EN TI

anna001El ser humano vive a la intemperie de la inseguridad y la precariedad. Este estado de fragilidad está expuesto a lo inesperado, tanto para lo bueno como para lo adverso. Solo en Dios y en nuestro aposento interior, donde Él mora, podemos hallar un seguro refugio que nos permite balbucir una confiada oración al Señor: “Al amparo del Altísimo, no temo el espanto nocturno”. Y en Él, descansar nuestro ser, nuestras inquietudes, nuestro momento y todo nuestro porvenir, todo queda confiado y reposado en Dios.

Adheridos a Jesús, fiados solo de Él, nada puede proporcionarnos más seguridad y, en esta absoluta vinculación a Él, nada nos puede perder: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida; ¿quién me hará temblar?” (Sal 26). Por perdidos que andemos, esperando e invocando su nombre, Él oye nuestra súplica menesterosa, confiada o desesperada, y está pronto para rescatarnos y decirnos: Todo está resuelto en mí. “No temas, gusanito de Jacob, oruguita de Israel. El Señor te dice: ‘yo mismo te ayudaré” (Is 41,14). En mi cruz fuiste crucificado, en mi resurrección, te he resucitado. “No temas, que yo te he liberado; yo te llamé por tu nombre, tú eres mío” (Is 43,1).

Vivamos a la intemperie de este mundo con la seguridad de que, en todo momento, en lo bueno y en lo malo, Dios está de nuestra parte. En las noches oscuras del alma, en el horror y sufrimiento de nuestras purificaciones insoportables, Jesús se halla presente. No le vemos ni le percibimos a causa de la oscuridad que nos envuelve. Pero ahí, en este estado de absoluta tiniebla y de pura angustia, Dios nos invita a agarrarnos a la fe y confianza, seguros de que, Cristo, crucifica nuestro sufrimiento en su cruz. A nuestro lado, Cristo crucificado, en el momento oportuno e inesperado, Él es la llave que nos abre la puerta a la luz, para lanzarnos al gozo de nuestra resurrección. El Resucitado nos ha resucitado y vivimos con Él. Esta es nuestra paz y alegría. Esta es la gran verdad para toda la humanidad. Todos hemos sido salvado por Jesús, el Cristo, el crucificado resucitado, ¡por pura gracia!: “Pues por la bondad de Dios habéis recibido la salvación por medio de la fe. No es esto algo que vosotros mismos hayáis conseguido, sino que os lo ha dado Dios” (Ef 2,8). Todo es don de Dios. La muerte y resurrección de Cristo Jesús ha salvado la humanidad entera. No por “muchos”, sino ¡POR TODOS! Sea este nuestro grito resurreccional, nuestra alegre esperanza: ¡POR TODOS!, ¡POR TODOS!, ¡POR TODOS!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s