EL ODIO

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El odio es el peor mal que el ser humano puede experimentar. El odio es una fuerza capaz de someternos a un estado de infierno interior que nos deshumaniza por completo, porque es lo más opuesto al amor, es el anti-amor. El odio nos desfigura como personas y nos convierte a un estado absolutamente diabólico. Es lo más eficaz para envenenarnos la vida, hasta lograr hacer de nuestra existencia una siembra de maldad. El odio nos hace pensar malévolamente, envuelve y oscurece la mente y el corazón en la perversidad y sus obras son la iniquidad.

Cuando estamos poseídos por el odio, quedamos incapacitados para el bien, la belleza y la alegría, porque el mal que nos posee nos incita a una actitud de miserable negatividad hacia todo; la rabia y la envidia corroe el alma hasta hacerle producir crueldad hacia las personas. El odio es una fuerza que nos come la voluntad, sometiéndonos a sus impulsos devastadores, hasta la venganza y rencor compulsivo. El odio crea una mentalidad engendradora de mal, nos ata a lo diabólico y nos vincula a la Bestia. Quien vive invadido por el odio, su proceder se vuelve letal, toda la energía es generadora de maldición, hasta el exacerbado deseo de herir y matar. El odio es desmedido y su saña provoca horror y muerte. El odio no permite el descanso, desconoce el bien, lo quiere lapidar, y solo se satisface propagando la iniquidad, es como un estado de rabia, cólera y violencia permanente.

Solo Dios puede liberar el ser poseído por odio. Dios que es amor misericordioso, ha querido liberarnos del mal radical que engendra el odio. La salud del ser humano se llama Jesús, solo siguiendo su proceder podemos superar el odio. Él es el hombre libertador de todo mal, devolviéndonos la dignidad de hijos, libres y no esclavos. Nadie está eternamente condenado a vivir en la iniquidad, porque Jesús nos ha tendido su mano y, bajando a nuestros infiernos de odio, violencia y muerte, nos ha levantado y libertado del poder de la iniquidad. La Bestia ha sido vencida para siempre. El amor se propaga para expulsar los residuos de perversión que existen en nuestro entorno y hasta dentro de nosotros.

Creer en Dios es beber de la Fuente de la salud. Jesús es nuestra saludable personalidad. Dios nos ha enviado al Hombre, su Hijo, para que sepamos qué es ser humanos de verdad. Solo adheridos a Jesús podemos devenir libres, solo imitando su proceder podremos recrear el jardín de la Redención. Dios nos llama a ser felices, nuestra auténtica vocación de hijos es la felicidad en el amor, y el amor es la oposición al odio, lo vence definitivamente. El amor es la vida plena y feliz a la que aspira el ser humano, como hijos de Dios que somos, porque solo el amor es la esperanza de la vida liberada.

Nada puede el odio frente al amor. El ser humano rescatado por el Resucitado, posee el don de la libertad y es capaz de vencer todo mal. El amor es un estado del ser que nos hace capaces de producir vida de Dios. El amor somete la fuerza del mal, porque el amor libera la vida de los golpes de muerte que el odio arremete contra nosotros. Cuando el amor arraiga en nuestro corazón, ningún mal debemos temer, porque el amor nos protege y fortalece la voluntad para obrar al agrado de Dios. Las Bienaventuranzas son la vida del Reino de Dios, y ellas se van propagando como una siembra de bondad misericordiosa, para ser la dicha de la humanidad.

Quien ama, se asemeja a Dios y obra el bien, su fruto es la alegría; la vida en el amor es fuente de alegría, crea la gran fraternidad universal. Quien ama jamás será poseído por el odio, porque el amor lo expulsa y desintegra. Jesucristo es el Hombre -Dios con nosotros- que nos muestra cómo ser humanos, a vivir la vida en el amor, a crear Evangelio dentro de nosotros y obrar las Bienaventuranzas del Reino. El amor asume la experiencia de atravesar bosques y espesuras, hasta devenir alegría y fiesta. Nada puede el odio frente al amor. Vivamos vida de amor, la que Dios crea en nuestro interior. “Os doy este mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros. Así como yo os amo, debéis también amaros los unos a los otros. Si os amáis los unos a los otros, todo el mundo conocerá que sois mis discípulos” (Jn 13,34).

2 respuestas a “EL ODIO

  1. marivjo 9 noviembre, 2018 / 10:29 am

    En las relaciones humanas, el odio es, me parece, el amor cambiado de polaridad, que genera consecuencias absolutamente contrarias.
    Muchas gracias, Anna, por esta reflexión poco común, pero tremendamente real. Cuántos odios solapados en nuestra sociedad!!! Oremos para que sea el amor el que habite en nuestro interior.

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