HOMO SAPIENS

 

sapiens

Queridísima Mara: Me deleité leyendo tu carta cuando me decías que puedes afirmar que, para ti, la vida solo tiene un valor: “el amor que somos capaces de regalar y acoger”. Me parece muy bonita y muy profunda tu afirmación. Y me vino a la mente el decir de Teresa de Jesús que encaja bien para este momento tuyo que sientes vivir como experiencia de iluminación. Señala Teresa con su genial agudeza: “En llegando a tener con perfección este verdadero amor de Dios, trae consigo todos los bienes. Somos tan caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios, que, como Su Majestad no quiere gocemos de cosa tan preciosa sin gran precio, no acabamos de disponernos”. Y muy dispuesta te veo a engrandecer este amor a Dios y a los hermanos. ¡Felicidades por este don maravilloso!

Y sigue Teresa: “Ya sabe Su Majestad nuestra miseria y bajo natural mejor que nosotros mismos, y sabe que ya estas almas desean siempre pensar en Él y amarle. Esta determinación es la que quiere”. Continúa pues, querida Mara, con la determinada determinación y déjate regalar por la gracia que te asiste. Lo que ahora te está enriqueciendo, repercute ya sobre cada persona que se relaciona contigo y yo me siento la más favorecida, gracias de corazón.

Por mi parte, decirte que, aun en silencio y espera paciente, siento vivir un tiempo de abierta esperanza y confianza. Todo lo sé en manos de Dios, segura estoy que mi proceso lo lleva Él. Todo, creación y criaturas, lo veo transformándose en las manos del gran Alfarero. La historia de la esperanza es esta evolución nuestra hacia Dios y en el encuentro con los hermanos. Nada nos humaniza tanto como las relaciones fraternas; afirma la Santa: “mientras más santas, más conversables con sus hermanas”.

A mi modo de ver, creo que los mayores signos de la iluminación, no son tanto los momentos puntuales (que también), de revelaciones epifánicas o místicas. Estas, es verdad, son impactantes, nos estremecen y conmueven, provocando notables cambios interiores. Sin embargo, considero que el signo más eficaz es la iluminación que surge de la lenta e imperceptible evolución. Allí donde parece que nada sucede, sin darnos cuenta, poco a poco, va afectando el ser entero abriéndolo a la comprensión profunda de todas las cosas, creando la novedad de vida que puede devenir paradigmática del porvenir. En lo oculto, se amasa la personalidad humano-divina que adquiere una sólida fidelidad a Dios.

La iluminación ¿no es, acaso, convicción interior? Una robustez del ser que nos capacita para pronunciar un sí grande y decidido, a lo que se nos descubre como novedad que hallamos dentro y crece desde dentro. Y capaces también para pronunciar un no contundente y valiente, a los viejos esquemas que nos han mantenido subordinados e inamovibles, sirviendo intereses egoístas, que no han favorecido el crecimiento y desarrollo humano en toda su amplitud, robándonos incluso la libertad. Iluminación y evolución caminan muy juntos, son presupuestos que garantizan los cambios substanciales del ser y la sociedad entera.

Decirte también que, hace tan solo unos días, vengo percibiendo que, el Homo Sapiens, todavía está lejos de ser realmente sapiens. Hemos necesitado millones de años para llegar donde estamos y, con todo, cuánta humanidad está por evolucionar en nosotros para ser verdaderamente sapiens, para devenir comprensivos.

Pienso que es principalmente el místico quien entra en un estado de sabiduría profunda que va más allá del momento histórico que le toca vivir, más allá también de su propia realidad personal. El místico es enriquecido por Dios y comprende. Ve obtener la gracia que le transforma en la imagen y semejanza con qué hemos sido creados, viviendo así el ser en plenitud. Esa realidad es de todos y para todos, sí, pero nuestra extroversión nos impide ser conscientes de esa evolución transfiguradora que va creando más humanidad y más “sapiens” en nosotros. El místico lo va hallando en sí y se transciende a sí mismo. Esto lo sitúa entre el amor y el dolor, el vivir y sin vivir, el tener y no poseer.

A medida que las personas vamos siendo transformadas, cambian también los tiempos; crecemos en comprensión y conocimiento, aunque quede velado por esa otra realidad que se opone a todo bien, como es el Mal en toda su oposición a Dios. Pero nada ni nadie detendrá la imparable y benévola evolución de la humanidad para devenir verdadera “Homo Sapiens”, según el plan amoroso de Dios.

Querida Mara, ¿no percibes que algo nuevo está brotando?, a pesar y más allá, de los negros momentos históricos que estamos viviendo, nada puede detener la transformación de una realidad que nos hará mejores a todos. Nada arranque la esperanza del corazón, ella es ya una tenue centella del gran resplandor de la iluminación mayor. Atención siempre a la humilde esperanza y la confianza, lo grita el profeta: “pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse” (Is 40,31). “Confiad siempre en el Señor, porque él es refugio eterno” ( Is 26,4). “Esperad a que el Señor venga y saque a la luz lo que ahora está en la oscuridad” (“1Co 4,5). Somos los hijos e hijas de la Luz, ¡resplandece ya la nueva faz de la tierra! Ahora es ya tiempo de gracia. Tenemos que comprometernos con el plan santificador de Dios que hace buenas y bellas todas las cosas: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.

Aquí van escritos mis pensares, querida Mara, con toda confianza. Con amor y comunión, tuya siempre.  Nura

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4 respuestas a “HOMO SAPIENS

  1. marivjo 9 agosto, 2019 / 9:52 am

    Mara y Nura…ambas terminadas en RA!!!…Después de leer este escrito que bordea la experiencia mística profunda y el favor de Dios que penetra hasta los tuétanos, me siento -con mucha pena
    y sentimiento de fracaso- muy alejado de tales sentimientos, ¡aunque sumamente atraído y nostálgico de lo que quisiera ser y tener! Mi alma tiene sed de Dios, el que quiero que sea el lote de mi heredad, pero simplemente sigo siendo sediento esperanzado: “cuándo llegaré a ver tu rostro”. Así, sin más, ahí lo dejo.

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    • Anna Seguí ocd 9 agosto, 2019 / 11:11 am

      Tal de necesitamos aprendre a ver el rostro de Dios en la paz de los ancianos, en la alegría de los niños, en la esperanza de los jóvenes y en la belleza de una flor… también lo dejo ahí.

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  2. Angelines 18 agosto, 2019 / 11:19 am

    Querida Anna, que reflexión tan hermosa!!!
    A mi también me llena de alegría saber que estamos en las mejores manos, las manos de Dios, nuestro Alfarero. Como dices, El lleva las riendas de nuestra vida, en sus manos nuestro proceso, que El guía admirablemente, aunque muchas veces no comprendamos.

    Debía esto ser razón suficiente para vivir tranquilos y en paz, sintiéndonos agradecidos. Es nuestra limitación la que quizás no nos deja confiar.

    Ojalá crezca nuestra confianza y esperanza, abriendonos al Dios del Amor que nos busca incansablemente y no se cansa de esperar.

    También creo que la iluminación no es cuestión de efectos especiales, sino de luz interior, de robustez del corazón, como dices, de niveles cada vez mayores de conocimiento y comprensión.

    También me interroga el tema del mal. Es difícil ser consciente y no sentir dolor. Es un tema que nos “obliga” a confiar a manos llenas en esa evolución interior de todas las cosas, y también a poner nuestro granito de arena.

    Pido para mi y para todos esta humilde y frágil esperanza, que trabaja en lo secreto, en el interior de nuestros corazones y de todo lo creado. Un abrazo de hermana, Angelines

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    • Anna Seguí ocd 20 agosto, 2019 / 3:09 pm

      Hola querida Angelines. Tus comentarios siempre me parecen de mucho calado y me hace bien, siempre me siento en comunión con tu decir. Muchas gracias por asomarte con tu propia reflexión y oración. Un abrazo. Anna (Nura)

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