CÁNTICO: CANCIÓN 2

1200px-1901-09-28,_Blanco_y_Negro,_El_pastor,_Andrés_Solá

Pastores, los que fuéredes
allá por las majadas al otero,
si por ventura viéredes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Tras los toques amorosos del Amado, que ha iluminado el amor en el alma y la ha encendido en ansias amorosas, la amante se siente revitalizada y enardecida, como en un bullicio alegre y festivo. Pero, al esconderse el Amado, le ha dejado penando, a oscuras y en gemido. Clamor interior que le lleva a buscar y “aprovecharse de terceros y medianeros para con su Amado, pidiéndoles le den parte de su dolor y pena”. La amada ve que todo cuanto es creación y criaturas forma parte del hacer de Dios; que todo está llamado a crear una comunión y comunicación de bienes, para que todo traiga y lleve noticia del Amado.

Todo está en servicio y función para apacentar a las almas como “buenos pastores, de dulces comunicaciones e inspiraciones de Dios”. La amada hambrea todo lo que sea “parte y medio para con su Amado”. Va comprendiendo que necesita valerse de quienes también andan “aprovechados”, recibiendo del Amado, lo que en otro momento ella también ha gustado. En su pena y sequedad, se conformará por el tiempo que Dios quiera, alimentarse de los manjares que le comparten las demás criaturas; signo al fin de la comunión que debemos establecer entre nosotros. Nadie muera de hambre a nuestro lado. La comunicación de bienes abastece la necesidad de todos, como el maná en el desierto. “Porque pastor quiere decir apacentador, y mediante ellos se comunica Dios a ella y le da divino pasto, porque sin ellos poco se comunica”. 

¿Quiénes son “los que fuéredes”? La limpieza del corazón y la claridad de los ojos, nos llevan a descubrir dónde está el amor y detectar quién obra con amor. Obrar el amor es ser pastores que traen noticia del Amado. Ya en el A.T., en el tiempo del Éxodo, dos personas, Eldad y Medad se ponen a profetizar. Lo dicen a Moisés para que se lo impida, pero él les dice: ¿Ya estás celoso por mí? ¡Ojalá el Señor diera su espíritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!” (Nm 11,29). Otro hecho semejante lo hallamos en el N.T. Los discípulos le dicen a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; pero se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros. Jesús contestó: –No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro” (Mc 9,38-40).

Cuando estamos en sequedad y a oscuras, nuestra luz y alimento, nuestro sostén, lo podemos buscar en los “pastores, los que fuéredes”. Unas veces hallaremos luz y guía en la lectura de la Palabra; podemos hallar pasto también en la buena teología; en la comunicación y experiencia de otras personas que viven el don de Dios y nos comparten su riqueza; podemos apacentarnos de alguna manera en el decir de otras religiones. Porque, el Espíritu Santo inspira a quién quiere, dónde quiere y cómo quiere. El alma que ve las cosas con la mirada de Dios, ve en las cosas y personas el puro amor y atina descubrir dónde hay buen alimento. Compartir el don de Dios nos ayuda a mantenernos serenos y atentos a la espera del Amado. “Porque ha de entender cualquier alma que, aunque Dios no acuda luego a su necesidad y ruego, que no por eso dejará de acudir en el tiempo oportuno el que es ayudador, como dice David, en las oportunidades y en la tribulación, si ella no desmayare y cesare”.

En el desierto fue el maná. Hoy, el Cristo que nos vive, nos hace el pan que Él es, es decir, ser eucarísticos. Es así que estamos llamados a partirnos y repartirnos para ser comunión para los demás, pastores y pasto para los que buscan a Dios. Nuestro ser eucarísticos es alimento que da noticia del Amado a toda la creación y las criaturas, todo vive por este alimento. Y todo toque, toda presencia del Amado, toda iluminación que nos regala, nos abre no solo a mayor gozo, sino a mayor compromiso real y eficaz en la construcción del Reino de Dios en este mundo. Una Iglesia de pastoras-es apacentadoras-es.

El Resucitado se ha mostrado asomando por el otero. La fe es el testimonio cierto de estas apariciones en el alma de la amada. Apacentar será por siempre dar razón con la vida ofrecida de la fe que nos sostiene y alumbra. Fe que es alegre en la esperanza y gimiente en el deseo, hasta ver cumplido el encuentro definitivo, y pase al fin este adolecer, penar y morir. Las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, unidas a las virtudes teologales, fe esperanza y caridad, están en su pleno proceso de búsqueda, comprensión y unión.

2 respuestas a “CÁNTICO: CANCIÓN 2

  1. María Catalina 24 octubre, 2020 / 3:21 am

    Gracias Anna ¡Qué bello todo! Gracias por compartir estas reflexiones de nuestro santo padre

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