MARÍA DEL ADVIENTO

images (53)Como en María, Dios vive agradado en todas sus criaturas.

Introducción
El Adviento es el tiempo mariano por excelencia. María es la mujer de la atención amorosa, de la espera paciente, de la fe confiada, del amor materno, de la esperanza alegre. María la madre de Jesús, la mujer sencilla de pueblo, de Nazaret, que, ante el misterio que la envuelve y la sorprende, se proclama la sencilla, la humilde y disponible para el Señor, con actitud abierta y ofrecida, para que Dios halle en ella tierra cultivable donde se pueda sembrar y hacer germinar la Palabra, el Verbo en la carne. María es todo lo que se ha dejado hacer por Dios. Ella ha sabido estar donde está el amor: Jesús, donde está el hijo está la madre.

María tierra cultivable
María surge de lo pequeño y despreciable, de la Galilea de los gentiles de donde nada bueno podía salir. Lugar indigno para los ortodoxos de la religión, y lejano del centro neurálgico de la religiosidad judía, Jerusalén y su Templo. Ella forma parte del grupo de los anawim, los marginados y pobres de Yahvé, aquellos que vivían en espíritu y verdad, teniendo puesta su confianza en solo Dios y esperándolo todo de Él.

En ella, Dios siembra la promesa dada a su pueblo Israel, promesa esperada por siglos y generaciones y anunciada por los profetas. María tierra cultivada por Dios, cuyo fruto será Jesús, el Hijo de Dios, fruto bendito del vientre de María, Dios en la carne con nombre humano: Emmanuel, Dios con nosotros y para nosotros.

Dios, al poner los ojos en María, como la elegida para ser la madre de Jesús, se ha fijado en aquellos dones personales que hacen posible un proceso de sana y liberadora humanización: la fe, la sencillez y la humildad. Casi cien años después, Pablo dirá: «Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es» (1Co 1,27). Dios se ha dejado seducir por aquella jovencita hebrea, por el encanto de su natural y humilde acogida, y por el sí decidido y jovial para hacer su voluntad.

En María, Dios parte de lo muy sencillo, de la dócil y pronta disponibilidad de la mujer que, ante el asombro del anuncio, se abre en acogida incondicional al plan de Dios en ella, y que lo será para toda la humanidad. En María Dios vive agradado, como agradado vive en todos sus hijos. Es nuestra profundización en la fe la que nos hará entender, progresivamente, este agrado de Dios en nosotros sus hijos, cuanto nos agracia su presencia que nos vive desde dentro, hechos para la comunión con Él. Y María es el modelo realizado de la gracia salvadora para toda la creación, humanidad y naturaleza.

El sí de María
El sí de María es proclamado con turbación y asombro porque se siente sobrepasada ante lo que le acontece: «He aquí la esclava del Señor, ¡hágase!» (Lc 1,26). Solo Dios es el amo y Señor de la mujer nueva, como signo de la libertad humana. La Encarnación es la llave que abre la historia de la novedad de vida, la novedad es Jesús hecho hombre, Dios se abajó y puso morada viviendo entre nosotros. Abajarse Dios es ponerse de oferta, hacerse accesible, palpable.

Desde la misma creación, la mujer está en la mente de Dios y creada, al igual que el hombre, como imagen y semejanza. Hombre y mujer fueron creados para amarse y complementarse. Hombre y mujer son proyecto de Dios, con un plan y responsabilidad común a realizar: «Creced y multiplicaos, dominad la tierra y hacedla fecunda» (Gn 1,28). Dios ha puesto los cimientos sobre los que el ser humano, hombre y mujer, deben edificar el plan que, en Jesús, se llama Reino de Dios y su Justicia. Hombre y mujer los creó, nada sin la colaboración mutua, y nunca el uno subyugando a la otra. Todo entra dentro del plan de la colaboración y ayuda entre la humanidad y Dios. Y Dios, dejará todo en las manos del ser creado, para que prosiga el trabajo creacional, llevándolo a plenitud, es nuestra tarea y responsabilidad.

En María se realiza el nuevo comienzo
En María se realiza el comienzo de lo nuevo, nueva humanidad, nueva vida, nueva manera de ser y de relacionarnos. Ella es la mujer en quien Dios vive complacido. Las entrañas de María son humanizadoras de Dios. En sus brazos de madre da comienzo la actitud contemplativa, en el asombro de un misterio que la excede. Lo Nuevo se realiza en ella, en ella se concentra todo el novedoso plan y nueva creación que va a ser edificada, pueblo nuevo en la fraternidad de hijos amados del Padre. Dios nos regala un proyecto de felicidad, construirlo es reto y tarea nuestra. Sigue resonando de fondo el decir de Dios en el Deuteronomio: “Os he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escoged, pues, la vida, para que viváis vosotros y vuestros descendientes; amad al Señor vuestro Dios, obedecedle y sedle fieles, porque de ello depende vuestra vida”. Todo depende de estar del lado de Dios.

Madre de la nueva humanidad
De Eva nacen los hijos de la humanidad. De María nace el Hijo de la Nueva Humanidad: Jesús. Él es la nueva creación, “lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (2Co 5,17). Nueva Ley, nueva alianza, nuevo pueblo de Dios, camino nuevo, nueva verdad revelada, presencia nueva de Dios entre nosotros y con nosotros. Jesús es la nueva manera de vivir y entender el amor y la libertad. Él nos da la vocación definitiva que realizar los hombres y mujeres de la nueva humanidad que nos presenta Jesús, y Él mismo es el modelo a seguir e imitar. Y María alienta este camino comenzado por ella como primera discípula de su Hijo. Israel fue el pueblo del comienzo salvador de Dios, con Jesús la salvación se abre a toda la humanidad, ya no tiene límites. En María queda conectado todo el proceso salvador de Dios.

Fiat
En María hallamos las palabras que nos enseñan a ser fieles seguidores de Jesús: «Hágase en mí según tú palabra» (Lc 1,38). María que, desde la anunciación, ha ido «meditando y guardando todas las cosas en su corazón» (Lc 2,19), con el paso del tiempo, y en la medida que ha ido comprendiendo algo de quién es el hijo de sus entrañas, nos irá remitiendo a Él, expresándolo con este decir: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Son palabras claves que definen la actitud interior de la persona ante Dios, actitud que podemos y debemos tomar de María, porque también están en nosotros, forman parte de nuestra fe y de la dignidad humana. Esa actitud de fe y disponibilidad es lo que la hace realmente modelo humanamente imitable.

No son las excelsitudes de los dogmas lo que es admirable en María, sino lo puramente evangélico y lo llanamente humano, aquello en que ha reparado Dios, su adhesión a Él en fe y disponibilidad generosa: «Dichosa tú que has creído» (Lc 1,45). Elogio hecho por su prima Isabel, quien también ha comprendido lo que es importante para Dios. La fe de María queda expresada en su Fíat y el Magníficat, en la predilección por lo humilde, frente a la ostentosidad de los poderosos.

Al pie de la cruz
Y su adhesión al hijo la va llevando hasta el pie de la cruz. Allí están los que han comprendido y seguido a Jesús en la línea del amor, la confianza y la libertad: las mujeres y el discípulo amado. Los demás se han escondido, el miedo los ha hecho abandonar, han sucumbido al temor, presos del desconcierto. Y Jesús experimenta el amargo fracaso de una muerte ignominiosa. Al pié de la cruz ¡María!, las mujeres. Es importante profundizar este hecho, la magnanimidad de las mujeres en el momento más transcendental de Jesús, ellas, y no ellos, están con Jesús.

Servidores del amor
En el seguimiento de Jesús, al igual que en María, se va realizando en nosotros la humanidad nueva que Él quiere que seamos los que construimos el Reino de Dios: ser amadores y servidores del amor en la libertad de hijos, y no esclavos. Porque el amor es lo fundante y decisivo en Jesús, lo es también para los que somos sus discípulos. Trabajar así, responsablemente, en el espíritu de las Bienaventuranzas, desde la cotidianidad normal de la vida, desapercibidamente, como el sencillo hacer de María en Nazaret, caminando en alegre esperanza, con la seguridad de que el Reino está aquí y se va implantando poco a poco. Nuestro hacer cotidiano es la semilla del Reino.

En el discipulado, lo que nos toca ejercitar es la práctica real y concreta del verbo amar. Ejercitar el amor forma parte de una vida para el evangelio y del más elemental humano vivir, hay que hacerlo realizable en palabras, obras y gestos, para que penetre de manera eficaz creando libertad y felicidad.

En palabras: sean estas decires de amor, bondad y bendición, positivas, alentadoras y liberadoras, que reflejen el decir de Jesús.

En obras: que la atención a las necesidades de las gentes, especialmente de los más pobres y necesitados, se traduzca en servicio generoso y amoroso, comprometido, con manos tendidas que acogen y atienden eficazmente, creando solidaridad y comunión.

En gestos: que el amor sea expresado con los amables gestos de la acogida. De los abrazos y en el suave decir de la palabra “te quiero”. En la ternura y cariño de las caricias y los besos, con libertad, espontaneidad, hasta donde el amor nos llegue. Gestos sanadores, amadores, consoladores, restauradores de la persona. Como un masaje de suavidad.

Las mujeres seguidoras y amadoras
Jesús vivó atento a los pobres y marginados de aquella sociedad de su tiempo, mostró clara preferencia por ellos, y salía al encuentro de sus necesidades. María, como la mayoría de las mujeres de todos los tiempos de la historia, formaba parte de lo pobre y despreciable de la sociedad, de lo que no contaba y era tenido al margen de todo. Es así que, las mujeres, alentadas por la figura de María, sabemos que nos ha llegado el tiempo de la reconocida igualdad y libertad dentro de la Iglesia. Jesús tuvo hacia nosotras unas muestras de clara deferencia, que nos sitúan al nivel de discipulado en el amor, dignidad y servicio dentro de la comunidad de hermanos que formamos todos juntos. La mujer es la elegida para el anuncio de la resurrección. El Resucitado crea el encuentro, el Amado pronuncia un nombre: ¡María! La amada responde: ¡Rabboni! Los que se aman se buscan y se encuentran. Las mujeres somos amadoras, y a Jesús le gustó esta peculiaridad nuestra.

La Iglesia será más creíble cuando ella misma dé muestras de una evangelización interior, en sus propias formas, dentro de su sistema constitutivo, más integrador de la mujer. En estos momentos es víctima de una gran parcialidad, porque, en todo y para todo, se refleja solo el parecer de la mentalidad de los varones, por lo cual, falta la abierta y clara expresión de lo femenino, que le dará más anchura y complementariedad, será más ampliamente objetiva por el hecho de englobar dos mentalidades que la forman y constituyen. En Pentecostés se realiza la Iglesia, y María está en el centro, no en los márgenes.

María es alentadora de esperanza en la expectación de lo novedoso, con ella estamos en camino, para ser anunciadoras del mensaje salvador para toda la humanidad. Como María, disponibles estamos siempre las mujeres, con la seguridad de que «hay que obedecer más a Dios que a los hombres» (Hech 5,29). Él nos ha hecho libres y para la libertad amorosa en igualdad de condiciones, «hombre y mujer los hizo» (Gn 1,7). En el plan salvador de Dios, hombre y mujer son necesarios y en igualdad, para que la humanidad se realice en plenitud. “he oído el quejido/he bajado a salvarlas” (Ex 3).

Conclusión
Adviento es tiempo de siembra nueva. Somos una tierra que quiere dar fruto bendito de fe, esperanza, y amor. Jesús viene en la carne para incitar en nosotras nuestra libertad, nuestra dignidad de hijas amadas por el Padre. Con María, y a modo de ella, buscamos hacer lo que Él nos diga, para transformar la vida, mejorar el mundo, haciéndolo más vivible en el amor. Libres nos quiere Dios, es tiempo de sacudirnos el yugo que nos relega a la mudez, al no reconocimiento, la no aceptación. Cuando grita el pobre, es Dios quien reclama justicia en él.

María, madre de la esperanza: ruega por nosotras ante tu Hijo, fruto bendito de tu vientre, y concédenos la gracia de saber estar, como tú, donde está el amor, al pie de la cruz, en fiel seguimiento de Jesús tu hijo, nuestro Señor. Amén.
Anna Seguí Martí, ocd

 

5 respuestas a “ MARÍA DEL ADVIENTO

  1. pilardel 8 diciembre, 2017 / 12:23 am

    Me quedo con estas palabras solas: al pie de la cruz están las mujeres, no los discípulos (excepción de Juan). Sí, la mujer es amante, y esto en verdad agrada a Jesús? Yo lo dudo. Pero Bendito sea Dios por hacérmelo creer así.
    Gracias Hermana.

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    • Anna Seguí ocd 8 diciembre, 2017 / 10:56 am

      Gracias por tu aportación.
      Jesús amó a las mujeres, su amor es un amor libre, desposeído y jamás atrapado, su libertad es unión absoluta con Dios su Padre. Así el amor es siempre libertador.

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  2. maradudu 8 diciembre, 2017 / 6:32 am

    «Dios, al poner los ojos en María, como la elegida para ser la madre de Jesús, se ha fijado en aquellos dones personales que hacen posible un proceso de sana y liberadora humanización: la fe, la sencillez y la humildad».

    Gracias por tus ideas.

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  3. María Elisa 18 diciembre, 2017 / 5:19 am

    Son muchas tus experiencias y el desarrollo de ellas. Por esta vez me quedo con Bendito el fruto de tu vientre” quien puede exclamar estas palabras? María, la Mujer solo una mujer puede sentir el palpitar del hijo en sus entrañas, el saltar de júbilo del pequeño ser que se gesta en su vientre. Que intimidad,unión de dos seres que intercambian sangre, vida, amor. La Mujer le da vida el Hijo le da la Vida. Que asombroso misterio gestándose, abrazándose, comunicándose segundo a segundo en una intimidad qué nadie puede irrumpir y menos nvadir.

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