SOBRE EL AMOR

201210211Querida Mara: En la entrada de nuestro monasterio hay un gran cartel con esta frase de San Juan: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Y ¿qué decir?, pues, del amor. Entiendo que resumirlo en breves frases es dejarlo empobrecido. Bien es verdad que su mejor testimonio son las obras. Amar con hechos concretos, gestos amorosos y solidarios que comprometen la vida. Y no la sola teoría de las palabras, sin el compromiso efectivo y afectivo de la cercanía, la acogida y comunión. Hay que hacer real el servicio fraterno.

El Papa Francisco nos ha convocado a vivir el amor de forma misericordiosa. En un mundo donde hay tanta carencia, el amor se ha de mostrar compasivo, principalmente con los que más sufren las consecuencias de la injusticia, que empobrece y humilla la dignidad humana. Pensar el amor y cómo lo hemos de vivir es reto y tarea para todos, responsabilidad que no debemos eludir.

Paso a hacerte un breve y sencillo resumen de lo que yo misma llevo en la mente y el corazón, nada más.

Pienso que el amor no es tanto un sentimiento como una opción de vida. Una profunda convicción y una decidida voluntad de amar, de vivir amando, de hacer todo con amor y por amor. El amor misericordioso nos hace semejantes a Dios, saca lo mejor de nosotros mismos y nos lanza al seguimiento de Jesús en una vida para el Evangelio. Nos lleva a los hermanos.

¿No crees, querida Mara, que, la base fundante de toda vida cristiana es el amor? Creo que el amor es nuestro signo de identidad. Quien vive mirando a Jesús, quien tiene los ojos fijos en Él, sabe y entiende que no puede más que amar, como amó Él. Y decirlo con la vida, una vida arraigada en el amor, creando vida por el amor.

Quien dice sí a Jesús y su Evangelio, el amor es su vocación. El amor es una manera de ser, hacer y estar. Una manera de situarse en la vida, ante la creación y ante los demás, estableciendo convivencia fraterna por el amor y la comunión.

Al fin, el mensaje de Jesús se concreta en una sola frase: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. El amor a los hermanos es el signo de la identidad cristiana. Dios es amor, y Jesús es la encarnación humana del amor misericordioso de Dios. Para esto vino al mundo, para decirnos que Dios nos ama y nos quiere felices desde el amor, un amor realizador de bondad y belleza.

En Jesús veo cómo se cumple este amor, cómo se canaliza, se camina y se hace realidad en el vivir de cada día, en las dificultades que nos depara la vida, en la convivencia mutua, y ante la injusticia, que sofoca la humanidad.

Toda la vida de Jesús es modelo de amor misericordioso. Él se nos hace sacramento de comunión dándose a sí mismo con amor y por amor, hasta la cruz. Él se parte y se reparte para que tengamos vida. Dice Pablo: “A nadie debáis nada más que amor”. Este decir, lo completará en el precioso escrito sobre la caridad, afirmando que el amor no pasa nunca, y que solo el amor permanecerá para siempre. Porque el amor es la manera de ser y hacer de Dios, su ley absoluta. Dios no puede más que amar.

Considero que el amor no es etéreo, sino concreto. Se encarna, se personaliza, nos hace radicalmente humanos. Amar es comprometerse a regalar la vida. Por el amor entramos en comunión con Dios y con los demás. El amor es la medida de la fraternidad universal, nos solidariza con los pobres y sufrientes de nuestro mundo.

Vivir en comunidad es recrear el amor en un proyecto común: hacer del Evangelio la norma de vida. Querer que por mi amor, el otro sea feliz. Ser gozo para los demás. Por el amor traigo olvido de mí, para ser fuerza y regalo de Dios ofrecido en servicio.

En la comunidad se vive la comunión: el pan del trabajo partido y repartido, el vino de la fiesta bebido y celebrado. La absurda “borrachera” que me lleva al olvido de mí en un sí para la comunidad, que es también sí a Dios. Al fin, ¡tener resuelta exigencia para labrar la vida según  el amor del Reino de Dios y su justicia! Si Jesús nos amó hasta dar la vida por nosotros, también nosotros debemos amarnos unos a otros como nos ha amado Él. El amor nos hace bienaventurados: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7).

En fin, mi querida Mara, esto es todo lo que se me ha ocurrido. Sea el amor misericordioso lo que guíe nuestro camino y amistad. Gracias por leerme. Escrito va con alma blanda, que no blanca, de amante y poeta. Volveré pronto, un abrazo fuerte, ¡con amor!   Nura

                                  (Anna seguí ocd)

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2 thoughts on “SOBRE EL AMOR

  1. amparovs 8 febrero, 2016 / 8:00 am

    Ojalá el mundo entendiera así el amor. Esto es lo que pretendemos en los cursillos. Llevar a los jóvenes, esa forma de amar. Y esa realidad del amor esponsal, pero Dios sabe lo que llega

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