CÁNTICO: CANCIÓN 10

mirando

CANCIÓN 10

¡Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos
y solo para ti quiero tenellos!

Reitera la amada, una y otra vez, que el Amado ponga fin “a sus ansias y penas”. Quien anda en amor, solo el Amado serena las ansias y los reclamos amorosos. Ver al Amado es satisfacer el deseo del corazón de la amada. Verle, clavando los ojos en solo esta mirada, nos recuerda el texto de Hebreos: “Fijos los ojos en Jesús” (Hbr 12,2). Y la Santa: “Los ojos en vuestro Esposo”; “Los ojos en Cristo”. Y en el Cantar de los Cantares: “Yo soy como una muralla, y mis pechos como torres. Por eso, a los ojos de él, ya he encontrado la felicidad”. Todo lleva a mirar y ver con deseos irrefrenables. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIONES 8 Y 9

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CANCIÓN 8

Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti recibes?
 

La amada se interroga a sí misma: ¿cómo perseveras, ¡oh vida!, no viviendo donde vives? Su estado de gemido y dolor es también de aprovechados, porque sus ansias y vida es en Dios. Todo su ser y pensar lo tiene en Él. Y todo lo que de Él recibe le hace penar, hasta morir, por no tenerle a Él mismo en posesión plena. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIONES 6 y 7

mensajero

CANCIÓN 6

¡Ay! Quién podrá sanarme?
¡Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero!
 

Amor y dolor crecen juntos. Las noticias que el alma recibe de las criaturas le aumentan el amor, y la ausencia del Amado, el dolor. Solo la presencia puede satisfacer su deseo y calmar el dolor, porque: “la cual voluntad no se contenta ni satisface con menos que su visita y presencia”. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIONES 4 y 5

 

bosques

CANCIÓN 4

¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras
de flores esmaltado!,
¡decid si por vosotros ha pasado! 

Con esta nueva canción asoma un nuevo estado del alma, abierta ahora a la contemplación, admiración y comprensión de todo lo criado. Creación y criaturas son contempladas e interrogadas con la esperanza de hallar en ellas algún rastro, noticia o hálito del Amado. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIÓN 3

 

buscando

Buscando mis amores
Iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores
ni temeré las fieras
y pasaré los fuertes y fronteras.

En cada canción se va detectando un movimiento evolutivo y un dinamismo del ser. No permanecemos estáticos, siempre estamos en permanente proceso de transformación. Se aprecia que cada canción es un estado del alma diferente al anterior. Dice el comentario en esta tercera canción: “El alma que de veras a Dios ama no empereza hacer cuanto puede por hallar al Hijo de Dios, su Amado”. La amante, ya no puede detenerse ni conformarse con “pastos y pastores”. El alma oye en su corazón: “buscad mi rostro”. Y responde con fuerza y coraje: “Tu rostro buscaré, Señor”; y el gemir del alma: “no me escondas tu rostro”. Es así que surge desde dentro, una decidida voluntad de romper el límite que le detiene, porque ya no le valen terceros. Toma el riesgo de lanzarse a la aventura y buscar a solas al Amado. Nuevo desprendimiento, se vuelven a dejar cosas, asumiendo el riesgo de esa nueva búsqueda hacia lo desconocido. Comenta el Santo: “ni bastarán a detenerla e impedirla este camino todas las fuerzas y asechanzas de los tres enemigos del alma, que son: mundo, demonio y carne”.  Sigue leyendo