CANTAR DE LOS CANTARES

17219-montserrat-gudiol-eloisa-mannion                                                                          Anna Seguí Martí, ocd

Introducción                  

El sorprendente y atrevido escrito del Cantar de los Cantares es un libro de la Biblia, que forma parte de los llamados escritos o meguillot. Los cristianos, lo hemos insertado en los sapienciales. La fecha de composición y su autor son desconocidos, algunos lo datan hacia el siglo IV-III a.C. El libro es un claro canto al amor, su significado etimológico significa “El más bello de los cantares” y “El Cantar por excelencia”. Todo el texto está impregnado de palabras enamorantes, dichas con atrevida libertad, cosa que causa sorpresa dentro de la Biblia por su lenguaje erótico y sensual. Por doquier, sobresalen expresiones, poéticamente descritas, de la alegría y felicidad que el amor causa en la pareja que se ama, se desea y se posee en entrega ilusionada, fascinadora y atrayente. Es encantador percatarse que, la iniciativa para decirse el amor, lo mismo surge de él que de ella, este hecho causa asombro, sorprende esa libertad, porque no era lo habitual en la sociedad de aquel tiempo y hasta bien entrado el nuestro. 

El libro, al hablar claramente del amor humano y sexuado, provocó, en no pocas ocasiones, un fuerte rechazo; por lo que, a la interpretación literal se le dio un sentido del amor de Dios hacia el pueblo elegido –por parte de los judíos-, y del amor de Cristo a su Iglesia –por parte de los cristianos-. Justificando así que nada profano puede haber en la Biblia. Actualmente ya está bien integrado que el amor-sexualidad es un don de Dios bendecido por Él, y regalado a la humanidad para su felicidad y prosperidad.

Leamos este hermoso libro con mirada transparente, para hacer de él una lectura deleitable y conmovedora, inspiradora de bondad y gracia de Dios por sus regalos llenos de amor y vida bendecida. El amor, siempre se hace extensivo a los demás. 

El Libro

El Cantar de los Cantares describe con sublime excelsitud y poéticamente el amor, escenificado en la búsqueda enamorada y ansiosa de los amantes: “Que me bese con los besos de su boca/  Más dulces que el vino son tus caricias y deliciosos al olfato tus perfumes. Llévame en pos de ti: ¡Corramos!”. El amor, el enamoramiento, la atracción apasionada, polariza todo el escrito del Cantar, desde la primera palabra hasta la última, haciendo que el libro resulte encantador y seductor. “¡Qué gratas son tus caricias, hermanita, novia mía! ¡Son tus caricias más dulces que el vino, y más deliciosos tus perfumes que toda especia aromática!”. 

No hay expresión ni palabra que no vaya envuelta en bondad y belleza. Todo es hermoso en este relato, ágil y límpido en los decires amables, en los deseos de los abrazos, las ansias de los besos, la fascinación de las miradas, la finura de las caricias. Los amantes se buscan y se deleitan en ternuras envolventes de amor y pasión, fuego y deseo. Todo va en ansia y esperanza de encuentro, hasta poseerse en la excelsitud del amor. “¡Llévame pronto contigo! ¡Llévame, oh rey, a tus habitaciones!/ Dime, amor de mi vida, ¿dónde apacientas tus rebaños?/ Mi amado es para mí como el saquito de mirra que llevo siempre entre mis pechos”. “¡Qué hermosas son tus mejillas entre los pendientes! ¡Qué hermoso es tu cuello entre los collares de perlas!”, “¡Qué hermosa eres, amor mío, qué hermosa eres! ¡Tus ojos son dos palomas!/ Qué hermoso eres, amor mío, qué hermoso eres”. 

Búsqueda

La amada busca al amado con el ímpetu de su ardor juvenil. El novio la describe elogiándola, “Mi amada es, entre las mujeres, como una rosa entre los espinos”. Ella se recrea en la robustez joven y saludable de su amado, “Mi amado es, entre los hombres, como un manzano entre los árboles del bosque”. El amor adquiere una fuerza incontenible donde, deseo, posesión y compromiso se afianza y vincula. “Me llevó a la sala de banquetes y sus miradas para mí fueron de amor/ ¡Que ponga él su izquierda bajo mi cabeza y con su derecha me abrace!”.

“Al verte por la calle te besaría sin temor a las burlas”. La fuerza atractiva entre los amantes es de tal magnitud que, todo el Cantar de los Cantares, pone de manifiesto el don y la bondad del amor humano y sexuado entre los que se aman, como realidad sublime para expresarse el más profundo deseo del amor encarnado. Hacerse ambos, amado-amada, una sola carne, unidad fusionada y entregada, como deseo creacional y primero de Dios, “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él” (Gn 2,18). “Serán una sola carne” (Gn 2,24).

Decires amantes

El amor humano quiere y necesita ser manifestado y gozado, recreado y satisfecho, hasta la experiencia de una vinculante plenitud. No poner límite a las ternuras de los abrazos, las dulzuras de los besos, el placer de las caricias. El amor crea generosidad mutua y se regala alegremente, “¡Ya viene mi amado! ¡Ya escucho su voz! Viene saltando sobre los montes, viene saltando por las colinas”, “Mi amado me dijo: “Levántate, amor mío; anda, cariño, vamos/ deja que mire tu rostro, deja que escuche tu voz. Porque mirarte es grato, y escucharte, delicioso”. Darse, gozarse mutuamente, ofrecerse el uno al otro para todo gozo placentero, con la segura y tranquila libertad de que “vio Dios que era muy bueno” (Gn).

Lo que está en los amantes es de Dios, creación suya, voluntad divina, que invita a la felicidad, la saborea y la suspira, se quiere eternizar, necesita prolongarse en el proceso de la fidelidad, “les dio su bendición: “Tened muchos, muchos hijos; llenad el mundo y gobernadlo; dominad sobre los peces, las aves y todos los animales que se arrastran” (Gn 1,28). 

Libertad del Cantar

La libertad del Cantar de los Cantares atemoriza a no pocas personas afectadas por un exceso moralizante. Y es que, a lo largo de todo el poema, no hay pudor vergonzoso de una moral del pecado. Todo es hermoso y diáfano en el Cantar, sobresaliendo la transparencia sana y alegre del más puro amor querido por Dios. Amarse es la más segura voluntad de Dios, su deseo de felicidad y de bien para todas sus criaturas. El amor cumple el más alto deseo de bendición para la humanidad, posibilita la vuelta al jardín, lo recrea y engrandece. El amor es la siembra de la flor de la bondad misericordiosa de Dios, una terapia sanadora para nuestro ser frágil y herido. El amor nos infunde coraje para la lucha en el cotidiano vivir. “En mi cama, por las noches, busqué al amor de mi vida. Lo busqué y no lo encontré/ cuando encontré al amor de mi vida, lo tomé de la mano, y sin soltarlo lo llevé a las habitaciones de mi madre”.

Toda pareja humana puede pensar y vivir el amor desde el Cantar de los Cantares. Este relato suscita el deseo de bien para sublimar la relación haciéndola más amable y atractiva, hasta ayudar a una sexualidad fuerte y placentera, más saludable y enriquecedora, ennoblecedora de humanidad, donde la bondad y la ternura lo envuelve todo y lo recrea todo. Así, el amor nos lleva a ser mejores con los demás, regalando lo más y mejor de nosotros mismos, movidos por la bondad que nos invade. El amor nos hace regalones. “¡Qué hermosa eres, amor mío! ¡Qué hermosa eres! Tus ojos son dos palomas escondidas tras tu velo; tus cabellos son como cabritos que retozan por los montes de Galaad/ Tus labios son rojos como hilos de escarlata, y encantadoras tus palabras/ ¡Tú eres hermosa, amor mío; hermosa de pies a cabeza! ¡En ti no hay defecto alguno!/ Baja conmigo del Líbano, novia mía; baja conmigo del Líbano”. 

Vigilancia 

Y en el amor de la pareja, surge la lucha por mantener la fidelidad ante las amenazas devastadoras –envidias y celos- que ponen en peligro el proceso constructor que realizan los amantes, en compromiso de vida. Siempre es menester la alerta vigilante. Todo conlleva una lucha, una labor, una decidida voluntad de edificar nuestra libertad, nuestra humanidad personal y comunitaria, para que el mundo sea el jardín deseado por Dios, y no devastarlo. “Cazadnos las raposas”, no turben nuestra atención interior, no destruyan el trabajo realizado en nuestra viña bien cultivada. “Trigo y cizaña crecen juntos”. No dejemos entrar la pereza, solo hay ganancia en el trabajo esforzado, cultivar con empeño decidido nuestro jardín. “Tú, hermanita, novia mía, eres jardín cerrado, cerrada fuente, sellado manantial; jardín donde brotan los granados de frutos exquisitos; jardín donde hay flores de alheña, y hay nardos y azafrán, caña aromática y canela, toda clase de árboles de incienso, y mirra y áloe; ¡todas las mejores especias aromáticas!

Y la alerta hacia quienes envidian la felicidad y fidelidad de los amantes. Los que, por su maldad de corazón no son felices, y buscan destruir la dichosa armonía de los que lo son. La envidia corroe el alma, es destructora de humanidad. El amor es puesto a prueba, la fidelidad también. Hay que tener claro por qué se quiere luchar, qué se quiere edificar, qué mantener y hacer perdurar. “Viento del norte, ¡despierta! Viento del sur, ¡ven acá! ¡Soplad en mi jardín y esparcid su perfume!/ Ven, amado mío, a tu jardín, y come de sus frutos exquisitos. “Ya he entrado en mi jardín, hermanita, novia mía. Ya he tomado mi mirra y mis perfumes, ya he probado la miel de mi panal, ya he bebido mi vino y mi leche”.

Llamadas y huidas, silencio y ausencia, “¿A dónde se ha ido tu amado, hermosa entre las hermosas? ¿A dónde se ha dirigido?”. Vigilancia ante toda realidad maligna que quiere destruir el amor, que busca ensombrecer la dicha de los amantes. Porque, no siempre hay corresponsabilidad entre los amantes. En la búsqueda y el reclamo, se experimenta también la soledad y el vacío. La condición humana es limitada, no llega a todo ni lo abarca todo. Sin embargo, vacíos, ausencias, soledad y silencio, distracciones, olvidos, no ha de ser tanto desencanto, como posibilidad de ir más adentro, un caer el alma en la cuenta que, siempre se nos da una posibilidad de ir más adentro, donde se dilata el ser, el ver, entender, comprender y atender. Porque, el amor, amarse los amados, es una realidad en crecimiento, un aprendizaje a ser persona en plenitud, una construcción de vida y de persona. Descubrir la alegría que lleva en sí este recorrer el amor hacia nuevos encuentros, hacia el disfrute de la plenitud humana. “Yo dormía, pero no mi corazón. Y oí que mi amado llamaba a la puerta: “¡Ábreme, amor mío; hermanita, paloma mía mi amada”. “Mi amado metió la mano por una rendija de la puerta. ¡Eso me conmovió profundamente! Entonces me levanté para abrir a mi amado/ ¡Al oírle hablar sentí que me moría! “Abrí la puerta a mi amado, pero él ya no estaba allí. Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no me respondió”.

Lo que nos hiere es nuestra propia estrechez interior y mental, llamada también a ser dilatada. El vivir entretenidos en la conformidad e ir tirando sin comprometernos en nada, sin atender a la llamada al reclamo del amor, que es compromiso con la vida misma, pulirla, engrandecerla, fecundarla, hacerla más agradablemente vivible. Olvidar este reto y tarea de construir el amor, nos destruye como personas, nos merma e insatisface, nos hiere y nos hace desgraciados. “Me encontraron los guardias que hacen la ronda de la ciudad, y me pegaron y me hirieron. ¡Los que cuidan la entrada de la ciudad me arrancaron el velo con violencia!”. 

Fuente de vida

El amor es la fuente de la creación nueva, pone al descubierto la caducidad de lo viejo, y hace brotar la savia nueva con vigorosa lozanía. El amor es siempre nuevo, por eso no cansa, sino que nos produce agrado y asombrosa alegría. El amor delata la vieja ley, las ataduras de mentalidades estancadas, limitadas y limitadoras para los demás. El amor rompe la estrechez, es atrevido abriendo horizontes nuevos y amplios, “Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (2Co 5,17). Así, el amor vuelve a dar sabor, frescura y vigor a los amantes. Los deseos y la dicha de las caricias entre ellos vuelven a florecer. Nuevos Cantares se recitan y realizan con deleitable alegría. “Me robaste el corazón, hermanita, novia mía; me robaste el corazón con una mirada tuya, con un hilo de tu collar”.

El amor se hace canto universal, porque pertenece a la esencia del ser humano, que le hace persona comunicadora de bienes y transmisora de felicidad. Y el amor se muestra y experimenta invencible, “Yo soy como una muralla, y mis pechos como torres. Por eso, a los ojos de él, ya he encontrado la felicidad”. El amor no es avasallador, sino delicado, sensible, es cercanía y proceso finísimo, sutil, atractivo, hasta ser entrega y regalo entre los amantes, saludable y alegre competencia de ternuras. “Mi amado es trigueño claro, inconfundible entre miles de hombres/ Sus labios son rosas por las que ruedan gotitas de mirra/ su aspecto es distinguido/ su paladar es dulcísimo/ ¡Todo él es un encanto!/ Así es mi amado, así es el amor mío”. 

Jardín del deleite

Si el pueblo judío supo ver en el Cantar de los Cantares el amor de Dios por sus elegidos, los cristianos sabemos ver y reconocer a Jesús, el Cristo, como el Amante sacrificado por amor a la humanidad, su amada. Resucitado también como esposo nuevo, que nos sitúa y adentra en el jardín de la redención, deleite de la vida sin fin junto a Dios, “Yo soy de mi amado y él es mío”. Cristo nos presenta al Padre como la humanidad amada, esposa redimida, humanada-divinizada por el Amado, que le ha dado su mismo ser y nos da su identidad. El desposorio es la fase última que nos hace herederos del cielo nuevo y la tierra nueva, Cantar de los Cantares de la dichosa y ansiada felicidad de la amada-humanidad, “Tú, amor mío, eres hermosa y encantadora”. Todo se ha de andar en este amor. Y el amor, hecho enamoramiento, se expresa en generosidad dadivosa de bienes, regaladora de justicia, paz y libertad. “¿Quién es esta que se asoma como el sol en la mañana? Es hermosa como la luna, radiante como el sol, ¡irresistible!”.

La mentalidad nueva del amor no es hacedora de leyes que limitan y condicionan, atan y estrechan, cierran caminos y asfixian la vida. La mentalidad nueva de los amantes, pone prontitud para abrir caminos y avanzar, es pura generosidad para facilitar bienestar y cuidado para todos, proporciona apertura y es enriquecedora de humanidad, “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). “¡Qué hermosos son tus pies en las sandalias, princesa!/ Tus pechos son dos gacelas, dos gacelas mellizas. Tu cuello es una torre de marfil; tus ojos son dos estanques”. Avanzar, arriesgar, es abrir camino hacia lo desconocido, adentrarse con coraje en lo inexplorado y descubrir lo inesperado, acogiendo lo que, por misterioso, nos llama a sondear su secreto y desvelar lo que hay de Dios en todas las cosas. El amor clava los ojos en lo profundo de todas las cosas, sabe captar lo que contiene de bondad y belleza de Dios en cada cosa y persona. Nada es superficial en el Cantar de los Cantares. Es el Canto más hermoso que dice, con anchura sin límites, la más bella expresión del amor, y que nos confirma que solo el amor es digno de ser vivido, dando sentido a la vida. Es el amor y no la muerte, lo que perdurará en el encuentro definitivo con el Amado, junto a Dios. “Tus pechos son dos gacelas, dos gacelas mellizas/ Amor mío, mujer encantadora, ¡qué bella, qué hermosa eres!/ Yo soy de mi amado: los impulsos de su amor lo atraen a mí. ¡Anda, amado mío, vayamos al campo! Pasaremos la noche entre flores de alheña/ ¡Allí te daré mi amor!/ ¡Que ponga él su izquierda bajo mi cabeza, y con su derecha me abrace!/ El amor es inquebrantable como la muerte; la pasión, inflexible como el sepulcro. ¡El fuego ardiente del amor es una llama divina! El agua de todos los mares no podría apagar el amor”, “¡Déjame oír tu voz, oh reina de los jardines! ¡Nuestros amigos esperan escucharla!”, “¡Corre, amado mío, corre como un corzo, como el hijo de una gacela, sobre los montes llenos de aromas!”. 

Conclusión 

Estos poemas del Cantar de los Cantares son los más recomendables para ser leídos en las bodas y en las exequias. Porque Dios-Cristo nos ama, bendice el amor de los enamorados con su fuego pasional y fiel hacia nosotros. Él es el amante ejemplar que nos descubre el secreto de una felicidad y fidelidad hasta el fin de nuestros días, hasta prolongarlo en la eternidad. En el Cantar de los Cantares, Dios-Cristo, se ha casado con la humanidad y le hace permanentemente el amor. “Llévame contigo, amor de mi alma, ven a mí, mi amado es mío y yo soy suya/ Date prisa amor mío”.

 

6 respuestas a “CANTAR DE LOS CANTARES

  1. Anónimo 15 septiembre, 2017 / 8:22 am

    Cantar de los Cantares 8,10b: «Yo seré para él embajadora de paz».

    Es muy bonito este comentario al Cantar que has hecho. ¡Enhorabuena!

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    • Anna Seguí ocd 15 septiembre, 2017 / 9:22 am

      Muchas gracias por tu valoración. Sea tu vida la belleza del Cantar de los Cantares.

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  2. Anónimo 23 septiembre, 2017 / 4:10 pm

    Me encanta, pero me falta la segunda parte: ORAR ENAMORADOS DE DIOS

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    • Anna Seguí ocd 23 septiembre, 2017 / 6:27 pm

      Entonces hay que recurrir a este otro escrito que lo complementa: Orar enamorados de Dios. Está muy bien esta observación, gracias.

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  3. Angelines 21 julio, 2018 / 10:30 pm

    Muchas gracias por este comentario tan hermoso y de tanta sensibilidad. Efectivamente no hay nada superficial en este hermoso texto. Todo nos habla del Dios del Amor, el Dios que celebra la vida, la belleza, la bondad… Todo es hermoso en el amor de los amantes. Todo lo ha hecho bien Dios. Gracias por ayudarnos a mirar el amor de la pareja con deleite y alegria. El ser humano y la humanidad entera necesitamos amor y ternura. Es lo que nos puede curar. Y este amor humano nos habla del amor De Dios. Solo así le podemos entender. Estamos hechos para el Amor. Gracias y un abrazo

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    • Anna Seguí ocd 21 julio, 2018 / 11:01 pm

      Gracias a ti por tus palabras. Que goces con la bondad y belleza del Cantar de los Cantares. El más bello cantar es el más bello y deleitable amar.

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