SENTIRES DEL ALMA XVI

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  • Paseaba en silencio por el campo, la hierba verde y fresca de la primavera era un canto de color. El vuelo de las palomas un mensaje, y escuché en el silencio. Dios habló: “Yo Soy el que Soy”; “Ve, yo te envío”. Y comienza a cambiar la realidad. La libertad se abre camino porque Dios va por delante, atento a la necesidad.

  • El Jesús que me vive me abre a acoger el misterio de Dios, mi humanidad es engrandecida por el Amado, para ser amor del Amor. Que Dios no tiene más amor que el que nos comunicamos unos a otros. Amarnos es ofrecer nuestra eucaristía, que somos pan de Dios. Comamos y bebamos esta fiesta de comunión y comunicación. Jesús nos dice a todos y todas: “Haced esto en memoria mía”. Que no es privacidad de una élite, es el sacerdocio de todos y todas. Celebrar lo que somos en Cristo Jesús.
  • Acoger el misterio que cada ser humano lleva en sí, (Dios mismo). Las profundidades de cada persona son misterio del Dios que nos vive. No toquemos a nadie y jamás juzgarle. Dejar a cada uno ser él mismo. Que Dios nos lleva y llena de Él. Somos Sagrados. Dios se arrodilla ante su criatura. Arrodillémonos ante los hermanos, para lavarnos los pies unos a otros. Comamos juntos y fraternizados la eucaristía que somos. Y festejemos a un Dios tan amable.
  • Abierto el pecho a esta soledad, te miré crucificado. Entonces percibí todas las presencias, y asumí la humanidad. Nunca estamos solos, Tú, Jesús encarnado-resucitado, llenura de nuestro ser. Tú eres toda la humanidad que estamos llamados a ser.
  • Los puentes se inventaron viendo darnos las manos y tender los brazos. Dos personas se abrazan. Dos tierras se alcanzan y enlazan. Los puentes crean la comunión y comunicación de manos y abrazos.
  • Desde que murió mi madre, siento mayor cuidado por cada persona mayor que tengo a mi lado. Cuidar una belleza oculta, la que ya toca las puertas del cielo. Delicadeza y cuidado es la mejor herencia que mi madre me ha dejado. Todo servicio es prolongación del amor.
  • Las mujeres, a lo largo de la historia, hemos sido excluidas de todo. En la Iglesia se nos ha impuesto silencio y se nos ha negado el sacerdocio. La institución nos ha excluido de aquello que nos da derecho el bautismo y el ser hijas de Dios, nuestro sacerdocio en Cristo. ¿Cómo abrir un cambio radical de liberación? Comenzarlo a caminar, no esperarlo de la Institución, Dios nos lo está regalando. Nuestra libertad es avanzar. Ninguna mujer se apoque ante este camino de libertad. Avanzar, aventurar la vida en ello.
  • Ya no es tiempo de esperar que se nos conceda la igualdad, ya es tiempo de tomarla. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, las exclusiones las hacen los hombres, no son de Dios, no de Jesús, no de su Evangelio.
  • La libertad rompe el yugo de las imposiciones.
  • Solo creando la fraternidad lograremos un trato entre iguales. Si no nos miramos como hermanos y hermanas, unos serán amos y otros esclavos. Jesús nos iguala humanizándonos y fraternizándonos. “vosotros no os hagáis llamar maestros por la gente, porque todos sois hermanos y uno solo es vuestro Maestro” (Mt 23,8).

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