ESPERANZA COMO LUZ Y CAMINO

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La esperanza es una fuerza firme, una luz que ilumina la llegada de lo que se espera, la esperanza se apoya en la fe y “tener fe es tener la plena seguridad de recibir aquello que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos”. Nuestros antepasados fueron aprobados por Dios porque tuvieron fe” (Hbr 11,1). Tuvieron fe y peregrinaron en esperanza de que Dios iba a realizar cuanto esperaban. No podemos ser menos que aquellos que nos precedieron. 

 El tiempo de Dios ha llegado. Saberlo detectar, verlo y caminarlo es reto y tarea. ¿Cómo construir esta novedad que nos insta a ser creativos? ¿Cómo iniciar un cambio radical? ¿Cómo abrir un camino de liberación ante el sistema eclesial, cerrado, controlador e impositivo? ¿Cómo crear una manera de ser y hacer Iglesia más participativa, de diálogo y consenso, de confrontación entre iguales? “Yo realizo algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer” (Is 43,19).

Dios ha puesto en nuestras manos la tarea de hacer real y eficaz el Reino y su justicia. Toda exclusión y toda imposición es un atentado contra el querer libertador de Dios que nos ha hecho hijos e hijas, iguales en imagen y semejanza suya. En Jesús no hay discriminación, Él nos humaniza para hacer de nosotros rostro humano de Dios. Que Dios se anda en medio de esta humanidad por medio de cada persona. Ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, ni blanco ni negro, lo que cuenta es que somos divinidad encarnada y encarnación divinizada, somos lo que fue la encarnación de Jesús, somos los hijos e hijas en el Hijo amado y somos lo más grande: expresión de su Amor, cuando nos servimos unos a otros tal como lo hizo Jesús, lavándonos los pies y creando la comunión. Dios actúa donde hay amor y servicio, no donde hay mandones y mandados. Solo el amor hace posible cambiar la realidad. “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27).

Una cosa es clara, Jesús no quiere que llamemos a nadie “maestro”: “Vosotros no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros todos sois hermanos” (Mt 23, 8-11). No puede haber una autoridad dogmática que imponga uniformidad para lograr una falsa unidad. La grandeza radica en acoger las inspiraciones del Espíritu en su original pluralidad y crear la comunión y comunicación con lo diferente, lo plural y hasta lo diverso. Dios se nos hace amigo y amante, Él es engrandecedor de bondades y de bienes, y nosotros tendemos a controlar y empequeñecer. A Él debemos mirar, Él es el único Maestro, atención a Dios en lo interior.

Si nos amamos como hermanos, el mayor signo del amor se muestra en respetar las diferencias. El otro y su diferencia está puesto para que le ame, para que me sea espejo de cómo amo en verdad. Ha nacido una esperanza que ya es camino avanzado y es que, toda altivez será abajada y toda sumisión levantada. “que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale” (Is 40,4). Porque Dios nos quiere así: hermanos, amigos, ayudándonos, juntas las manos, construir la Shalom de Dios. “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros” (Jn 13,34).

Esperanza de Dios: cielo que viene a nacer en nuestro suelo, vida de Dios para felicidad de todos. Esperanza de Dios: sencillez en las relaciones y acuerdos comunes. Esperanza de Dios: igualdad de derechos entre los hijos e hijas de Dios. Esperanza de Dios: acogida plena, no discriminatoria, para la homosexualidad, raza o condición social. Esperanza de Dios: Deponer las armas y crear una cultura de la paz y la ternura. Esperanza de Dios: unidad entre las religiones, no mirar lo que nos separa sino lo que nos une. Esperanza de Dios: nadie sin techo, sin pan, sin trabajo, sin dignidad humana. Esperanza de Dios: Cáritas; Banco de Alimentos; Open Arms; misioneros; orantes; médicos sin fronteras. Esperanza de Dios: no a la discriminación de la mujer en la Iglesia. Esperanza de Dios: Jesús humanado, crucificado, resucitado, salvación para todos. “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos” (Mt 20,28). 

La esperanza es luz para el camino, aunque sea de noche. La esperanza es tener seguridad que siempre hay posibilidad para lo bueno y bello, para la liberación y la vida feliz. La esperanza es saber esperar lo que no se ve, pero se intuye en el corazón y nos mantiene en la plena confianza en Dios. “Esperanza de cielo tanto alcanza cuanto espera” (San Juan de la Cruz). Las personas necesitamos vivir de esperanza, saber que nada está perdido para siempre, que Dios nos regala su vida para asegurar nuestra felicidad en el amor. La gran esperanza para nuestro mundo es saber que el amor es la fuente de todos los bienes y estar prontos para vivirlo, una opción para vivir amando, acogiendo, salvando, liberando, curando. El amor fraterniza la vida y amar es vivir vida de Jesús que amó hasta entregarse por nosotros y morir muerte de cruz. “Sí, vengo pronto.” Amén. ¡Ven, Señor Jesús! Que el Señor Jesús derrame su gracia sobre todos” (Ap 22,20-21).

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