LIBRE EN TI

aves2Jesús: Tú estás en mí haciéndome comprender que, este tiempo y este momento, contiene en sí toda la eternidad. El más allá está en este acá, lo envuelve y sostiene. Todo está contenido en una existencia sin fin. “En Dios vivimos, existimos y nos movemos” (Hch 17,28).

Mi realidad humana aspira a la divina -encarnación y espíritu se aman-, en cuanto es prolongación y plenitud de lo que soy en mi ser real y carnal, espiritual y humano, de este ahora abierto a aquel mañana. “En la casa de mi Padre hay muchas estancias donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar” (Jn 14,2).

La realidad nueva de mi ser no es algo extraño a mi comprender, aunque aquí y ahora, comprenda solo en parte y de forma limitada. Pero lo comprendido es ya realidad de lo que se está realizando en mí, en lo escondido y a oscuras, pero en fe segura y esperanza confiada que “alcanza cuanto espera” (Juan de la Cruz). 

Dios que nos ha creado, nos sigue recreando en Ti, Cristo Jesús, hasta ser contigo todo en Dios. Somos ya, vamos siendo y seremos, en anchura plena, aquello que nos hace ser felices, que nos alegra y nos regala gozo, que nos hace ser amor y júbilo, libertad sin límite, autónomos, y fraternos. Soy, somos, AMOR Y COMUNIÓN, SERVICIO Y FIESTA. “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios” (1Cor 3,23).

Ningún poder humano, y menos religioso, puede poner freno y límite a nuestra realidad que aspira infinitud. Nada ni nadie debe subordinarnos ni cortar nuestro camino de crecimiento personal a la libertad, al amor, a la felicidad. Cada uno es dueño y señor de una autonomía propia y libertad sin límites, es menester pensar por nosotros mismos para afirmar esa realidad. Solo Dios es el Señor. “No os hagáis llamar maestros, porque vuestro único maestro es Cristo” (Mt 23,10).

Creer en Ti, Cristo-Jesús, es salir de los límites que los sistemas de poder, con sus leyes y cláusulas, subordinan y someten. No es del Evangelio una ley que discrimina a las mujeres dentro de la Iglesia. Estamos llamadas a salir de esta atadura, a romper el yugo y conquistar la libertad con que fuimos creadas. Todo depende de una decidida actitud: Salir, romper los límites, abrir camino. “Libres quiere Dios a sus esposas, asidas a solo Él” (Sta. Teresa).

En tu Nombre, Cristo libertador, las mujeres no somos menos que los hombres, sino en igualdad de condiciones y derechos. La discriminación de la mujer en la Iglesia es fruto del pecado de la ley, “La ley se añadió para que aumentase el pecado” (Ro 5,20), en detrimento del Evangelio, y en contra de la voluntad divina con que fuimos creadas. “Hombre y mujer los creó y les dio su bendición” (Gn 1,27).

Hoy, y en Ti, en tu amor y libertad, ya no tengo resentimiento de lo que hacen con nosotras. Todo lo he perdonado, aunque nadie, dentro del sistema eclesial, haya pedido perdón a las mujeres. Pero tampoco lo puedo callar, segura de que, toda mujer, dentro de la Iglesia, debe comenzar un camino de liberación personal y comunitaria, hacia la igualdad con los varones. No como una cuestión de sexo, sino como humanidad resucitada y liberada. Hijas de Dios, libres y redimidas por el Resucitado, ninguna ley -elaborada por solo varones- nos debe poner condiciones y establecer leyes subordinantes, condicionar nuestra realidad de hijas y señoras del mensaje resurreccional. “Parece atrevimiento pensar yo he de ser alguna parte para alcanzar esto/ Pues no sois Vos, Criador mío, desagradecido para que piense yo daréis menos de lo que os suplican, sino mucho más; ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andábais por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres/ que no hagamos cosa que valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa; no lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia que sois justo juez y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Adán, y, en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa/ Veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres. Cuando os pidiéremos honras, no nos oigáis, Señor mío, o dineros, o cosa que sepa a mundo; mas para honra de vuestro Hijo, ¿por qué no habéis de oír, Padre Eterno, a quien perdería mil honras y mil vidas por Vos?”  (CE 4,1).

Nuestra libertad eres Tú, Cristo Jesús, nuestra razón de ser Tú, nuestro servicio el Evangelio, realizando las Bienaventuranzas del Reino. Salir de todos los sistemas faraónicos, caminar la libertad, anunciando el mensaje que nos fue dado: “María… Rabboni”/ “Ve y dile a mis hermanos…” (Jn 20,17). Hermanos, una sola cosa es importante: Una vida para el Evangelio. Sin pretensiones de dominio ni títulos, que “Todos sois hermanos y uno solo es vuestro Maestro” (Mt 23,8), nosotros todos, simples obreros de la viña. 

Ser y hacer Iglesia como mujeres, va más allá de leyes y templos. A la intemperie de la vida, en el centro de las naciones y en medio de la humanidad, ser presencia y sacramento. Con nuestro sacerdocio real, ser hacedoras de eucaristía, repartir nuestro pan y comulgar con todas las gentes, hijos e hijas de Dios, sin problemas de credos diferentes, y sin confusión de identidades. Abrazarnos a la comunión fraterna de hijos amados y liberados, no esclavos. Alimentar la vida que no muere, hasta morir para más vivir. “Dadles vosotros de comer” (Lc 913). Todo depende de nuestra realización eucarística: Lo que somos y tenemos, repartirlo.

Jesús, Amor de todo amor, amor mío sin fin, contigo hasta la cruz, hasta la resurrección. Fundida y transfigurada en Ti, nada me hace temer. “Dejaros toda en Dios, venga lo que viniere. ¿Qué va en que muramos? ” (C 11,5). “Juntos andemos, Señor; por donde fuereis, tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar” (C 26,6).

 

11 respuestas a “LIBRE EN TI

    • mdamat 18 noviembre, 2017 / 9:54 pm

      Penso que les dones tenim alguna qualitat especial. El Senyor en l’evangeli mostra estima i confiança en elles. Es revela a Marta «Jo sóc la resurrecció i la vida…Ho creus…». Elles són les primeres en conèixer el triomf de la Resurrecció… Ens adonem que des de l’anunci de l’àngel a Maria, hi ha un seguiment i entrega generosa en l’acolliment de Jesús per part de les dones. En la meva reflexió tinc present el perfil de dona assenyada. L’acollida, l’amor incondicional, la fidelitat i la capacitat de resistència en el dolor, són valors arrelats en el ser i en el fer d’una dona emocionalment sana.

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  1. Montse de la Cruz 17 noviembre, 2017 / 1:15 pm

    ….se me fue el comentario sin terminar, decía que creo que estamos a medio camino, porque la plenitud de nuestra vocación cristiana, es SER plenamente aquello que ya somos:

    «Yo y el Padre somos uno. Sed uno como el Padre y yo somos uno»

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  2. Pizpireta 17 noviembre, 2017 / 7:27 pm

    Totalmente de acuerdo contigo. Libres en el amor, iguales en dignidad, también en la Iglesia.

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  3. Maria Romero 13 diciembre, 2017 / 2:15 pm

    Totalmente de acuerdo con usted.Muchas gracias.

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