LA AMISTAD

images-70Queridísima Mara: Dice un proverbio japonés: “Con un buen amigo, no hay camino largo”. Quiero hablarte hoy de la amistad. Debo reconocer que es el más apreciado don que Dios me ha concedido. Es como una siembra y cosecha de amor, donde la confianza y la fidelidad son las cualidades que la sostienen, la hacen  crecer y permanecer. Es una experiencia de intimidad e interioridad hecha de finísima armonía y tiernísima sensibilidad. En cierta manera, mi decir quiere serte un canto al precioso don de la amistad, por ser ayuda valiosísima en la búsqueda de la verdad y el conocimiento de Dios.

La Biblia tiene bellísimas expresiones sobre la amistad, la pondera como un valor sublime, hasta enaltecerla como remedio de la vida. Dice el libro de Proverbios: el amigo ama en toda ocasión”; “la dulzura del amigo alegra el alma”. Y el Eclesiástico la elogia así: “El amigo fiel es seguro refugio, el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor”. Platón decía: “Dios es el autor de la amistad; Dios es el que une a los amigos”. Y Aristóteles: “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”. También Agustín hace una elogiosa exaltación de la amistad: “Sin un amigo no existe nada que sea amable”. En cierta manera, la Trinidad es un icono de la amistad en la unión de la intimidad. Los amigos necesitan espacios de soledad para amarse y relacionarse en la intimidad.

La amistad es la realización de aquel deseo primero de Dios que no quiere que el ser humano esté solo, es amparo y seguro refugio, es la alegría del compartir, donde la confrontación pone verdad, magnanimidad y comprensión. En la amistad no entra el engaño, ni doblez, sino la segura claridad y profunda autenticidad, cada uno se muestra al desnudo en la tierna caricia de la más pura delicadeza del amor trasparente y leal.

En la amistad se potencia lo mejor que hay en nosotros. Al amigo se le procura amabilidad y alegría, el amigo origina en nosotros bondad y belleza, suscita placer y fiesta. Ante el amigo podemos volcar y reposar alegrías y penas, el amigo acoge nuestro dolor y nuestra dicha, se encarna en nuestra realidad y penetra en nuestra intimidad con la exquisitez de una suavidad amorosa. Nada hay que temer ante el amigo, es apoyo estable, descanso del alma, y susurro de un amor que se expresa en la amabilidad de la ternura y la fragancia de la alegría.

Tener un amigo da empuje e infunde coraje para atrevernos a navegar juntos en el anchuroso mar de la vida, es lanzarse a una aventura de conocimiento mutuo y profundo, con este ser único que quiere permanecer a mi lado porque juntos somos felices. Es apoyarse en el tú que te ama, ofrece seguridad y no usurpa la libertad porque no es posesivo sino respetuoso. El amor y la caricia de Dios se encarnan y se expresan por medio del amigo, es el placer recíproco de dar y recibir, acoger el regalo amoroso del amigo y ofrecerle el amor personal, una relación placentera que aporta salud y amplitud de miras, contribuye al equilibro psíquico generando estabilidad.

La amistad goza de libertad porque deja siempre al otro que esté donde necesita estar, no le tiende redes, no le ata la sensibilidad, ni sucumbe a la ansiedad, sino que pone alas para volar, hasta saber permanecer lejos del amigo sin el asomo de la angustia. En la ausencia, siempre se puede contar con el amigo que al reclamo de la necesidad acudirá. La amistad es veloz para atender y dar la mano, el amigo está y permanece tanto en tiempo de penuria como de bonanza. Goza el diálogo y asume los silencios.

La amistad, la relación de confianza e intimidad que comporta, es referencia para saber amar más a los demás. Como amo al amigo y le estoy atenta, así debo amar y atender a las personas, el amor de la amistad es expansivo, suscita las relaciones también con los prójimos y se recrea en ellas, la amistad es creadora de amigos.

Como la sabiduría, la amistad se construye su casa, es el hogar del descanso y la paz, donde las horas se alternan entre el silencio y el diálogo, la fiesta y el trabajo. En la intimidad del encuentro se disfruta la presencia regaladora de bondades, abiertos los espacios de la libertad y el respeto. Los corazones se deleitan en sonrisas y cantos, silencio y bullicio, la danza de la vida y la música de la compañía se compenetran, armonizan y recrean.

La amistad es un don gratuito entre dos personas, un grupo o comunidad, que crea fluidez comunicativa en las relaciones, hace la vida más amable y llevadera, es orientadora de caminos, generosa compartiendo, se alegra con lo bueno del amigo y le arropa en sus penurias. La amistad es un guiño del contento de Dios que así nos creó: hombres y mujeres capaces de amistad y constructores de vida para el amor.

Jesús se movió en el ámbito de la amistad, íntima con el Padre, de diálogo con los discípulos: “vosotros sois mis amigos”; “el amigo del novio, que está allí y le escucha, se llena de alegría al oírle hablar”. De afecto con las mujeres, de sensibilidad con Marta y María, de confianza con el discípulo amado, con el tiernísimo gesto de acogerlo dejando que reposara la cabeza en su pecho; de amor hacia Pedro: ¿me amas más que estos?”.

Teresa de Jesús se empeñó en vivir construyendo la historia en clave de amistad, la humanidad de Cristo fue el deleite de la relación de amistad de Teresa con Jesús. Dice: “Con tan buen amigo presente… todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero”; “tratar de amistad con quien sabemos nos ama”; “Solo Dios basta”. Y me basta si le hallo en el amigo, en el hermano, porque la amistad y el amor se encarnan, como Dios en Jesús. Vivir maravillándonos del don de la amistad, del tú concreto que me ama a mí y yo a él, y por la libertad complaciente de pronunciar un “te quiero” que nos colma de felicidad. Dice Juan de la Cruz: “el mirar de Dios es amar”, también los amigos, cuando se miran se aman. Y Teresa se goza al sentirse mirada por el amigo: “mire que le mira”; “El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quienes amamos”. Teresa hace de los monasterios hogares para las relaciones de amistad: “Aquí, todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”.

Mi querida Mara, este canto a la amistad es un regalo que he querido ofrecerte para gozarnos por tan gran don. Es mi deseo de que todas las personas encuentren un amigo y le abran su corazón para recibirlo, y que puedan así construir una deleitosa historia de amistad, como la nuestra, larga ya en el tiempo y profunda en la vivencia. Doy gracia a Dios por ti, por todo el bien que me aportas. Al fin, para el amor hemos sido creados.  Nura  (Anna Seguí Martí ocd)

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