EL SUSURRO DE DIOS

descarga “Surgió un profeta, como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido”. Elías es el profeta del silencio orante. Su nombre significa “mi Dios es Yahvé”. Pasión y fuego caracterizan el temperamento llameante y fogoso de este hombre de Dios. Profeta solitario del Carmelo. Hombre de alma libre, de fe sin fisuras, y un auténtico místico.

En el silencio de una cueva, esperar ansioso el paso del Señor: “No está en el viento el Señor. El Señor tampoco estaba en el terremoto. No estaba en el fuego el Señor. Después se oyó un susurro suave y delicado”. Elías percibe y adivina la presencia de Dios en el rumor silencioso y sutil del aire amoroso, no en las fuerzas violentas de la naturaleza, sino en lo imperceptible, en la tenue caricia de la brisa amable.

Todo contemplativo es amante de la escucha de la Palabra Dios, hecho este que no nos libra de sentir desalientos y miedos, propio de nuestra frágil humanidad, sensible y quebradiza. Como Elías.

Perseguido, en su fuga se adentró en el desierto. Allí, bajo una retama se deseó la muerte: “¡Basta ya, Yahvé! Quítame la vida”. Sintió que Dios le reconfortaba: “Levántate y come, porque el camino es superior a tus fuerzas. Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches”.

Las personas humanas de todos los tiempos, misioneros y orantes, pueden verse abocados a la más cruel incomprensión y desesperante situación. Solo la oración será fuerza consoladora y confianza segura para el hombre-mujer de Dios. Él aparece consolador, nos reconforta y nos recoloca, infundiéndonos fuerza y coraje para continuar nuestro peregrinar en la fe. Somos pueblo de profetas. Sembradores de nueva humanidad.

Anuncios

6 thoughts on “EL SUSURRO DE DIOS

  1. maradudu 20 julio, 2017 / 1:30 pm

    Estupenda aportación!!

    Me gusta

  2. Paola 20 julio, 2017 / 7:51 pm

    Felíz día de San Elías!!!

    Me gusta

  3. MARÍA 22 julio, 2017 / 6:14 pm

    Sí, Elías fue un gran profeta, apasionado, profeta de fuego, celoso de su Dios, al que suponía valedor de grandiosas teofanías…
    Pero crecería en humildad cuando, más allá de su celo impetuoso, el Divino Omnipotente se presentara ante él en aquella brisa suave y serena.
    Es decir, tantas pequeñas cosas de la vida, a menudo imperceptibles al profano, pero que resultarán siempre luminarias significativas para aquél que sabe mantenerse a la Escucha.
    Gracias Anna.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s