EN LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN

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Queridísima Mara: Te dedico este escrito a ti y a todas aquellas personas que sufren la penosa angustia en las largas noches oscuras de la transformación. Todos y todas sois Mara.

En los procesos de transformación, querida Mara, en ocasiones de mucho dolor y espanto, el ser queda oscurecido y penando el alma. Se experimenta ser trastocada y descolocada, alterado el sentimiento, solos los afectos, emperezada la voluntad, oscurecida la imaginación, inhabilitada la acción, enmudecida la palabra, turbio el pensamiento, entumecida la psique, el humor malhumorado, la actitud crispada, ensombrecida la mirada. Sentimiento de muerte al fin y de larga duración.

Sí, Mara, es algo así como vivir sin ser; estar desactivada; permanecer sin voluntad; sentir sin sentir; entender sin comprender; existir sin crear, obrar sin lograr; convivir sin relacionarse; el afecto sin amar y el pensamiento sin saber. Cansancio de la propia existencia y penar.

Te aseguro que es como estar en una situación de fuego de fundidor, quemada el alma, golpeada a martillo de yunque. Se malvive en esta situación de desfiguración humana, en estado de bajura, soledad y penuria de infierno. Una oración seca, una lejanía de Dios, un clamor mudo y desgarrador. Un dejarse hacer en el desastre de no gobernarse. Y aún me digo: sé que existe Dios, y es Él quien me sostiene en este proceso.

Y en estas condiciones, permanecer en fe oscura y segura, en esperanza temblorosa pero cierta, la confianza en zozobra, pero fiel, permiten soportar el largo proceso negro y sufriente de transformación. Sacar fuerzas hasta dejar que llegue el momento que lleva de la oscuridad a la luz, de la imposibilidad al logro, del no saber a la comprensión, de la sequedad al sabor de todos los gustos y frescor de los aires amorosos. Del sin sentir a los cálidos afectos del amor, del temor al coraje y del encerramiento a la libertad. Se rompen las cadenas que nos atan y se quiebran los yugos de la esclavitud. Experimentar sanación libertadora.

Al fin, Mara, la transformación realizada se hace sentir y ver. Personalidad nueva, encarnación humanizada. En el corazón florecen las flores del jardín de la redención. La actitud es ahora frescor primaveral, todo es dilatación, libertad y vuelo, camino abierto. Se inicia una convivencia creadora de comunión, afectos que se expresan en amor, apertura que acoge y cariño que todo lo abraza en beso amoroso de paz y libertad. La alegría es hermoseada y la mirada clarificada. Simpatía del humor y suavidad en lo relacional. Se avivan las brasas que fenecían entre las cenizas.

Decirte, Mara que, Dios, sin ser visto, asoma asombrando, y la oración es acción de gracias. Hay una nueva disposición interior que a todo dice que sí, en este sabor de amor. De la interior bodega manan los mejores vinos para el banquete de la fiesta. Dios nos quiere en fiesta, y realizamos la Eucaristía compartida, regalo del Amado. Hijos e hijas que se sientan a la mesa universal que reúne toda la humanidad. El jardín ofrece sus flores, la tierra sus frutos y la viña sus vinos. El aire su música y los invitados la danza. Respiro de personalidad nueva, degustación de redención de Cristo. Hijos e hijas de Dios libres, señoras, amadas y amadoras. Nadie vive de las sobras, la fraternidad nos hace acogedores, hogar para todos, justicia del Reino de Dios que abastece la humanidad entera. Somos los hijos e hijas y señoreamos.

Tras la noche, asoma la fiesta. Que sí, que Dios nos quiere festeros. Permitirnos la certeza de que realmente Cristo nos ofrece una vida nueva. No alcanzo una seguridad plena, pero cada plenitud regalada me lleva a decir: Hay vida nueva, la que saboreo en esta hora, la que se me va dando tras cada muerte que experimento. Voy más allá de las negras experiencias de sufrimiento y muerte. Es la vida que siempre nos espera.

Mara, sé que, el gusto por Dios se verá cumplido, como cumplidos veo los momentos de liberación. No me quedo en la pena, puedo sonreír esperando la vida en Cristo Jesús. Aun puedo cantar la alegría pascual: “¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!”. Puedo seguir aceptando los sufrientes procesos de transformación. Al fin, lo que se impone es la vida de Dios en el Resucitado que nos resucita.

Querida Mara (todos los que me leáis), ojalá os llegue este decir y os sea de alguna ayuda. Con amor y comunión.  Nura.     (Anna Seguí ocd)

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