EL INTÉRPRETE

IMG_20170623_103118TÍTULO: El intérprete. Jesús de Nazaret antes del cristianismo
AUTOR: León Deneb
EDITORIAL: Biblioteca Nueva, Madrid 1999. (272 pp. 13’5 x 21 cm).

León Deneb, en su libro “El Intérprete”, muestra ser una persona con una hondura humana de gran calado y de una exquisita sensibilidad espiritual. Queda al descubierto la sabiduría del autor sobre el conocimiento de la Biblia. Doctor en Teología y Ciencias Orientales, catedrático y escritor.

El libro toma de lleno la figura de Jesús de Nazaret, como el Intérprete de Dios, el Dedo de Dios, el Corazón del Padre. Jesús como este Alguien ante quien, al encuentro con Él, nadie queda indiferente. Deneb pone al descubierto su fascinación ante la figura del Nazareno.

De entrada, el autor lanza una pregunta clave para todo creyente: “¿Qué creemos realmente?”. Consigue hacer un breve desarrollo bíblico de los orígenes, entre la silenciosa nada, y después todo, el paso del caos al cosmos, el ser humano, las cosas, el tiempo y la historia. El hombre se descubre asimismo frágil ante la grandeza del misterio que le envuelve, y ante Dios, un tenue balbuceo.

La agudeza del escrito consiste en haber sabido desnudar a Jesús de todos los pliegues y matices que, al paso de los siglos, lo nublaron e hicieron irreconocible. A lo largo de todo el libro, aflora el vigor del Jesús cercano y relacional con la gente, con todo el frescor de la novedad y la dicha de su Evangelio libertador. El autor quiere poner de relieve qué significó Jesús de Nazaret, su mensaje y oferta alentadora de nueva esperanza a la gente que le siguió. Y así surge El Intérprete. Jesús de Nazaret antes del cristianismo.

El contenido del libro está dividido en ocho amplios capítulos. El primero de ellos, desarrolla una incisiva panorámica histórica para situar al Jesús en el momento que le tocó vivir. Jesús, judío, nace y vive en la judía Palestina, ocupada por los romanos, cuya presencia provoca una tirantez extrema. En medio de este conflicto invasor, el mundo judío vivía en estado de espera mesiánica. El Nazareno viene a hacer real la vinculación amorosa entre Dios y el hombre, definitivo testamento del amor.

El segundo capítulo, enmarca a Jesús dentro del Cumplimiento de las Escrituras. Con Él, ha llegado la inauguración de la era mesiánica. Las raíces genealógicas lo vinculan como el Hombre que pertenece totalmente a Dios, y que viene a cumplir su deseo: “Que Dios sea todo en todo y en todos”. El Emmanuel: Dios con nosotros, será la presencia salvadora de Dios en medio de la humanidad. Y quienes primero reciben esta presencia, son los pobres, los desheredados de aquel entorno, los pastores. Y el seguimiento implica adhesión a la persona de Jesús como Verdad y Camino al Padre. Reclama alejamiento de los criterios mundanos que tipifican el poder, el dinero, la gloria mundana. Y la misión, que no permite vacilaciones. El Diablo siempre está al acecho para arrancarnos un sí para él en detrimento de la misión divina. Pero, en Jesús, todo queda dispuesto para que resplandezca la gloria del Padre y del hombre.

El amplio capítulo tercero, presenta El Dedo de Dios o la recreación del hombre. El Tentador es la alienación del hombre, el Dedo de Dios, la liberación. El ser humano tiene que tomar conciencia de su propia situación para romper las cadenas de todo lo que le esclaviza. Solo la presencia del bien, expulsa el mal. Dios actúa en la historia concreta para recrear, para instaurar el bien. Jesús es una oferta para ser aceptada, Dedo de Dios recreador. Él es el Mesías, oferta salvífica, recreación del hombre y del mundo, Dedo de Dios que todo lo transforma. Jesús es la Nueva Alianza. Él es la inauguración de una nueva etapa, la definitiva; el vino nuevo, exquisito, para una comunidad nueva que sabe leer las Escrituras con ojos nuevos que nos lleve a creer más en Jesús. La presencia de Jesús rompe con lo viejo, ritos, leyes, preceptos, purificaciones externas, para pasar a hacer lo que Él nos diga. Es la hora y el tiempo de Jesús, el tiempo del amor que se entrega, amor que brotará de la sangre derramada de Jesús en la cruz.

Jesús trabaja la persona desde su interioridad, transformando lo dañado en el hombre. Los miedos, las parálisis, la ceguera, situaciones sin vida, Jesús nos levanta y pone en camino. Es menester acercarnos a Jesús con fe para que se produzca la liberación. El paralítico es figura representativa de todo el pueblo que, sometido al sistema, no participa de la fiesta. Jesús lo ve. Detecta su situación lastimada y actúa: “Levántate”. Su situación era debida a su vinculación al sistema. No aceptar a Jesús es igual a muerte. Con Jesús aparece un nuevo concepto de fiesta: la vida, no el precepto ni el legalismo. Dar vida es la voluntad del Padre. Convertirse, como única forma de entender la Palabra que recrea.

Lo que salva es el amor. Abrir los ojos es igual a comprender. Con Jesús desaparece toda ceguera, se declara Luz del mundo. Libera, limpia, ilumina. Jesús pone las bases de la recreación colectiva. El mal ha de ser sustituido por el bien, aceptar al Consagrado por Dios como liberación auténtica. Jesús marcha por la tierra recreando, como Dedo de Dios, a todo ser humano sometido. Jesús levanta, pone en pie. Adheridos a Jesús es valernos, no estar sometidos, sino libres, vivir reorientados hacia la plenitud. Todo depende de una actitud de conversión para construir, edificar, sembrar. Jesús pide fe. La fe en Él crea un nuevo pueblo, recrea la existencia. Quien cree en Jesús, responde por sí mismo. Quien se identifique con Jesús, no sabrá lo que es morir. Todo llega a su plenitud con Jesús, el Mesías.

El capítulo IV es presentado como La Voz de Dios o el anuncio del Reino. La Voz, la Palabra, quedará concretada en el Nazareno como revelación de Dios y verdad del hombre. Lo desconocido se manifiesta, lo oculto se pone al descubierto, lo inalcanzable aparece como la realidad íntima del hombre. El Nazareno, Voz de Dios, pone al descubierto tanto a Dios como al hombre. Él será la más alta expresión de lo que es capaz Dios por el hombre; y también de lo que es capaz el hombre por Dios.

El capítulo toma de lleno las Bienaventuranzas como la misma realidad del Reino. La vida de Jesús fue una total bienaventuranza; son la expresión más alta de lo que Dios significa para la plenitud del hombre. El Reino nunca fue presentado por Jesús bajo el ropaje de una doctrina, sino como una constante oferta de vida. Dios no es algo de algunos, sino lo íntimo de toda la humanidad sin exclusiones de razas, sexos, pueblos o culturas. Las Bienaventuranzas, Jesús Mesías, son la definitiva alianza establecida entre Dios y los hombres que deciden libremente identificarse con su divinidad, como realidad constitutiva del hombre.

La Bienaventuranza ofrecida por Jesús no entiende de ambiciones y rivalidades que, ansiando el poder, crean el injusto orden de este mundo. La Bienaventuranza es una lucha permanente por implantar la paz y  la justicia, socavando los cimientos de quienes solo se tienen a sí mismos como horizonte. La Bienaventuranza ofrecida por Jesús se convierte en alianza definitiva entre Dios y los hombres. Ya no son necesarios los ritos y sacrificios, sino la pureza del corazón que crea la justicia y la paz.

Capítulo V, con su titular: El Corazón de Dios o la plenitud humana. Asoma la verdad más profunda y real de Dios y del hombre. Dios, conociendo al hombre por dentro, sabe que la verdad no está depositada en el legalismo, preceptualismo y ritualismo, sino en el interior de todo ser. El corazón como realidad interior del hombre, equivalente a hombre mismo. Jesús como Corazón de Dios, es dador de vida. Y el amor será la definitiva razón de ser de la propia existencia. Jesús quiere que todo hombre, por su identificación con Dios como hijo, sea también Corazón de Dios. El amor goza amando, y quien ama sabe quién es Dios. Y el amor no exige más culto que el amor, ni más templo que la humanidad misma. Con Jesús ya no hay individuos aislados sino comunidad. Sin comunidad no puede haber humanidad, no puede haber reino. Nadie ha sido excluido del corazón de Dios. En su corazón hay cabida para toda la humanidad.

Jesús surge como alguien absolutamente libre, no siendo su libertad un privilegio, sino un modo de ser, el único modo de ser. Fue el auténtico intérprete de Dios. Jesús rompe con la Ley. La fidelidad radica en el amor, no en el precepto. La única riqueza válida es la del corazón entregado. Dios quiere el amor mutuo. Mirar a la humanidad como si fuera un solo ser. Las instituciones se desmoronarán cuando se ponga el amor como fundamento, cuando se adore en espíritu y verdad. Quien ama pasa de la muerte a la vida.

Los capítulos VI-VII, recogen el drama personal de Jesús. La despedida y el escenario de las tinieblas, de Getsemaní al Gólgota. Y en el capítulo VIII asoma El escenario de la luz. La tumba vacía. Vive. El nuevo modo de ver. Las apariciones. Ahora, con la presencia del Resucitado, la humanidad debe ser testigo de lo que ha sucedido. El Espíritu permite conocer el verdadero rostro de Dios. No hay que esperar a otro. Jesús nos regala su nueva identidad: ser Él. Toda la humanidad, sin acepción de personas, raza, sexos, clases o lenguas, es depositaria de la voluntad divina: Que todos alcancen su plenitud”.

Es este un libro que nos lleva a conocer más al Jesús histórico, y nos adentra profundamente en el misterio de su amor salvador y libertador. No conozco el autor, León Deneb, pero le estoy infinitamente agradecida por trabajo tan impactante, agudo e incisivo. Es mi deseo que, la muestra del conocimiento de la figura de Jesús, sea la gracia que transfigure a este autor hasta el fin de sus días. Gracias de corazón, León Deneb.

                   Anna Seguí, ocd

 

 

 

 

 

 

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4 thoughts on “EL INTÉRPRETE

  1. maradudu 30 junio, 2017 / 8:02 am

    Es un libro extraordinario como dices. Lo he leído una vez y espero volver a leerlo.

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  2. MARÍA 2 julio, 2017 / 6:57 pm

    Muy interesante todo lo que cuentas, Anna… León Deneb es un pensador extraordinario de enorme profundidad: catedrático y doctor en teología y ciencias orientales, además de escritor. Supongo que, para el autor, Jesús “interpreta” el Antiguo Testamento y la ley judaica de manera propia y personalísima… Interpretación que no gusta a muchos (que traman y deciden su muerte), pero otros se hacen seguidores encontrando en Él un modo nuevo de entender la vida y de vivirla. El nuevo estilo resulta transformante y se convierte en paradigma que divide en dos la historia del mundo.

    (¡Ah!, Y además, el apellido del autor, Deneb corresponde a una preciosa estrella de nuestro cielo de verano, destacando su poderoso brillo en la constelación del Cisne…)

    Gracias por compartir el corazón de un libro excelente.

    Me gusta

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