REPARAR EN LAS HERMANAS

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Cuando por delante me acosa la limitación y miseria personal, que en ocasiones experimento de una manera fuerte y dolorosa en mí, surge un desaliento. Entonces ¿dónde hallar un hálito de esperanza que me levante el ánimo decaído? Cuando lo negativo que hay mí me acorrala y paraliza, Dios siempre envía el socorro rescatador, que estimula mi ser atrofiado e insatisfecho. Sucede que, hay momentos que mi mirada es de corto alcance y solo reparo en mí.

Sola no me basto ni me valgo, sola me quedo empobrecida, ¿qué somos sin los demás? Entonces alzo la mirada: “¿de dónde me vendrá el auxilio?”; ¿no debo, acaso, reparar en las hermanas que Dios ha puesto a mi lado? Ellas, en ocasiones, completan lo que falta en mí. Entonces percibo que no somos una soledad, sino una sólida realidad de unión, comunión y comunicación de bienes, una puesta en común, para que, lo poco de cada una, puesto al servicio de las demás, cubra la necesidad de todas. La necesidad particular y la comunitaria quedan abastecidas. Y es que somos esa honda verdad de Eucaristía, no existe el ayuno para nosotros, Jesús nos hace pan de vida y cada una es alimento para las demás, se realiza la comunión mutua.

Ver la maravilla humana de bondad y belleza que lleva cada persona dentro de sí, me hace descubrir que, dentro de mí, hay mucho más de lo que a veces percibo superficialmente. Entonces, se trata de ahondar en nuestro pozo interior, para hallar el agua viva que brota de las fuentes del Redentor. En mí y dentro de mí, está la fuente viva del Resucitado, Él sacia nuestra sed. Mirarle humanado, me pone recursos para vivir y obrar según su humanidad. Todo lo que se me pide es vivir como vivió Él, que “pasó haciendo el bien”. La fuerza del Resucitado, me hace recobrar la ilusión que obra el amor para decir sí a todo lo que es bienaventuranza del Reino. Sembrar pequeñas semillas de Evangelio, para que todo pueda brotar con frescura de esperanza de vida nueva, en la comunión del amor. No levantar muros al amor. Amar y dejarnos amar.

Saber ver y reconocer la grandeza de alma en los demás, en la entrega generosa de sus vidas, al servicio de los hermanos, estimula y pone en movimiento mi propia entrega. Somos pan y vino eucarístico que se ha de regalar para la fiesta de la vida. Somos Eucaristía viviente si damos lo que somos y tenemos. Nuestra pequeñez se dilata y engrandece cuando ponemos en movimiento la entrega del ser en favor de la humanidad. Y es que somos en verdad pan que hace Eucaristía permanente en el cotidiano vivir. Hallar en cada ser humano el Cristo que lo resucita y hace andar en novedad de vida también. Todo nace de lo muy pequeño y humilde, como la sencillez de las flores.

2 respuestas a “REPARAR EN LAS HERMANAS

  1. Carmelo Teresa 17 abril, 2020 / 11:08 am

    Molt bé Anna per aquesta reflexio, jo quan era al carmel de puçol, veia a les germanes con fades que cadascuna em regalava el do que tenia, i així vaig poder-me enriquir moltissim
    Cuideu-vos molt, Estem bé la meva familia i jo, desitjo que vosaltres també ho estigueu
    M. Pilar

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