CÁNTICO: CANCIÓN 1

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¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

El clamor gimiente reclamando presencia amorosa, es propio de quien la ha vislumbrado y quedado prendado, aunque haya sido en fugaz asomo. Nada polariza y dinamiza tanto el ser como el amor. Cuando una presencia se nos hace atractiva y nos enamora, suscita desde dentro un potencial de energía unificadora, que nos centra y concentra hacia un único objetivo: ir al alcance de la presencia y figura. El hechizo enamorante logra sacar lo mejor de nosotros mismos, nos pone en generoso desprendimiento de todo, para correr solo hacia la persona amada y deleitarnos en solo sus amores y encantos. Tenemos certeza que, dejando todo, no perdemos nada, sino que vamos tras mucha ganancia. El amor nos lanza a aventurar la vida rompiendo límites.

Quien ha gustado luz de amor, causada por la presencia del Amado, de alguna manera ha querido apresarle y quedarse con Él, pero, haciéndose este huidizo, deja solo noticia amorosa. Sucede algo así como en la mañana resurreccional, María escucha su nombre, y reconociendo la voz del Amado, se lanza a sus pies para abrazarlo. Pero el Amado no se deja apresar, y le dirá: “suéltame”. Se esconde para que le busque más adentro, en la fe oscura, que será más auténtica y dichosa que lo palpado sensiblemente. Porque la fe, a decir del Santo, “son los pies con que el alma va a Dios y el amor es la guía que la encamina”. 

Esconderse el Amado es provocar nueva búsqueda para nuevo encuentro. Es la dinámica de andar en amores, de trabajar el amor, de hacerlo más vinculante y más profundo. Cuanto más se busca, más se ahonda y más se goza la presencia. El Esposo tira desde dentro, quiere llevar a la amada al seno del Padre, donde el Amado mora y tiene su “lecho florido”. Y en el mientras tanto de la búsqueda, “siempre le has de tener por escondido y le has de servir en escondido”. 

Dice el Santo que estas comunicaciones y presencias, por altas y subidas noticias que de Dios sean, no son esencialmente Dios “ni tiene nada que ver con Él”. Sin embargo, a nuestro natural le es “noticia” gustosa, que enciende el deseo de amor, hasta sentir el alma herida e “inflamada” buscando al Amado.

Juan de la Cruz afirma que “de Dios no se alcanza nada si no es por amor”. Estar enteros para Él, el corazón para Él, el pensamiento para Él, la afección para Él, la oración y el ánimo para Él, el ser entero para el Amado. Si de veras se ama a Dios y el alma se contenta solo con Él, el gemido es sereno, “en esperanza de lo que le falta”, porque “la satisfacción del corazón no se halla en la posesión de las cosas, sino en la desnudez de todas ellas y pobreza de espíritu”.

La estrella de Belén nos es signo también de la presteza del ciervo en mostrarse y esconderse. Los Magos han visto aparecer una luz diferente y extraña; salen tras ella, pero también se esconde, prosiguen en su búsqueda, hasta que vuelve a aparecer. Cuando se ama, no se cesa en recrear el amor. Lo que se ha descubierto como luz, ahora se busca en fe oscura. “Las heridas de amor” que deja el asomo de la presencia, van cambiando y transformando a la amada, “la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser”, “no sabiendo sino amor”.

Mientras se atrasa el esperado asomo de presencia amorosa, se vive gimiendo en herida de amor. El deseo del Amado, su ausencia, el gemir del alma, todo la va purificando, haciéndola digna de nuevo encuentro. Juan de la Cruz dice que “en las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que la hirió”. Pero es condición del alma desasirse de todas las cosas por el Amado. “Salir; esto es, de su modo y amor bajo al alto amor de Dios”.    (Continuará)

 

6 respuestas a “CÁNTICO: CANCIÓN 1

  1. marivjo 16 octubre, 2020 / 10:07 am

    Estupendo, Anna. Acabo de abrir una carpeta especial para ir guardando todos los comentarios. Muchas gracias.

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      • marivjo 16 octubre, 2020 / 10:19 am

        Siempre fue uno de mis preferidos, ya en mi juventud tenía las obras completas…este verano pasado leí con mucho gusto el libro de Pedro Miguel Lamet “La noche enamorada de S,Juan de la Cruz”

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      • Anna Seguí ocd 16 octubre, 2020 / 10:24 am

        Lo mío es un simple comentario que me ha inspirado una lectura de hace tiempo. Se me ha ocurrido publicarla. Son solo las trece primeras canciones. Algo muy personal y vivencial, no un estudio.

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      • marivjo 16 octubre, 2020 / 10:56 am

        Lo personal vivencial tiene más fuerza que el puro estudio como tal…me remito al texto ignaciano: “no el mucho saber harta y satisface el ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente”: seguro que esto es lo que tú nos vas a transmitir.

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      • Anna Seguí ocd 16 octubre, 2020 / 11:01 am

        Es mi hacer y decir siempre. Todo va dicho desde mi relación amante con Jesús. Él y solo Él es mi inspiración.

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