EL RESUCITADO, SU GRACIA NOS BASTA

Presentación3

En la oración, me he hallado reposadamente en Jesús. Él pacifica todas las inquietudes. Como el mar en calma, calmosa está el alma. Puedo amar con el sosiego de una paz interior, con el gozo de lo bueno y bello que hallo en mí. Un beso amable de Dios deleita los afectos del corazón, los ordena y alegra. Una caricia serena recorre con mano blanda y toque delicado mi ser entero, una ternura, como del amable y suave hacer de Dios. Placidez del Amado a su amada, dichosamente tocada y sanada por Él.

Las cosas de Dios traen alegría y ponen serenidad en todo, no generan inquietud. Contemplar con mirada atenta un hacer que, más que personal, proviene de Otro. El Espíritu Santo obra en mí maravillosamente, lo que yo personalmente, no sabría realizar. Miro asombrada el asomo de un amor que me regala lo que Él es, aquel hálito divino que Dios ha insuflado en mi carne poniéndome semejanza con Él. Sé que todo está llamado y destinado a realizarse en esta bondad y belleza de una creación que Dios miró y vio que era buena, y la bendijo. Somos belleza de Dios.

Es fiesta, siempre estamos de fiesta, la del Resucitado. Él nos ha situado en el nuevo jardín de la redención. Nada queda fuera de esa realidad: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Ahora somos más felices que cuando comenzamos a peregrinar la fe, porque el Resucitado la ha llevado a plenitud y nuestro gozo es vivirla. Su Espíritu alienta nuestro camino realizador, todo cuanto existe está tocado por el fuego del Espíritu, todo reclama y proclama recreación redentora. La humanidad está destinada al amor. Amar y ser amada.

La Pascua es nuestra eterna novedad, ella nos hace plenitud, crecidos en amor, redimidos, alegremente liberados, vuelos anchurosos por los cielos de Dios, planeando nuestra felicidad sin medida. Dios tan mío y tan de todos, ¿qué tememos? El perdonador ofrece siempre nuevas oportunidades de vida en Él. Ir más allá del “sistema oficial” forma parte de la gracia resucitadora que nos pone coraje y nos libera del control de la ley y sus normas. Dejarnos abrazar por Dios y comprender, ver con sus ojos es tener luz. El Resucitado, su gracia, su gracia nos basta. Dios ama lo más oscuro que hay en mí, desciende al fondo de mi ser herido y abraza  aquel desorden y conflicto que yo no soporto de mí y me pone en paz. Sí, el Resucitado, su gracia nos basta.

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