COMIENZOS ORANTES

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En mis comienzos orantes con aquella simpática afición de ir a orar desde el mirador del Panell, aprendí a contemplar contemplando el pueblo. Y me fui disponiendo a escuchar a Dios escuchando el piar de los pájaros, el ladrido de los perros, el cacarear de las gallinas, el mugir de las vacas, el balar de los corderos, los ecos de las voces de las gentes. Tan sencillamente vida de pueblo, allí, en el Panell, mirando el cielo, mirando el pueblo, mirando el campo, me dispuse a escuchar a Jesús o pensando que estaba a mi lado y estarle amando.

Conmovedor recuerdo de mis primicias orantes, tan tiernamente jovencita, tan amante y tan a solas, iniciando una extrañeza callada y asumida, Jesús y yo para siempre. Dios mi eterna compañía. Y la Biblia en mis manos, leer sin entender, pero saboreando una vida para el Evangelio en un sí sincero, musitado en el fondo de mi corazón. Y así, en la cima de un montículo, elevado sobre lo que entonces era mi pequeño pueblo, sentada en el saliente de la roca, iba abriendo mi sensible corazón a la relación amorosa con Jesús.

Con el paso de los años, perseveré en mi realidad orante y la afiancé. Vinieron los tiempos de la juventud, me aboqué a saborear experiencias de vida. Una vitalidad vigorosa, pasión y fuego hervían dentro de mí y dije sí al goce placentero de la vida. Y viví mi pasión con amor y fuego, a placer, a disfrute, a bullicio, a vida torrencial. Y dentro de mi agitación y algazara, jamás dejé mi relación orante con Jesús, ¡jamás! Siempre le supe guardándome en todas mis iniciativas y nunca me perdí tan del todo porque: “Cuando te invoqué, tú me escuchaste”. Siempre le tuve a Él para salvarme cuando erraba el camino. Tan segura estuve en todo momento de su amor y presencia en mí, que no temí nada, es más, todo lo viví con seguridad y libertad. No me condicionó la rigorista moral eclesial sobre la sexualidad, que tanto pecado nos hacía ver. Tuve valor para sentirme dueña y responsable de mí misma, y me lancé a vivir el amor con anchurosa libertad y a placer. Experimente a fondo la bondad y belleza de nuestro ser sexuados y me dije: Realmente, “vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno”. Cerré la puerta a los confesionarios, dando gracias a Dios por tanta grandeza, capacidad de amor y ternura que ha puesto en nosotros. Y sentí el cuerpo como posibilidad para expresar generosamente la suavidad del amor. Siempre establecí mis relaciones en profunda intimidad, así lo entendía, así lo necesitaba, así lo gozaba y me regalaba con todo el frescor y vigor de mi juventud.

A los años, aquellos aconteceres, han ido quedado en el recuerdo sereno y aplacado de un pasado feliz y agradecido, todo me fue dichosa ventura, y todo al fin, me llevó a este hoy orante y amante, que ha llegado gracias a aquel entonces de Dios y de amor.

Hoy, en los comienzos de mi vejez, todo sigue siendo gracia y belleza dentro de mí, por lo que fui y viví, por lo que soy y vivo, por lo que Dios sigue haciendo en mí, por mi comunidad y por cada una de mis hermanas, por las personas amigas que me aman y están ahí. Por ser orante, amante, servidora, amigable. Por esta vocación y esta vida humilde y sencilla, por este sí grande y alegre a Jesús, por ser y hacer Iglesia desde mi pequeña comunidad eucaristía de la vida de cada día, compartida, festejada, trabajada; cada hermana mi pan de vida y mi vino de fiesta. Ellas y su amor son el Cristo que me ama, mi amor a ellas, el Cristo que las ama. Amor, perdón, comunión, se amalgama en nuestro cotidiano vivir y convivir. Cada comunidad es una eterna eucaristía, una vida ofrecida que se parte y se reparte en amor y comunión. Gracias a Dios por esta vida, esta historia de amor y esta identidad eucarística. La Eucaristía está dentro de mí y soy yo, porque el Cristo que me vive dentro me hace lo que Él es: pan de vida y vino de la fiesta. Somos Eucaristía para que el mundo viva, esta es mi convicción y mi dicha.

6 respuestas a “COMIENZOS ORANTES

  1. marivjo 28 junio, 2019 / 10:37 am

    Qué bello, amar la vida que has vivido y no arrepentirte de nada, porque todo, en definitiva, estaba “pastoreado” por el AMOR. Preciosa experiencia vital compartida, muchas gracias, Anna. Dios bendice tu “anclaje” en el Corazón de Jesús.

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  2. mdamat 1 julio, 2019 / 6:07 pm

    Anna, recordo perfectament el procés que amb tanta sinceritat expresses. Llegint les teves paraules aflora en mi un sentiment d’agraïment i adoració davant la presència del Senyor que s’ens manifesta i habita dintre nostre de tal manera que mai ens en podríem desfer.

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  3. Carmelo Teresa 20 agosto, 2019 / 11:19 am

    molt bonic el relat de la teva vida, una gracia profunda i gran ha fet Déu en tu,
    M. Pilar Vila

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    • Anna Seguí ocd 20 agosto, 2019 / 11:36 am

      Si, així ho experimento cada dia. En les seves mans de Pare-Mare visc confiada. Gràcies i en comunió

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