PALABRA DE SU PALABRA

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Queridísima Mara: Llevo un tiempo de gozo interior, sostenido a lo largo de la jornada, sin que los aconteceres, positivos o negativos, me afecten en detrimento de este sereno gozar. Y esto entra también de lleno en los momentos orantes. Es así que, en la oración mantengo una actitud atenta, como si percibiera que Dios, dentro de mí, me pide permiso para hacerme palabra de su Palabra. Y le digo que sí, que lo realice en mí. En la noche, Dios dispone mi terreno para la siembra. Crece la Palabra como trigo para la cosecha. Todo quiere devenir de Dios.

Creo que no se trata solo de ser oyentes de la Palabra, sino ser palabra y vida de la Palabra. Sé que orar ya es en sí mismo amar. Y tras la oración, mantengo una actitud positiva amando y sirviendo, como fruto orante. Percibo como si la oración, el amor, el perdón, el servicio, van modelando y orientando la conducta a seguir en todas las cosas. Y se enciende el fuego de la esperanza. Todo se va transformando.

Tú, querida Mara, sabes de mi dificultad para ser orante, a causa de mi alocada extroversión. Y con todo, cada día me sitúo en una tenaz espera de su presencia. Y tantas veces, cuando quiero hacer silencio, tengo que soportar una realidad interior llena de voces, imágenes, imaginaciones, murmuraciones. Y otras tantas veces tengo que conformarme con ofrecerle a Jesús mi aparatosa imperfección, mi impotencia, mi oscuridad y mis cansancios. ¡Aaayyy!, Mara, quiero ser orante y no sé orar. Entonces, no me queda sino ofrecerle mi pobre intento que, logrado o fallido, solo Él lo sabe. Porque Él todo lo acoge y es quien da valor a las cosas. Esto me pone seguridad. Yo no ceso de disponerme. De una pieza ¡soy de Cristo! Nada me quita esta absoluta convicción.

Y así, me voy conformando con mis ensayos orantes y aceptando vivir la oscura fe. Sé que, amarle, es amar la vida y amar a las hermanas, ellas son su rostro más hermoso. Amar y servir sea mi fruto orante. A Jesús le agrada la sencillez y así me halle, humilde y sencilla. Y siempre volver a orar, que soy orante, no decaiga este empeño. Al descubierto y sin más que la pura fe, insisto en un tenaz intento de saber esperar una Presencia que ya llega. Tengo la convicción de que el rostro de la humanidad, es la faz amable de Dios. Quien ora, no puede ni debe más que amar. Y yo, Mara, sé que Dios me ha traído a este lugar de oración y silencio, para realizar lo que a Él le agrada de mí: que ore, que ame, que sirva, que viva reconciliada con todo y con todas. Muy sencillamente, orar, amar… Y te amo, amiga querida, te pienso y te oro. Siempre tuya. Nura     (Anna Seguí ocd)

2 respuestas a “PALABRA DE SU PALABRA

  1. marivjo 6 diciembre, 2019 / 6:33 pm

    Quiero ser orante y no sé orar… Y yo, Anna, pero ese sentirse atraídos por El, para estar delante de El “sin orar”, ¿no es estarse orando? Yo estoy en su presencia y El me está presenciando, viendo, mirando. Me consuelo y creo que eso sí es orar. Y si efectivamente queremos ser de Cristo enteramente, seguiremos queriendo gozar de su presencia siempre, siempre. A pesar de la sequedad, la noche oscura con las que ya nos vamos acostumbrando a convivir. Pero nada ni nadie nos separará del amor invasivo del Amado. No sé si estoy desvariando!!! Gracias, una vez más, Anna, por compartir tus vivencias.

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