VIVIR LA FE A LA INTEMPERIE

9788427719514

TÍTULO: Vivir la fe a la intemperie
AUTOR:  Juan Martín Velasco
EDITORIAL:  Narcea
Recensión publicada en la revista Nova et Vétera por Anna Seguí Martí ocd

Este libro está pensado y escrito desde la madurez humana y cristiana del autor, que nos ofrece una reflexión creyente, centrada en la dimensión teologal, como fuerza capaz de transformar la vida, llenándola de sentido y hondura, dotándola de alegría, bondad y belleza. Con el deseo de ofrecer ayuda orientativa a quienes se hallan viviendo la fe a la “intemperie”, con dificultades para seguir adelante.

El autor, Juan Martín Velasco, se presenta como aprendiz de creyente, resaltando que, creer y vivir la fe, ha valido y sigue valiendo la pena, gracias a las experiencias de la fraternidad y el amor mutuo que nos sostiene en la esperanza hasta el fin.

La intemperie del desierto, la prueba y la tentación, será lugar de encuentro con Dios y nuevo despertar para vivir la fe, donde se produce la transformación para ser hombres y mujeres nuevos que se saben y sienten hijos de Dios. Una ocasión para saber situarse en la vida y vivirla con fe, esperanza y amor.

El libro invita a contrastar la vida personal con la experiencia que aquí se cuenta y hallar el perfil de creyente que uno va viviendo en el peregrinar de la fe. Enmarcado en dos grandes capítulos: Dimensión teologal de la vida cristiana, y, Tres vicisitudes de la vida humana.

Ambos capítulos se desarrollan en una serie de subtítulos que recogen todo el proceso espiritual y humano de la persona. Desde la fe como opción fundamental, en su interrogante “¿quién soy yo hombre?”, donde se juega la existencia -porque el ser no se da simplemente en nosotros- sino que tenemos que elegirlo y construirlo, hasta pasar de la fe como creencia a la  fe como encuentro. Del asentimiento a verdades, a la adhesión personal; del sometimiento a la autoridad, a la confianza incondicional en quien se nos revela. Responder al Misterio con la actitud del: “Yo creo en Ti”.

Creer es también comprometerse. Ir del encuentro con Jesús al encuentro con los marginados y la acogida a los pequeños. Y la toma de conciencia del valor de todas las culturas, así como el inevitable diálogo entre las religiones de la tierra, conducirá a nuevos perfiles de cristianos en el siglo XXI.

 La alegría de la fe, definida como fruición, el disfrute que acompaña el crecimiento en el propio ser y que repercute sobre todos los aspectos de la persona. La fuente de la alegría cristiana tiene su origen en la Buena Noticia del Evangelio y la resurrección de Jesús; no consiste en la vida satisfecha, sino en una vida entregada.

Destaca la esperanza que no evita los reveses de la vida pero otorga la paciencia y la fortaleza para soportarla. El cristianismo llama a Dios el “Dios de la esperanza” y concluye que “Jesucristo es nuestra esperanza”. Poner el amor en el centro de la vida como lo más valorado por el ser humano. La fe y la caridad llevan al amor verdadero.  Solo el amor habla bien de Dios.

Aborda también el cansancio en la vida espiritual, consecuencia de la condición humana y etapa del camino hacia Dios. Puede tener su raíz en el propio interior del creyente, con el peligro de socavar el cimiento sobre el que construía su vida. Propone fuerzas y recursos para las situaciones de cansancio, actitud de realismo y de paciencia, la fidelidad y fraternidad como remedio eficaz; y la oración confiada pidiendo la ayuda para superar nuestro cansancio.

Por último, reflexiona sobre el arte, nada fácil, de aprender a envejecer. La vida espiritual transforma la experiencia de la vejez, lleva a una opción por los valores transcendentes que hacen valiosa la vida: la verdad, el amor, la belleza, valores que le dan sentido y la justifican. Sobre el lado oscuro de la vejez, la opción creyente puede ejercer un influjo benéfico. La experiencia creyente nos lleva a proclamar: “Yo sé de quién me he fiado.

Y concluye con la fenomenología de la soledad, “sentirse solo” crea una situación de profundo sufrimiento. El encuentro con el Misterio, la muerte, el anhelo de que eso no sea lo último, y ante ella, la actitud confiada de total abandono en las manos de Dios Padre.

 

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