Taizé en Valencia

jov-logo-taizeQueridísima Mara: “La peregrinación de la confianza” de Taizé, este año ha recalado en Valencia. Una presencia de las diferentes iglesias europeas hacia esta diócesis, por parte de los jóvenes cristianos de Europa. Chicas y chicos en plena juventud, han ido llegando de los diversos países, todos movidos por una misma búsqueda: Jesucristo

La frescura de su primavera, la primicia de su fe, los ha lanzado a una búsqueda, anhelando un encuentro con el Resucitado, que los unifica a todos. Todos presentan rasgos en común: su vigorosa energía, su sincera búsqueda, la belleza de una alegría, la esperanza de una comunión, la fe en el Dios de la vida. Y el deseo verdadero de ser creadores de un mundo mejor. Ellos, con el corazón henchido de esperanza, ellos, que tiene la carne sana y la mente clara, ¡sea Jesucristo su luz!

Taizé, ese lugar de oración, silencio y encuentro, ha sido capaz de convocar y aunar a todas las confesiones, con el propósito de una iglesia común: la cristiana. Una Iglesia grande, amplia y acogedora, nos debe aunar a todos, sentándonos en la mesa del Reino, a la que nos invita Jesús. Una Iglesia que realiza la comunión entre todos los hermanos en la fe, que confesamos que ¡Jesús es el Señor! Esta es la fuerza de convocatoria que tiene Taizé, vivir la comunión,  buscando siempre lo que une y no lo que divide. Esa convicción, mantiene viva la llama ardiente de Cristo el Resucitado, como luz del mundo.

El hermano Roger Schutz, era hijo de un pastor protestante. Joven creyente, cursó estudios de teología. En su búsqueda profunda de Dios, decidió retirarse al pequeño pueblo de Taizé, para vivir una vida en pobreza y oración. Durante la Segunda Guerra Mundial, acogió  y escondió a judíos,  a desertores y opositores de la guerra. Este hecho le valió la persecución de la Gestapo nazi, por lo que tuvo que huir a Suiza. Terminada la guerra, volvió a Taizé. Y allí, tuvo la genial intuición de crear una pequeña comunidad, que aglutinara a aquellos jóvenes, desencantados como él, por aquel desastre humanitario que habían vivido con dramatismo personal, como fue la guerra. Querían vivir una vida humilde, capaz de hacer florecer la esperanza en el corazón de la humanidad.

No más guerras en nuestro mundo. Ellos, vinculados a Jesucristo y su Evangelio, iniciaron un camino nuevo, que iba a ser signo de reconciliación y comunión. Crear una Europa nueva, en la paz y la libertad, en el respeto y la pluralidad, en la esperanza de la justicia y la fraternidad. Y hacerlo desde la humilde vida en común, convocados por la oración, el silencio y la comunión. En Dios quedaba puesta la confianza de aquella primera comunidad fraterna. Y la confianza se afianzó abriendo un camino nuevo. Así se inició lo que iba a ser “el peregrinaje de la confianza”, que dura hasta nuestros días.

Roger Shutz tuvo siempre claro que la acogida iba a ser incondicional para todos. No hizo diferencias entre personas, ni juicios entre religiones. Acogió al ser humano como un hermano más. El credo no importaba, la raza y la nacionalidad tampoco. Lo que los unía a todos era la fraternidad, reconocerse unos a otros como hijos de Dios.

A medida que la comunidad fue creciendo, los hermanos eran enviados a los lugares del mundo en conflicto, hambre y miseria. Sencillamente para vivir como pobres entre los pobres de la tierra, e infundir en ellos la esperanza y la alegría de un Dios que los ama. Junto a los pobres, los hermanos ofrecen el testimonio evangélico de la paz y el amor. Jesús y su Evangelio es la base fundante de la comunidad. Nada quieren poseer, sino abrazar la pobreza y vivir muy humildemente.

Taizé se ha convertido en el centro de acogida de jóvenes de todo el mundo y de todos los credos. Su objetivo es la reconciliación. Un lugar de oración, silencio y convivencia fraterna. Taizé hunde sus raíces en lo puramente evangélico, en aquel mandamiento del amor que Jesús encomienda a todos: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13,34).  Seguros que el amor todo lo hace posible. La comunidad secunda todo el movimiento ecuménico que surgió tras el Concilio Vaticano II, para lograr la comunión de todas las iglesias en una Iglesia común, la cristiana, para vivirnos como hermanos en el gran Hermano: Jesús.

Todos los que hemos ido pasando por Taizé, a lo largo de la vida, nos hemos sentido tocados por esa espiritualidad de la fraternidad y la comunión. Allí se vive la contemplación del Crucificado-Resucitado, que nos llama a ser portadores de Evangelio en cada lugar de la tierra, donde nos hallamos los que nos decimos cristianos. Que el amor sea vivido como lo único que hace posible que las cosas sean buenas. Taizé infunde la confianza en el amor, como la fuerza resucitadora de nuestras muertes. El amor como sanación de todas las heridas. El amor como la fuente de la paz en las guerras. El amor como regenerador de vida, haciéndola alegremente vivible por la justicia y la alegría.

Estuve en Taizé el año 1974, cuando el Hno. Roger convocó el Concilio de los jóvenes. A finales del mes de agosto, 30.000 mil jóvenes de todo el mundo, fuimos llegando a la colina. La alegría que se respiraba fue el tono vital que perduró en todo momento durante el encuentro. Había católicos, anglicanos, ortodoxos, judíos, agnósticos. ¡Qué agradable nos era a todos la presencia siempre suave y afable del Hno. Roger! Él creyó profundamente en la unidad de los cristianos, y este es el mensaje que nos transmitió. Taizé lo sigue orando y propagando, para que Dios nos conceda este logro como gracia suya y empeño nuestro.

La peregrinación de la Confianza ha tenido este año su sede en Valencia. El acontecimiento ha sido magnánimo. Los 15.000 jóvenes europeos que han llegado a estas tierras levantinas, han sido acogidos por la generosidad de las familias de las parroquias de la diócesis. Los jóvenes aportaban mucha alegría. La gente que los ha tenido acogidos, vibraba de emoción y contento por la felicidad de una convivencia fresca, simpática y fraterna. Todos han visto en ellos la esperanza de la cristiandad, la savia de la fe nueva, que se va renovando de generación en generación.

En Puçol, las dos parroquias han acogido 130 jóvenes. Un grupo subió al monasterio el día 30. El otro grupo subió el 31, para tener un encuentro con nosotras. Primero oramos juntos. Después les hablamos de Santa Teresa y el carisma que ella nos dejó. Pudieron formularnos preguntas, que fuimos contestando para aclarar sus dudas e interrogantes sobre nuestro modo de vida. Ha sido algo precioso, una experiencia única que no olvidaremos nunca.

Cuando meses atrás preparaban el encuentro, vino un hermano de la comunidad, el Hno. Pedro, para pedirnos que asistiéramos a dos de los talleres en la capital. Concretamente en las iglesias de san Lorenzo y san Juan de la Cruz. Dos tardes, los días 29 y 30. Allá fuimos Gema, Esti, Paqui y yo. Desde las 4 de la tarde hasta las 6. Paqui acudió a san Juan de la Cruz. Su taller era: Un tiempo de silencio y escucha personal. Acompañar a los jóvenes que acudían a orar contemplativamente. Su presencia entre ellos era la de “estar y permanecer”, disponible también por si querían consultar algo personal.

Nosotras tres, fuimos a san Lorenzo. En nuestro taller, se trataba de explicar lo siguiente: ¿Qué nos dice hoy la experiencia de Santa Teresa de Ávila? Fuimos desarrollando el tema de manera espontánea y con sencillez. De vez en cuando, nos sentábamos en silencio, mientras Gema, con la cítara, nos envolvía en la suavidad de la música, que nos ayudó a recogernos agradablemente en oración. Tras breves minutos, volvíamos a emprender la conversación. Dos horas dan para mucho, pero logramos salvarlas con agilidad. Creo que nos supimos compenetrar, logrando crear un clima que resultó profundo y hasta simpático. Compaginamos bien lo serio con lo divertido. Estaba la iglesia abarrotada. La gente aguantó bien las dos horas, mostrando mucho contento. Así nos lo transmitieron. Tuvimos a nuestro lado a Kike, un amigo de Esti, que se conocieron en Taizé cuando eran jovencitos. Él hizo la traducción en inglés los dos días, genialmente bien.

Asistimos después a la oración en la catedral. Impresionaba ver a miles de jóvenes reunidos en oración, todos sentados al suelo. Era una piña humana orando unida. Realmente el conjunto resultaba conmovedor. La música, los cantos, cortos y repetitivos, formaba una armonía que emocionaba. En la oración del día 30, el prior de Taizé, el Hno. Alois, comunicó el nuevo Encuentro Europeo para el año 2016, que será en la ciudad de Riga, capital de Letonia. Dios bendiga este pueblo que ha sido tan castigado y perseguido.

Una pena ha sido el poco eco que ha tenido en los medios de comunicación. La mayoría de ellos ha ignorado o silenciado el acontecimiento. Se respira como una cierta marginación hacia lo religioso.

Esta experiencia vivida recientemente, ha reavivado en mí el aprecio que siempre he sentido por Taizé. Creo que he afianzado los vínculos que me mantienen unida a esa comunidad y su espiritualidad, con rasgos tan similares a los nuestros. Y nada más, querida Mara. Desearte un Feliz Año Nuevo  2016, para ti y los tuyos.

Recibe mi oración y cariño. Nura

Presentación1Queridos amig@s: Con estos envíos de lo que llamaré “CARTAS DE NURA A MARA”, inicio una serie de temas que iré mandando paulatinamente. Así, a modo sencillo, como quien escribe a una ami@.

“Nura” significa fuego, este fue el nombre que los fenicios dieron a la isla de Menorca cuando, navegando por el Gran Mar, nuestro Mediterráneo, llegaron a las costas de las islas y hasta la península.

Codiciosos comerciantes, fueron también intrépidos navegantes, y ellos, los fenicios, fueron quienes dieron el primer nombre a nuestra isla. Estos hombres, cual lobos de mar, cuando en las noches de los tiempos, surcaban la costa de la isla, veían las luces de las hogueras encendidas en lo alto de los talayots pre-históricos de los primeros pobladores.

El asombro de aquellos fuegos los llevó a llamarla “la isla del fuego”, “Nura”. Muchos siglos después, también los portugueses, observando el mismo fenómeno de las hogueras, la llamaron “Tierra de Fuego”.

Bueno, pues Nura os será familiar en breve. Y “Mara” es todo receptor de la carta que la lea. Tras esta breve explicación, Ahí lanzo mis primeros envíos. La temática abarcará la vida misma, desde la mirada de la fe, desde la esperanza, desde el amor. Así, para todos y con amor.   Nura 

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