TU ROSTRO BUSCARÉ

0237Cuando alguien te niega la mirada y te retira la palabra, cuando te oculta el rostro y te aparta la presencia, deviene la fría soledad y la angustiosa noche oscura. Se oculta Dios cuando se oculta el que creíamos amigo y hermano. Surge la dolorosa experiencia del silencio de Dios, cuando se silencia el amigo. ¿Qué nos queda cuando se esconde el amor?; ¿por dónde buscar el tenue destello de la esperanza?; ¿qué escuchar cuando la fuente de la palabra se ha secado, la luz de la mirada se ha apagado, la dulzura del gozo se ha quebrado y la fiesta se torna duelo?

En estas condiciones de abandono, orar puede ser una insoportable soledad poblada de triste silencio, a la espera infecunda de un toque tenue y delicado, palpable, que nos haga sentir el suave calor humano, y no aparece. Detectar un pequeño gesto de cercanía puede devolvernos la credibilidad, sernos signo del amor de Dios encarnado. Sí, orar en este estado es súplica doliente y gemido lacerante. Esperar en la noche que Tú nos rescates del sufrimiento y la muerte. Que Tú, Dios mío, te descubras viviendo en mi dolor, alentando mi esfuerzo, alumbrando el pábilo vacilante de mi débil esperanza, hasta la luz plena, hasta el gozo amable de encontrarte aquí y tan cerca, dentro de mí, en mi noche y en mi pena. “Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro” (Sal 26).

¿Y será verdad que Tú estás presente, que aparecerás rompiendo mis cadenas y disipando mis tinieblas? La fe orante me dice que sí, que será verdad, por eso aguanto en paciente espera, que también desespera en llanto y espanto, en desconcierto e impotencia. Y seguir orando con ansia de sentir el alma liberada; que la noche no es su casa, ni la angustia su talante. Que todos necesitamos el amor, el gesto amable, la caricia tierna, la sonrisa afable, la mirada serena, la acogida generosa. Y todo cuanto nos es saludable, aún en ínfimas dosis, casi insignificantes, alivia la tristeza que nos seca, nos saca de la soledad deformante y del abatimiento punzante. Y gracias, Señor, porque siempre pones a nuestro lado quien nos ofrece su mano y nos descansa en el abrazo del amor encarnado.

Tus ojos, Señor, den luz a nuestra mirada y tu rostro figura humana a nuestro semblante. La mirada es la luz de nuestra dulzura. Nuestro rostro el abrazo que acoge, nuestra palabra el arte de decirnos el amor. Solo cuando somos portadores de bondades y regaladores de amor, podemos afirmar que nuestro seguimiento de Cristo y nuestro cristianismo es “una tierra que mana leche y miel”, donde todos hallan acogida para disfrute de esta abundancia. “Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.

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7 thoughts on “TU ROSTRO BUSCARÉ

  1. marivjo 26 enero, 2018 / 9:55 am

    “lOS OJOS SIEMPRE FIJOS EN TI” Su rostro cuando está expuesto o simplemente en el Sagrario, su rostro en mi interior, su rostro en el hermano…yo también busco su rostro: “al despertar me saciaré de tu semblante. Señor”. Su envolvente presencia! Un gozo andar en este menester. Buscar tu rostro…seguro que lo encuentro

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    • Anna Seguí ocd 26 enero, 2018 / 10:19 am

      Cada día la Palabra nos ilumina la cercanía y el decir de Dios. Su rostro resplandece dentro y nuestra mirada puede detectar su presencia en cada ser humano. Ver con sus ojos, es verle en todo. Gracias por tu comentario también. Que andes en amor gozando su rostro.

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  2. maradudu 26 enero, 2018 / 3:09 pm

    “¿Y será verdad que Tú estás presente, que aparecerás rompiendo mis cadenas y disipando mis tinieblas?”. Siempre está presente, siempre aparece. Él es fiel.

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    • Anna Seguí ocd 26 enero, 2018 / 4:47 pm

      Sí, Él está presente aliviando nuestro dolor, alentando nuestra vida, Él nos dice: “No sufras más, yo te amo”, y en su amor nuestra paz y nuestro amor

      Le gusta a 1 persona

  3. Montse de la Cruz 28 enero, 2018 / 12:21 am

    Se marchó mi comentario anterior sin terminar.

    Buscamos, porque hemos sido buscados. Nuestras noches y ” búsquedas”, nos introducen en la experiencia del SER, de estar cada vez más enraizados en el Misterio de Dios, que en ocasiones nos deslumbra y produce la noche, pero siempre es SANADOR, y nos revela desde la propia experiencia que en “Dios, vivimos, nos movemos y existimos”.

    Es liberador y sanador, creer en un Dios que nos habita y nos sostiene, aunque algunas veces tengamos que decir con nuestro Juan de la Cruz: ” Aunque es de noche.

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  4. mdamat 3 febrero, 2018 / 7:50 pm

    En determinats moments, davant circumstàncies inesperades, el nostre interior entra en “horas bajas” i ens sentim tristos i a voltes decepcionats. Això és inherent a la nostra sensibilitat humana, a l’àmbit de les emocions. A través del temps, la fe es va arrelant molt endins, i en aquests moments la força de l’Esperit ens mena a orar, a plorar, a postrar-nos humilment davant del Senyor que ens estima, ens escolta i ens perdona aquells moments en que havem anteposat altres sentiments al seu amor.

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