AL FIN MONJA

01-carmelo (61)

Queridísima Mara: En tu última carta me preguntabas cómo conocí a Teresa de Jesús y cómo me relaciono con ella. Decirte que es toda una historia que me remonta al pasado, cuando me hallaba en plena búsqueda interior en el seguimiento de Jesús y mi identidad personal. Un interrogante bullía en mi interior: ¿Cómo y por dónde orientar la vida?

entradaFue gracias al encuentro y breve experiencia con las carmelitas descalzas de Puçol -la que hoy es mi comunidad-, lo que determinó mi opción por la vida contemplativa y mi puesto de orante en la Iglesia desde el Carmelo. La amable acogida, el modo de vivir y relacionarse unas con otras, el silencio, la oración y el estudio, todo este modo y maneras que iba observando en la comunidad, fue decisivo para quedarme y ser una más entre ellas. “cúmplase, Señor, en mí vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisiereis; si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y vengan; si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro, Padre mío, ni es razón vuelva las espaldas. Pues vuestro Hijo dio en nombre de todos esta mi voluntad, no es razón falte por mi parte; sino que me hagáis Vos merced de darme vuestro reino para que yo lo pueda hacer, pues Él me lo pidió, y disponed en mí como en cosa vuestra conforme a vuestra voluntad” (C 32,10).

01-carmelo (25)Al entrar en el Carmelo, comencé un largo proceso de formación, cuidado y responsable por parte de la comunidad, de interés por la mía, ofreciéndome tiempos para el estudio. Lo primerísimo fue conocer los escritos de nuestra fundadora, Teresa de Jesús. Su personalidad, su vida, su amor y pasión por Cristo, su talante libre, humano y abierto, su proyecto como fundadora. Todo este conjunto, hizo que ante Teresa me hallara comprendida y confirmada. “Ahora, para comenzar este camino que queda dicho de manera que no se yerre desde el principio, tratemos un poco de cómo se ha de principiar esta jornada, porque es lo que más importa; digo que importa el todo para todo. No digo que quien no tuviere la determinación que aquí diré le deje de comenzar, porque el Señor le irá perfeccionando; y cuando no hiciese más de dar un paso, tiene en sí tanta virtud, que no haya miedo lo pierda ni le deje de ser muy bien pagado” (C 20,3). Así inicié con alegría mi andadura vocacional.

01-carmelo (26)Descubrí que aquella mujer vivía polarizada por Jesús desde la relación personal en un tú a tú amoroso y vinculante. A su manera de orar la llamaba: Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos no ama” (V 8, 5). Para mí fue un descubrimiento asombroso apreciar que Teresa había cimentado su oración a modo de relación de amistad y de enamoramiento. Fue algo que me conmovió por dentro y me llevó a identificarme con ella, porque así lo venía haciendo yo desde mi más tierna infancia. Descubrirlo en Teresa me reafirmó este modo de ser orante, ser Evangelio y ser Iglesia. Entonces me dije a mí misma: Quiero vivir esto y en esta comunidad para siempre”. Lo entendí como una certeza interior que me lo iluminaba sin sombra y sin duda, y me determiné a seguir a Jesús desde la vida contemplativa.

01-carmelo (39)La figura de Teresa me iba impactando por su afectividad apasionada; pues también en esto hallaba yo una similitud que me ponía esperanza, porque era lo que a mí me sucedía. Una afectividad tan pasional que no sabía qué hacer conmigo misma. Había dado demasiados tumbos por la vida y, de alguna manera, sufría el hastío de un exceso de experiencias que, poco a poco, me iban estragando la vida. Y comprendí que  Teresa había vivido estragada por años; esto me espejó mi propia alma, tomando seguridad en Dios, que trae cuidado de nuestro bien y felicidad. “Estando una vez muy inquieta y alborotada, sin poder recogerme, y en batalla y contienda, yéndoseme el pensamiento a cosas que no eran perfectas -aún no me parece estaba con el desasimiento que suelo-, como me vi así tan ruin, tenía miedo si las mercedes que el Señor me había hecho eran ilusiones. Estaba, en fin, con una oscuridad grande de alma. Estando con esta pena, comenzóme a hablar el Señor y díjome que no me fatigase, que en verme así entendería la miseria que era, si Él se apartaba de mí, y que no había seguridad mientras vivíamos en esta carne. Dióseme a entender cuán bien empleada es esta guerra y contienda por tal premio, y parecióme tenía lástima el Señor de los que vivimos en el mundo. Mas que no pensase yo me tenía olvidada, que jamás me dejaría, mas que era menester hiciese yo lo que es en mí. Esto me dijo el Señor con una piedad y regalo, y con otras palabras en que me hizo harta merced, que no hay para qué decirlas” (V 39,20).

Hacía ya tiempo que me hallaba urgida por dentro, queriendo encontrar una identidad propia, una estabilidad dónde asentar el ser y construir –sobre base sólida- una historia nueva de amor en Dios. Cimentar, edificar, desde Jesús y su Evangelio y en el espíritu de las Bienaventuranzas, mi ser entero. En una palabra: ser evangelizada a fondo.

01-carmelo (51)Para ello, necesitaba arrojarme en los brazos de Jesús y descansarme en Él. Y me pareció que el Carmelo era el lugar adecuado para iniciar esa aventura, que no sabía adónde me iba a llevar. Me movía la esperanza, vislumbrando -muy a lo lejos- la ansiada paz y libertad. Me atreví a aventurar la vida, volcando en Jesús mi pasión y fuego, dejándome modelar y equilibrar por Él. Porque de eso se trataba, que Dios me amasara a su agrado. Yo ya había vivido demasiado a mi placer y gusto, y comprendí ser el tiempo de dejarle hacer a Dios como gustase en mí. Consentí ir siendo transformada con amor, con dolor también ¡y cuánto! “Haced vos, Señor, lo que quisiereis. No os ofenda yo. No se pierdan las virtudes, si alguna me habéis ya dado por sola vuestra bondad” (V 11,12).

01-carmelo (64)A medida que iba avanzando y profundizando, como Teresa, “me determiné” a vivir una vida para el Evangelio en el seguimiento de Cristo. Con “los ojos fijos en Él”, le dije sí para siempre y me quedé en el Carmelo. Aunque, ¡debo decirlo!, al poco tiempo de iniciar mi andadura, se me apoderó una crisis tan brutal que, la verdad, si lo hubiese intuido ligeramente, habría echado a correr para huir lejos, ¡como Jonás! Y como Jonás fui tragada por el cetáceo para hundirme en la más horrenda noche oscura, bajando a los pestilentes y mordientes infiernos, donde me perdí tan del todo que vivir era agonizar. “Estando en tan pestilencial lugar, tan sin poder esperar consuelo, no hay sentarse ni echarse, ni hay lugar, aunque me pusieron en este como agujero hecho en la pared. Porque estas paredes, que son espantosas a la vista, aprietan ellas mismas, y todo ahoga. No hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas. Yo no entiendo cómo puede ser esto, que con no haber luz, lo que a la vista ha de dar pena todo se ve. No quiso el Señor entonces viese más de todo el infierno. Después he visto otra visión de cosas espantosas, de algunos vicios el castigo” (V 32,3).

Estando así las cosas, tomé a Teresa como mi maestra, no solo de oración, sino también en la “determinada determinación de no parar hasta el fin”, orante y caminante. Los decires de su experiencia personal que iba conociendo a fuerza de lectura orada y meditada, el estudio asiduo de la Biblia, eran para mí alicientes que mantenían encendida la confianza en la seguridad de que, ni el sufrimiento ni la muerte tenían la última palabra. Había puesto la mano al arado y ya no volvería la vista atrás. Teresa me enseñaba a quitar hierbas y abrojos, a preparar la tierra y regar el huerto: “Pásase mucho trabajo, porque quiere el Señor que le parezca al pobre hortelano que todo el que ha tenido en sustentarle y regarle va perdido. Entonces es el verdadero escardar y quitar de raíz las hierbecillas -aunque sean pequeñas- que han quedado malas” (V 14,10). Supe del gusano que se arrastra pesado, hasta ver nacer la mariposa que, desplegando las alas, volaba a  placer aliviada y liberada: “¡Seáis alabado, oh regalo de los ángeles, que así queréis levantar un gusano tan vil!” (V 19,2). Y entré en las moradas del castillo donde, cual laberinto, sigo buscando el más profundo centro hasta la unión definitiva con Dios: “Su Majestad nos ha de meter y entrar Él en el centro de nuestra alma y, para mostrar sus maravillas mejor, no quiere que tengamos en esta más parte de la voluntad que del todo se le ha rendido” (5M 1,12).

1- profesión solemne (14)En los decires de Teresa: “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”, me iba dando cuenta de que en el Carmelo se vive de puro Evangelio. Tanto la espiritualidad teresiana, como el vivir en comunidad, la oración y sólida formación, me ha ido haciendo más humana, amabilizando las relaciones, haciéndolas más fraternas; me ha confirmado en la fe, y me ayuda a mantener aquel espíritu aguerrido de Elías, en el silencio y soledad de mi cueva orante. Y no he tenido que dejar de ser yo misma, sino sacar lo más y mejor de mí, que estaba oculto dentro mí. La imagen y semejanza con que fuimos creados por Dios. Lo hermoso es que sigo siendo yo misma, que no me he despersonalizado, sino que Dios me ha purificado y embellecido. Todo es fruto de la gracia y de la vida fraterna en comunidad: “Un buen entendimiento, si se comienza a aficionar al bien, ásese a él con fortaleza, porque ve es lo más acertado; y cuando no aproveche para mucho espíritu, aprovechará para buen consejo y para hartas cosas, sin cansar a nadie. Cuando éste falta, yo no sé para qué puede aprovechar en comunidad, y podría dañar harto” (C 14,2).

1- profesión solemne (6).jpgEnamorada de la figura del profeta Elías, como él, desde la cueva orante, no solo veo pasar, sino que también me siento sacudida por el fuego, el huracán, el terremoto, hasta que, ¡por fin!, llega el susurro suave y ligero, mostrándome pronta para cantar alegre: “¡Ponte en pie, centinela, sal de tu tienda, mira que pasa el Señor!”. A decir de Teresa “Como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese” (C 1,2). Así, no hago sino estar a los pies de Jesús, poniendo los míos en sus huellas y hacer su mismo camino con la libertad de hija de Dios y no esclava de ruines desventuras. Que, a decir de Teresa: “¡Libres nos quiere Dios!”. Reconozco que, dadas mis propias características personales, no se lo pongo fácil a Dios ni a la comunidad. Pero sí que le pido también, con tozudo empeño, que insista y persista conmigo. Dios me purifica, la comunidad también y me agotan, y yo las agoto (a la comunidad digo).

1997En Teresa iba descubriendo el modelo de lo que Dios quiere realizar en cada uno de nosotros, ¡si le dejamos! Ella supo estar donde está el amor, respondiendo al reclamo amoroso del Amado y, decididamente, el amor la transformó: “¡Oh hermanas mías, qué fuerza tiene este don! No puede menos, si va con la determinación que ha de ir, de traer al Todopoderoso a ser uno con nuestra bajeza y transformarnos en sí y hacer una unión del Criador con la criatura” (C 32,11) . Teresa luchó consigo misma, a causa de sí misma. Pero se dejó ganar por Jesús. Lo hizo así: “Juntos andemos Señor; por donde fuereis tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar” (C 26,6). Toda la ganancia reside en mirar al Crucificado: “Oh Señor!, que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos” (C16,7). Como hija de Teresa, no quiero ser menos, y procuro en mí tener los ojos fijos en Jesús, con aquel decir teresiano: “Mira que te mira”. Así, mi oración no está abocada a un vacío sin fondo, sino a una presencia y mirada amante. “Los ojos en El, y no hayan miedo se ponga este Sol de Justicia, ni nos deje caminar de noche para que nos perdamos, si primero no le dejamos a El” (V 35,14).

A la vez, hallo marcadas diferencias entre ella y yo, porque es verdad que los lugares también nos configuran. Y si bien Teresa toma como referente la tierra para adentrarnos en los grados de oración, se debe a que ella era una mujer de la tierra y tierra adentro. Por el contrario, yo soy una mujer de mar y de mar adentro, de una pequeña isla que tiene siete faros, como siete centinelas vigilantes en las oscuras noches del mar. Por lo que, los faros eran y son mi propio referente orante, pues al fin, sigo viviendo frente al mar, en la costa levantina.

DSC07933Los faros son estables, firmes, permanecen siempre. Alumbrando en la oscuridad, son avisos que señalan puerto de salvación para las naves que surcan los mares en las oscuras noches de los tiempos. El faro no es la salvación, el faro señala, humilde, que cerca hay refugio seguro, puerto de salvación. El faro se parece al Bautista que señala con el dedo y pregona seguro: “Ved ahí al cordero”. Ser orante es permanecer como los faros, en estos lugares estratégicos, solitarios, expuestos a todos los vientos y a todas las tempestades del mar, para ser en la noche oscura de la humanidad una pequeña luz que señala puerto de salvación: Jesús. Así es el Carmelo, una lucecita que señala la gran luz: Jesucristo.

Sigo pidiendo a Dios firmeza para permanecer cimentada en la roca, orando vigilante en la noche de los tiempos, para que el faro de mi fe alumbre, señale, avise a los hombres y mujeres de nuestra humanidad que: “El Señor es grande, su misericordia es eterna”, nos ama y quiere nuestra felicidad.

Querida Mara, pide tú a Dios por mí, para que me baste ser un humilde y sencillo faro. En este momento de mi vida, entrada ya en el tiempo de la madurez ¡sigo adelante!, comenzando siempre de bien en mejor”. Como Teresa, mantengo en mí una convicción interior: “Vuestra soy, para Vos nací”. Y sigo hambreando amplias praderas de libertad y paz, no solo para mí, para toda la humanidad también.

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Decirte que me alegra y me ayuda saber que oras siempre por mí. Un abrazo fuerte, tuya siempre.  Nura      (Anna Seguí Martí, ocd)

 

 

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9 respuestas a “AL FIN MONJA

  1. Maramar 23 noviembre, 2018 / 8:42 am

    Qué maravilla, Anna! Qué generoso regalo nos has hecho al querer compartir tu rica experiencia y con ese estilo tuyo tan personal.
    Que la Luz siga brillando desde ese Carmelo que tanto te ayuda y lo sigue haciendo.
    Gracias a todas y al Cielo.

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    • Anna Seguí ocd 23 noviembre, 2018 / 10:21 am

      Muchas gracias. Sí, el Carmelo ha sido y es una bendición para mí. Una gracia de Dios inmensa. Un abrazo. Anna

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  2. Angelines 24 noviembre, 2018 / 11:12 pm

    Gracias por narrarnos tu itinerario espiritual y vital de manera tan sencilla y sincera. Me produce mucha alegría sentir cómo el Señor nos va guiando en nuestra vida, cómo El siempre lleva las riendas, aunque pensemos de forma ingenua que somos nosotros quienes lo hacemos. También me alegra sentir tu felicidad por la opción que has tomado. Me parece hermoso sentir cómo el Señor nos cuida a cada persona y nos va atrayendo a El por sus caminos, aunque no siempre los comprendamos.

    Un abrazo y gracias por compartir,

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    • Anna Seguí ocd 25 noviembre, 2018 / 7:37 am

      Muchas gracias. Y seguir en esta absoluta confianza “al Dios que hace tanto por mí “. Un abrazo

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  3. MARÍA 25 noviembre, 2018 / 11:51 am

    Sí, gracias por compartirlo, querida Anna. Me encanta tu vida aventurera, apasionada y enamorada del Dios que anhelaba; vida que no paró hasta que lo encontró al fin.

    Hubo el Señor de convencerla para parar allí, en aquel palomar del Carmelo con perfume de naranjos y azahar.

    Entonces floreció… Y fructificó.

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  4. Alberto orero veintimilla 25 noviembre, 2018 / 10:44 pm

    Gràcies Anna per la sinceritat, l´ apertura, el haver sigut tan forta per deixar-te en braços de JESÚS mitjançant Sta. Teresa i el Carmel Una forta abraçada .Ah! bon i profitós Advent i recordan´s en les teues oracions-
    ________________________________

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  5. marivjo 27 noviembre, 2018 / 10:14 am

    Es precioso, hondo, profundo y sumamente enriquecedor tu testimonio. Y, sobre todo, que sigues adelante “fijos los ojos en El”, pase lo que pase. Me lo copio y lo voy a usar con tu permiso. Desde allí reza pos los que estamos un poco más aquí.

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    • Anna Seguí ocd 27 noviembre, 2018 / 6:07 pm

      Mi oración es segura, porque es estar orando con la oración permanente de Cristo, es la suya, que hago mía, la que nunca te faltará. Muchas gracias por tus palabras y reza también tú por mí.

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