EN MEMORIA DE ENRIC ENRICH

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Queridísima Mara: Creo que nunca te he contado la buena amistad y gran cariño que tenía a un hombre de mi pueblo, que era sacerdote y que, para mí, fue modelo de verdadero discípulo de Jesús. Se llamaba Enric Enrich Coll. Nació en Ferreries el 16 de marzo de 1933. Recientemente, ha muerto de coronavirus. Primero murió su hermana Ángela -a quien siempre estuvo profundamente vinculado-, y que también ha muerto a causa de la epidemia; al día siguiente murió él, como una gracia de Dios que, en la vida y en la muerte, los ha querido mantener unidos. 

Enric vivió su infancia en el campo, y bien insertado en la “payesía” de la isla, creció arando y cultivando la tierra, cosechando mieses y ordeñando vacas. Su personalidad se fue forjando a base de cariño familiar, al abrigo de unos padres que se amaron y le amaron de verdad, y al revuelo de once hermanos y hermanas, que siempre se mostraron unidos, valorando y cuidando la calidez familiar de un hogar humilde y cristiano. La vida en el campo y el clima amoroso que lo envolvía, lo dotó de una sensibilidad humana particular. Era físicamente agraciado, tenía los ojos claros y azules, de mirada limpia y honda como el mar, reflejo de su despejado cielo interior. Fino, de espíritu vivo, amigable, familiar y enamorado de la naturaleza que lo rodeaba. Con gran sentido de la fiesta, fue amante apasionado de la tradición de las fiestas patronales Menorca, mostrando ser un hábil jinete, alardeando del dominio y buen manejo de los caballos, arte ecuestre aprendido de su padre y que festejó muchas veces como “capellana”.

Hombre sencillo y humilde, hecho de tierra labrada y bien cultivada, cultivó también un amor apasionado por Jesús y su Evangelio. Este sentimiento fue creciendo en él con gran naturalidad, como todo lo que hacía y vivía. Así, Jesús se hizo centro de su vida y se dejó polarizar por Él, hasta oír la llamada: “Sígueme”. Y como aquellos primeros discípulos del Maestro, que dejaron sus redes y le siguieron, Enric dejó la placidez familiar y el amado -aunque duro- trabajo del campo, arados y azadas, vacas y caballos, para entrar en el seminario de Menorca, en el año 1949, cuando contaba con 16 años de edad. Allí comenzó su tiempo de formación, dejando que fuera Dios quien labrara la tierra de su corazón. Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1960. Fue prefecto del seminario, profesor y responsable de los seminaristas. En 1964 fue destinado como vicario a su pueblo natal de Ferreries. Aquel destino duró poco, porque a los meses, fue literalmente desterrado a Fornells, diminuto pueblo de pescadores, donde ejerció su ministerio por muchos años.

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¿Qué había pasado para que lo destituyeran de su cargo? El Concilio Vaticano II exhortaba a sacerdotes y pueblo de Dios, a poner al día las nuevas directrices más aperturistas y actualizadas a los tiempos. Enric, recién ordenado, vivió con entusiasmo aquellos aires primaverales, llenos de frescor y novedad. Su impulso juvenil, el vigor creativo y el entusiasmo por lo novedoso, lo llevó a iniciar inmediatamente las misas en lengua vernácula y de cara al pueblo; organizó la juventud y la nueva catequesis. Pero este impulso innovador y aperturista, provocó recelo y miedo en los más conservadores, que lo denunciaron al obispo y este lo destituyó, trasladándolo a Fornells, por aquel entonces, lugar insignificante y olvidado.

Muy joven todavía, aquel destino inesperado y forzado lo hirió profundamente, experimentando una gran soledad y angustia. Su alma quedó al desnudo y como Jesús en Getsemaní, apuró la copa del sufrimiento con todas sus consecuencias. Fue su gran crisis humana y espiritual, que afrontó con amor y dolor, pero le creó una cierta amargura que arrastró durante años, hasta que se hizo la reconciliación y la paz interior. Gracias a Dios, su madre y hermana Ángela, lo acompañaron al destierro y se quedaron con él, ayudándole a asumir y sufrir su gran noche oscura. Ellas fueron los cireneos que le ayudaron a llevar la cruz. Allí aprendió a oír la furia del viento y estremecerse ante el rugido del mar embravecido; gozó la calma del mar amansado, apreciando el vuelo de las gaviotas y el navegar de las barcas. Silencio, soledad, oración y confianza, forjaron su alma, fortaleciéndose como hombre de fe. Siempre tuvo una cosa clara: Jesús era el Amado que daba sentido a su vida unificándola.

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Como sacerdote, siempre se mostró favorecedor de lo muy humilde. Gracias a su pasión por Jesús y el Evangelio, halló fuerza para integrar la sencillez de aquellas gentes de mar, de barcas y pesca, pasando de ser hombre de la tierra a pescador, y lo fue de peces y de hombres. No soportaba lo que era boato, ropajes suntuosos, liturgias opulentas, todo este conjunto de cosas le causaban rechazo, entendiendo que se alejaban de lo puramente evangélico. Seguro de sí mismo y de aquel Jesús pobre y humilde que deseaba imitar, mostró tener una personalidad fuerte y firme, para ser capaz de funcionar de otra manera, al modo de las gentes que le rodeaban, siendo uno más entre ellos, jamás por encima, hasta mostrar una fidelidad afectuosa con todos, sin hacer diferencias. Abierto, espontáneo, creativo; sus misas y predicación, fueron ganando popularidad en unos y animadversión en otros. Como fuera, Enric era un hombre popular que no dejaba indiferente a nadie. Renunció a su paga de sacerdote y se hizo obrero para ganarse el pan y vivir como los demás, esto también chocó a muchos.

Y fue así que lo conocí más de cerca en mi juventud, asistiendo algunas veces a sus misas y manteniendo largas conversaciones con él. Los dos gustábamos de leer autores críticos y abiertos a los cambios. Enric puso en mis manos el libro que, por siempre, marcaría mi propia fe, Ser cristiano, de Hans Küng, que me puso alas y me imprimió la seguridad de un cristianismo edificado sobre Jesús y su proceder, que apostaba por ayudar a las personas y acompañarlas en sus sufrimientos, gozos y esperanzas. Aquel libro me hizo entender que lo distintivo del cristiano es Jesús y el amor que nos hemos de tener unos a otros; la importancia del ecumenismo, buscando la comunión con todos, más allá de las diferencias. Todo esto lo mantengo aún hoy. Así los dos apostábamos por una Iglesia más humilde y sencilla, no tan impositiva, menos excluyente y castigadora.

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Todo este conjunto de cosas, su mentalidad abierta, su espíritu apasionado y la convicción profunda de volver más a Jesús y su Evangelio, hicieron de él un sacerdote diferente, vivo y actual, alegrando a unos y crispando a los más fundamentalistas. Fue molesto también para el obispo y una parte del clero. Pero obtuvo una popularidad y originalidad que siempre sonó como un eco en muchos jóvenes de aquel entonces, que, como él, deseábamos una Iglesia más desnuda, que escuchara y contara más con el parecer de los creyentes, y más parecida a la sencillez y pobreza de aquel Jesús que no tenía dónde reclinar la cabeza. Ya por aquel entonces, tanto él como yo, desafiar el sistema, era una responsabilidad profética como cristianos. Hoy lo sigue siendo para mí.

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La hermana de Enric, Ángela, fue también una mujer muy querida por todos. Con ella mantuve muy buena relación durante los años de mi juventud, que dediqué al deporte, formando parte del equipo de baloncesto y fútbol del pueblo. Ella estuvo vinculada al deporte durante años, ayudando a los equipos femeninos y acompañándonos en las competiciones y entrenamientos, siendo una buena amiga y animadora. La vinculación con su hermano era de gran confianza e intimidad, siempre estuvieron juntos y el amor que se tenían era muy manifiesto.

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La vejez y deterioro de los últimos años lo han pasado en la residencia de mayores, donde han estado primorosamente cuidados, por un personal que pone humanidad y entrega en el hacer; una residencia pulcra en limpieza y calidez de hogar. Hoy, los dos nos han dicho su adiós terreno, para gozar la fe Pascual del Crucificado-Resucitado y vivir ya felizmente en la casa del Padre-Madre para siempre. Todos hemos sentido estas muertes, de dos personas tan queridas por el pueblo de Ferreries, Fornells y toda la isla. Pero también hemos visto como Dios no los ha querido separar ni en la muerte, y los ha llevado juntos a gozar de su amor. Enric y Ángela, gracias por todo lo que habéis significado para los demás. Vuestra mirada penetrante y la luz de vuestros ojos azules, los veremos reflejados en el azul del cielo y en las aguas claras de nuestras playas. Adéu, Enric y Ángela, amigos y hermanos en la fe, hasta el encuentro en Dios. Con amor y esperanza, vuestra siempre.

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Bien, querida Mara, hasta ahí esta historia de amor y pasión de un hombre que, al modo de Jesús pasó haciendo el bien. Es verdad que Enric, al igual que cualquier ser humano, no todo lo hizo bien y seguramente se excedió en algunas cosas; pero también es verdad que, con él, demasiadas cosas se hicieron mal. Al fin, lo que queda y cuenta es el amor, el perdón y la vida ofrecida. Esta es la herencia que nos ha dejado y acogemos. Solo resta decir un amplio y sentido ¡GRACIAS!                                                                                  Sigamos el confinamiento en la feliz Pascua del Señor. Tuya siempre.  Nura                                                                                          (Anna Seguí, ocd)

 

 

 

4 respuestas a “EN MEMORIA DE ENRIC ENRICH

  1. jam1972 2 mayo, 2020 / 5:24 am

    Una gran ejemplo de vida lo que cuentas de tu amigo y paisano, el sacerdote Enric Enrich. Te acompaño en el sentimiento por su pérdida, aunque tu sabes mejor que yo que el, y su hermana, no han perdido sino al contrario han ganado el gozo eterno. Espero que pronto nos veamos. Un abrazo

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  2. elclubdelosdesapuntados 15 junio, 2021 / 9:02 am

    Recuerdo el día que vino buscando trabajo a Gas Menorca, me impacto su decidida personalidad y su limpia mirada. Me contó su condición de sacerdote y la renuncia a su paga, motivo por el cual necesitaba trabajar.
    Aunque en aquel momento no necesitaba a nadie acabé contratándole, con la intención de que se ocupará del almacén pero Enric insistió que prefería salir a repartir para estar en contacto con la gente y así fue, repartía muy pocas bombonas al día comparado con otros repartidores. Un día le pregunté a que se debía su poca venta y me contestó, que en ocasiones iba a dejar una bombona a una casa donde había una persona mayor sola y se quedaba a hacerle compañía.
    Guardo en mi corazón un grato recuerdo de Enric. DEP

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    • Anna Seguí ocd 15 junio, 2021 / 10:30 am

      Quien seas: me han conmovido tus palabras y tu gesto. No puedo más que decirte GRACIAS por la sensibilidad y actitud hacia Enric, en su momento tan original y auténtico. Seguro que, economicamente, con él, había más pérdidas que ganancias. Pero esto no te importó, tú también hiciste un gesto evangélico, y asumiste lo que implicaba la pérdida económica, pero obtenías una ganancia que solo tú y Dios conocíais, y tal vez solo Dios valoraba. Puede que ni tú mismo-a, supieras el valor de tu propio gesto generoso y callado. Gracias. Estás muy cerca del Reino de los cielos. No fuiste menos original que el propio Enric, ni menos evangélico, una rica personalidad humana-cristiana, humanidad de Cristo al fin. Una bondad y belleza tu anécdota, que muchos desconocíamos. Lo he pasado a la familia, estarán encantados, encantada estoy yo por ti. Nuevamente gracias por haber dado a conocer este hecho tan poco frecuente en el mundo de los negocios. Seguro que Enric hoy se divierte con esto. Nosotros también. Un gran abrazo y profunda comunión.

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