EN MEMORIA DE JOAN CARLES ELVIRA, OSB

IMG-20171121-WA0002“Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”  (Sal 16).

Queridísima Mara: ¡Qué agradecida estoy por comunicarme tan rápidamente el “adiós” terreno de nuestro querido amigo Joan Carles! La noticia me ha afectado mucho porque no lo esperaba y con todo, dada su enfermedad, creo que es una gracia que Dios lo haya acogido en su descaso eterno. Joan Carles decía que el cielo no es un lugar concreto y añadía: “el cel és Déu mateix”, (“el cielo es Dios mismo”). Y en Él le sé en la feliz Pascua. Al fin, como buen monje, él siempre vivía inmerso en Dios, expresado en el amor y generoso servicio a los hermanos.

Te escribo, Mara, porque ahora me brotan los recuerdos de lo que fue nuestra relación de amistad. Fuimos tan amigos, tuvimos tantas conversaciones profundas, tantos momentos de intimidad confesional. Desnuda el alma ante Dios, nos confesábamos mutuamente hasta sentirnos envueltos, perdonados y amados en Dios. Nos quisimos de verdad y nos sentimos atraídos por este “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación”, que nos ponía en camino y búsqueda. Jesús y su Evangelio era nuestro centro, queríamos ser fieles a al seguimiento de Cristo y nos adentramos en Él por la oración continua. Orábamos juntos, a veces le pedía que cantáramos el salmo 62; su voz melodiosa y segura me llenaba de gozo y me hacía saborear la belleza de mi salmo favorito. Poníamos atención a lo interior donde Él mora y habla. Por entonces todavía éramos jóvenes y nos hervía la sangre anhelando hacer y conocer muchas cosas también. Y con todo, fuimos fieles a la relación orante con el Amigo Amado y cada uno nos dejamos seducir por este Jesús que, con paso de los años, a mí me llevó al Carmelo y a él al monasterio de Monserrat, para ser un buen benedictino, lo fue en verdad y ahora lo es en plenitud.

Mucho te he hablado de Joan Carles, querida Mara y en este momento estoy reviviendo, casi llorosa, nuestro pasado. Nos conocimos en el monasterio de Benedictinas de Sant Pere (Barcelona). Lo vi por vez primera orando en la capilla. Me conmovió ver aquel joven de semblante sereno, orando interiorizado, me pareció guapo también y pensé: “Este chico podría ser monje benedictino”. ¡Tantas veces se lo fui diciendo a lo largo de la vida! Nos presentaron y surgió una amistad que iba a durar para siempre.

Joan Carles era muy inteligente, un intelectual cultísimo, de un calado interior que casi no le salían las palabras para expresarse por la densidad de su pensamiento y contenido. Era de hermosa presencia, prudente, discreto, elegante y fino, más bien serio, tímido y en exceso callado, pero cuando sonreía, se le transformaba el semblante con una alegría cautivadora. Era un pensador y un creyente de gran profundidad. Sabía combinar bien oración, trabajo, pensamiento y estudio, supo conjugar esa mezcla con armonía y cuidado y esto le enriquecía sobremanera, enriqueciendo con ello a los demás.

Salamaca 2009Tras un tiempo de experiencia en la comunidad contemplativa mixta del Mas Blanc, al no hallar allí su centro, lo dejó y se fue a Alemania a estudiar filosofía, se doctoró en la especialidad de ética. Tras los estudios, ejerció de profesor de instituto y universidad. Siendo de familia acomodada, jamás mencionaba esto, porque era un hombre sencillo y humilde que le gustaba pasar desapercibido. Alma generosa y entregada a los demás, presto para la escucha y el apoyo humano. Fue presidente de la SEM, maestro de novicios, suprior y prior de la comunidad.

Cuando yo estaba en Civis, en el alto Pirineo, junto a Andorra, pasando un año de soledad y escucha interior, para discernir qué quería Dios de mí, en una ocasión subió, con algunos más de la comunidad del Mas Blanc, a pasar un fin de semana, él se quedó y prolongó la estancia durante quince días. Hicimos largas excursiones por la montaña y hablamos mucho de nosotros, de mi experiencia en aquel lugar de silencio, de mis largas soledades, de las relaciones que entablé con la gente del diminuto pueblo de Civis, solo había 28 habitantes, (Gente sencilla que vivía de sus rebaños). Pastores últimos, en los que descubrí unas soledades mordientes, cuando pasaban meses por la montaña solos con sus vacas y ovejas; sus refugios eran diminutas casitas de piedra, toscas y frías. Impresionante fue conocer a estos hombres que se relacionaban más con los animales que con las personas. Me vino a la mente aquellas palabras de Jesús cuando dice: “Yo soy el buen pastor/conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas” (Jn 10). Aquellos pastores conocían bien sus ovejas y vacas, se relacionaban con ellas en las escondidas soledades de las montañas, solos y a solas con los animales, lejos de la sociedad y de la compañía de las gentes.

Joan Carles y yo nos abríamos el alma, apalabrando nuestras luchas interiores, sufrimientos penosos, la búsqueda de Dios. Lo inconfesable iba quedaba transparentado, confesado y acogido en el amor de Dios. Yo le veía una bondad y limpieza de alma que me sobrecogía. Aquel joven me sorprendía porque, siendo tan serio y reservado, abrirse conmigo le aliviaba, tal vez porque todo se lo acogía con respeto amoroso y naturalidad. Nos mirábamos guardando silencio también y cuando ya era todo denso en exceso, yo le sorprendía con mi natural espontaneidad diciendo: ¡Dame un abrazo fuerte de hombre guapo, inteligente y bueno! Me lo daba, sí, muy divertido conmigo por eso.

Recuerdo una simpática anécdota que suelo contar cuando hablo de él y que tú ya conoces, pero la traigo a colación. Con el grupo que vino, fuimos de excursión a  Lluçà y Confleny, lugares alejados del pueblo a tres horas de camino por las montañas. En aquel lugar estaban las casitas de los pastores y los prados donde apacentaban los rebaños. Era muy bello el paraje. Comimos allí, nos dimos un descanso y al tener que regresar, Joan Carles dijo que él iba solo montaña a través, yo le dije que quería ir con él, entonces me miró y me dijo: Sí, te dejo venir conmigo, pero con una condición. Yo le dije: ¿qué? Contestó: que tienes que ir callada todo el camino. Todos se carcajearon y yo acepté muy decididamente el reto. Nos adentramos montaña arriba, subir una, bajar otra, vuelta a subir, otra vez bajar. Cuando de pronto, en una cumbre y gran explanada, nos encontramos con el ganado reunido de todos los pueblecitos de las montañas. Nos miramos sin decirnos nada; yo más atrevida, empecé a caminar metiéndonos entre las vacas, él detrás de mí, hombre de ciudad, más cauto y temeroso. Los animales nos miraban, alguna con mala cara, pero no pasó nada. Fue larga la caminata, llegamos mucho más tarde que el grupo que había ido por el camino. La experiencia de aquella aventura fue muy hermosa porque los paisajes y compañía mutua también lo eran. Al llegar me lo miré triunfante por el absoluto silencio mantenido, logré que no se me escapara ni una palabra, me sonreía, estábamos felices.

Cuando yo entré al Carmelo, él no dejó de venir a verme a lo largo de los años, fue fiel a la amistad y mantuvimos la confianza de siempre. Me contaba de sus enamoramientos, pero yo mantuve la esperanza de que un día fuera monje y se lo decía; no siempre me lo escuchaba con agrado, sin embargo, era tanta la confianza que me lo soportaba bien. Y la dicha llegó el año 1996. Me llamó un día por teléfono y me dijo que iba a venir a verme porque tenía que darme una noticia. Mi intuición no falló, pensé: Se va de monje a Montserrat. Sí, era esto, cuando me lo dijo me emocioné y nos dimos un gran abrazo, me sentí feliz, él también lo estaba; me comprometí a orar mucho para que fuera fiel a esta llamada de Dios y así lo he hecho siempre.

Entró en la abadía benedictina de Montserrat el 21 de diciembre de 1996, tenía 40 años, y allí ha permanecido hasta su muerte. Todavía siendo monje, aprovechando algún viaje por las tierras valencianas, venía a verme, esto se lo agradecía de corazón, también mi comunidad que vivió con alegría este acontecimiento vocacional tardío. Nos encontramos varias veces en las semanas de estudios monásticos (SEM) en Salamanca. Sus últimos años han sido muy tristes debido a una extraña enfermedad degenerativa, que lo fue despojando de todo, hasta el enajenamiento total. A todos nos conmocinó su pronta decadencia y acelerado final, que ha sido una manifestación del amor misericordioso de Dios.  Descanse en paz. “Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”.

Y nada más, querida Mara, tenía necesidad de contarte esta historia de amistad con un hombre de Dios, que ahora echo de menos, con un sentimiento de pena y alegría a la vez. Demos gracias a Dios por su vida y por su muerte, por la amistad fiel. Y que él nos ayude desde Dios a seguir nuestro peregrinar en la fe. Con amor y comunión. Nura

 

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13 respuestas a “EN MEMORIA DE JOAN CARLES ELVIRA, OSB

  1. Alberto orero veintimilla 5 diciembre, 2017 / 12:55 am

    Sent molt la mort de Joan Carles. Pel que dius pagá la pena haver-lo conegut i gaudit de la seua amistat. Que des del cel “el cel és Déu mateix” ens acompanye i si cal ens oriente i cuide en el nostre caminar. Bon advent Anna. Segueix pregant. Gràcies.

    ________________________________

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    • Anna Seguí ocd 5 diciembre, 2017 / 11:24 am

      Gracias, Alberto, por tu comentario y cercanía en este “adiós” terreno de mi buen amigo monje, Joan Carles Elvira. Fue un encanto tenerlo por amigo. Ahora le sé más cerca y segura compañía.

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  2. mdamat 7 diciembre, 2017 / 8:22 pm

    Gràcies, Anna, per compartir aquesta vivència inoblidable! L’amistat incondicional i sincera ens mena al trobament amb Jesús, Amb el traspàs d’en Joan Carles afloren records entranyables de la seva amistat i acompanyament. Aquestes vivències ens fan creure profundament en la Comunió dels Sants.

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    • Anna Seguí ocd 8 diciembre, 2017 / 11:02 am

      la figura de Joan Carles era tan preciosa que per sempre ens queda la seva amable presència enmig nostre. Ens és amable el seu record.

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  3. Montse de la Cruz 8 diciembre, 2017 / 6:39 pm

    Gracias Anna por “narrar” tu amistad con Joan Carles, todo lo que compartes, según mi criterio, tiene mucha “calidad” evangélica, en cuanto a la relación con Dios y con los demás, creo que, hemos racionalizado nuestras relaciones y nuestra formación, y la realidad del “Pequeño colegio de Cristo” pide siempre un clima humano y acogedor, ¡Gracias!

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    • Anna Seguí ocd 8 diciembre, 2017 / 7:55 pm

      Gracias a ti, querida Montserrat, por tu fraternal comentario. Mi intento, desde que comencé a escribir este blog, es que asomara el paso de Dios en mi vida, la realidad de la transformación del ser que, sin duda alguna, donde más se pone de manifiesto es en las relaciones humanas. Fraternizar la convivencia será fuente de felicidad, de agrado a Dios y de bien para los hermanos, gozo de nuestro seguimiento de Cristo y vivir el Evangelio.

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  4. José Martínez Rivera 31 diciembre, 2017 / 8:33 pm

    Es un bello testimonio de amistad plena, abierta y profunda. Anna, publícalo por favor más, que a muchos les conviene saber que este tipo de amistad existe.

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    • Anna Seguí ocd 1 enero, 2018 / 10:57 am

      Sí, fue una amistad profunda, transparente, alegre. Traíamos empeño en la búsqueda de nuestra identidad como creyentes. Dios. Jesús y su Evangelio, estaban en el centro de nuestra vida. Nos queríamos de verdad, nos supimos respetar con gozosa delicadeza

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      • José Martínez Rivera 1 enero, 2018 / 12:59 pm

        Habla mucho y bien de la delicadeza de vuestras almas y de la sinceridad con la que buscabais ser vosotros mismos, encontrar vuestros caminos con Dios y Jesucristo en el centro con la certeza de que el Espíritu terminaría por “picotear” (me ha salido así y así lo dejo) cada una de vuestras vidas. Te repito, Anna, y te suplico que publiques este testimonio: que se sepa que eso existe y puede existir. Una vez más, gracias.

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      • Anna Seguí ocd 1 enero, 2018 / 1:32 pm

        Una vez publicado en mi blog, ya creo que ofrece el testimonio que tú dices, no sé qué más hacer. Mi blog es el paso de Dios por mi vida, en él voy reflejando su obrar gracia misericordiosa.

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      • José Martínez Rivera 1 enero, 2018 / 6:33 pm

        No me importa decirte que “te guardo”, me haces mucho bien. AMDG

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      • Anna Seguí ocd 1 enero, 2018 / 7:45 pm

        Pues, muchas gracias por esta “guarda” del corazón, en ella me quedo bien cobijada. La oración es guardarnos y alentarnos mutuamente unos a otros en Dios. Cuenta tú con mi oración también.

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  5. Vanesa 2 marzo, 2018 / 10:50 pm

    Hola Ann@,
    Yo tuve el placer de conocer también a Joan Carles Elvira y lo cierto es que me encantaría conocerte y tener una charla contigo. No sé si eso sería posible…

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