundo”, mirarle a Él será disipar las tinieblas. Penetrados de Evangelio podremos realizar las obras de la luz, las Bienaventuranzas del Reino. Jesús mismo es la vida que lo renueva todo, vivificándonos con el poder de su palabra y sus obras: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante”. Dios nos da más de lo que podemos imaginar.  Recibirle como salvador es acoger la sobreabundancia de su amor misericordioso, aumentar nuestra calidad de vida para ser repartida. La oración que contempla el misterio de la Encarnación descubre la presencia de Dios en el corazón de la humanidad. Dios se hace carne en Jesús, para que el ser humano sea carne de Dios, que se da a los hermanos. Hijos de Dios que vivimos radicalmente comprometidos a realizar vida de Dios en el mundo. La oración lleva a buscar el rostro de Dios cara a cara, y se nos muestra en Jesús. Contemplando la humanidad de Jesús, contemplamos todo lo que es Dios en su divinidad: “misericordia vultus”. Mirar a los hermanos, sabiendo ver a Jesús en ellos, es celebrar Navidad.

                                    Anna Seguí ocd

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