EN MEMORIA DE HANS KÜNG

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Queridísima Mara: Muchas gracias, por ser la primera persona -junto con mi comunidad-, en darme el pésame por la muerte de mi querido teólogo Hans Küng. De él me sale decir, con palabras bíblicas dedicadas al profeta Elías: “Surgió un hombre, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. ¡Qué terrible eras, Elías (Hans Küng)! No hay nadie tan glorioso como tú. Dichoso quien te vea antes de morir (y más dichoso tú que vives)” (Eclo 48).

Gracias a la teología de Hans Küng aprendí a vivir la fe desde la confianza radical en Dios. Él me enseñó que, referente a la fe, todo hay que vivirlo a partir de la confianza en el Dios Padre-Madre con entrañas de misericordia. Una confianza que no es sino el abandono del bebé en los brazos de su madre. Su libro Ser cristiano -leído cuando era muy joven-, me impactó de tal manera que, por siempre, Hans Küng ha sido mi teólogo preferido, me he apoyado en su teología y en su Verdad controvertida. Su visión de ser cristiano y ser Iglesia, su diálogo con las religiones, su sentido crítico en favor de la superación jerárquica, el valor de la fe y compromiso activo; el diálogo con el pensamiento moderno. La viva esperanza de una Iglesia puesta al día; la defensa de la supresión de la infalibilidad papal, en favor de una Iglesia indefectible como portadora del mensaje de la salvación de Jesús y su Evangelio como realidad a vivir. Todo junto, ha sido algo motivador en mi propio seguimiento de Jesús y optar por una vida para el Evangelio. He leído la mayor parte de su obra, y con él, he crecido en espíritu crítico también y en fidelidad a Jesús y a una Iglesia encarnada en la realidad de cada momento histórico.

De fondo, siempre he tenido presente su definición de Ser cristiano: “No es cristiano el hombre que nada más procura vivir humanamente, o socialmente, o hasta religiosamente. Cristiano es, ante todo, y solamente, el que procura vivir su humanidad, socialidad y religiosidad a partir de Cristo”. Y añade: “Lo distintivo del cristiano es Cristo mismo”. Y afirma que, según el Nuevo Testamento: “Ser cristiano no consiste en asentir a este o aquel dogma sobre Cristo por excelso que sea ni en aceptar una cristología o teoría sobre Cristo, sino en creer en Cristo y en seguirlo”.

Y su definición de la Iglesia: “El nacimiento de la Iglesia solo puede explicarse a partir de la fe en el Jesús resucitado a la vida: La Iglesia es la comunidad de los que han abrazado la causa de Cristo Jesús y la atestiguan como esperanza para todos los hombres”. “Su fundamento primero no es un culto propio, una constitución propia o una organización con ministerios definidos, sino única y exclusivamente la profesión de fe en Cristo Jesús: Iglesia de Jesucristo”. Y su definición de la misión la expresa así: “La misión de la Iglesia es servir a la causa de Cristo Jesús en todos los órdenes; esto es, no desfigurarla, sino realizarla en sí misma según el Espíritu de Cristo Jesús y darle su debido relieve dentro de la sociedad actual como esperanza para todos los hombres”.

Destacar también la gran labor realizada en favor de un ecumenismo cristiano y el diálogo con las religiones. Recalco su famosa frase en favor del diálogo para lograr la paz mundial: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones; ni habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones; ni habrá diálogo entre estas sin el estudio de sus fundamentos”.

Y sus palabras en favor de las mujeres. Ante una Iglesia que, tanto sus estructuras y ministerio, es una realidad dominada por solo varones, Hans Küng apela a una integración de las mujeres en los diferentes órganos decisorios. Pide para nosotras el diaconado, por el hecho de que existió desde los orígenes, y dice también que no hay razones teológicas para no ejercer el presbiterado. Aduce que: La constitución exclusiva de los Doce debe ser entendida desde la situación socio-cultural de entonces”. Dice que la exclusión de la mujer no puede remitirse a Jesús. Y añade: “Tanto Jesús como la primitiva Iglesia, en orden a la valoración de la mujer, fueron por delante de su tiempo; la Iglesia católica actual va renqueando detrás de su tiempo y de otras Iglesias cristianas”. Él ve claro que todo depende de una decidida voluntad de verdadera reforma, y afirma: “Es llegado el momento de que se garantice a la mujer en la Iglesia la dignidad que le compete y su correspondiente puesto jurídico y social”.

Por último, y ya en su larga enfermedad, todavía difundió una pequeña joya sobre La oración y el problema de Dios: Está escrito como un canto con encanto poético, con autenticidad y convicción profunda, apelando a la fe confiada del creyente. Una convicción orante traspasa todo el libro. Y ante la crisis de oración, no pone el problema en cómo hemos orado en el pasado, sino afrontando el presente para entrever cómo podemos y debemos orar hoy, porque: De hecho, la crisis de la oración es una crisis de fe en Dios en general”. Y remarca un sí grande a la oración, no para que satisfaga nuestros deseos, sino, bien cimentada en la búsqueda de la voluntad de Dios, como única realidad que constituye nuestro bien. Lo resalta así: Su voluntad es el bien, el verdadero bien de los hombres: es bueno lo que Dios quiere.

¿Qué decirte más de este hombre tan admirado y querido? Hans Küng ha muerto y mi corazón llora. De él me quedo con aquella convicción decisiva suya que hago mía: “Lo que sí es decisivo es que, el hombre, en el bien y en el mal, no abandone nunca su confianza absoluta en Dios”.

Castigado por la mano dura de Juan Pablo II, Hans Küng dejó de pertenecer a la Facultad de Teología de Tubinga. Aunque mantuvo su cátedra de Teología Ecuménica y Dogmática.

El Papa Francisco ha bendecido a Hans Küng antes de morir y “Se sintió en paz con la Iglesia y con Francisco”. Hans Küng ha entrado en la Gloria de Dios y vive ya su Pascua eterna junto a su Amado Jesús. Gracias querido hermano y admirado teólogo. Disfruta ya de la ansiada y buscada Verdad plena.

Y nada más querida Mara. Tengo pena, sí, mi corazón llora por su adiós terreno y porque le quise de verdad. Sé que desde el cielo iluminará mi camino en la fe, recorrido a oscuras y en confianza como lo vivió él también. Un abrazo y en comunión. Nura   Anna Seguí ocd

4 respuestas a “EN MEMORIA DE HANS KÜNG

  1. marivjo 7 abril, 2021 / 6:17 pm

    Fenomenal, ANna, este artículo sobre l’enfant terrible. Y no sé cómo (bueno, después de leerte, sí lo sé) has destacado esas líneas fundamentales y maravillosas que marcan desde el principio su teología. Comparto absolutamente todo lo que dices y me declaro yo también fan suyo. Lo soy desde que allá por el curso 1969-70 (madre, dónde queda eso) tuve que hacer un trabajo sobre eclesiología y elegí como base del mismo…¡lo has adivinado! «La Iglesia». Estaba calentito todavía y yo creo que fue como una consecuencia del Concilio. Me alegro mucho de este artículo al que doy publicidad. Un abrazo dentro de la Iglesia de Jesucristo resucitada y resucitadora, como el maestro la veía.

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    • Anna Seguí ocd 7 abril, 2021 / 6:25 pm

      Que alivio tu decir, muchas gracias. Yo sigo leyendo sus libros, todo en él tiene una hondura que no hallo en nadie más . La frescura de su teología sigue siendo una esperanza para la Iglesia, para los que seguimos en ella. Seguimos en comunión y gracias por decirme estas palabras.

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  2. Emilio Martínez 7 abril, 2021 / 6:33 pm

    Muchas gracias Anna. Con sus luces y sus sombras, que las tenia como todos, un hombre de Dios

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