LO INESPERADO SUCEDE

7153908e16acbdad9352691b63586f37--poached-eggs-desert-flowers“Lo que más temía me sucede, lo que más me aterraba me acontece” (Jb 3,25). Cuando repentinamente nos sobreviene algo inesperado, se nos apodera una  crisis que nos sumerge en la noche. Se oscurece la razón y no alcanzamos a comprender, nos sobrepasa el desconcierto. Entonces, entre horror y llanto, es bueno volcar ante Jesús todo lo que nos agobia y sobrepasa. En su amor y amparo, rendir nuestro ser, fiados en su ayuda. Jesús está en nuestro dolor, llora nuestro llanto, acoge conmovido nuestra temblorosa lamentación.

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos lo hemos perdido todo, y el pavor nos confunde. Deviene la noche, y en ella, a pesar del malestar psíquico y físico, es mejor no movernos, no tomar ninguna iniciativa. Orar en la noche quedándonos quietos, sujetando la inquietud e ir aflojando la tensión. En el trauma interior que experimentamos, rendirnos ante Dios como quien permanece en cuidados intensivos, hasta ir recuperando algo de nuestra vitalidad. Vivir rendidos ante Dios es dejar nacer el tiempo de la esperanza, contra toda desesperanza. “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (Jb 1,21). En la voz lastimada por la pena y quebranto del ser, surge la actitud de quien pone su absoluta confianza en solo Dios, el abandono en Él. “Hágase tu voluntad”

En la noche, Dios cultiva nuestro terreno interior para que brote la humildad del corazón. El  Espíritu Santo obra en nosotros la transformación: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro 8,26). En la espera humilde y confiada, veremos surgir la sobreabundancia de bienes que Él nos quiere regalar. Dios nos quiere felices y acoge nuestro sufrimiento, por eso nos abre horizontes nuevos de paz y amor, de alegría y felicidad. La fe es también aceptar la noche, y en ella, saber esperar la gran amanecida resurreccional. “Nada te turbe, nada te espante”. La oración es fuente de evangelización, y el Evangelio nos capacita para asumir la cruz. Pero saber que todo, absolutamente todo, tiene su tiempo de resurrección. La vida y no la muerte, es nuestra desembocadura final en Dios.

3 respuestas a “LO INESPERADO SUCEDE

  1. marivjo 16 marzo, 2018 / 9:32 am

    Como anillo al dedo, Anna. Existen de verdad los «vasos comunicantes». Muchas gracias. De una gran finura y experiencia espiritual.

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  2. María Elisa 28 marzo, 2018 / 2:46 am

    Excelente experiencia vivencial de lo que nos desastabiliza y nos lleva al borde del abismo. Me encantó lo de ponerse en la UPC, unidad de pacientes críticos, allí mi vida depende del Médico de médicos y nada más.

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