SENTIRES DEL ALMA VIII

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  •  Nací en Menorca, pequeña isla balear, hecha de tierra, piedra y mar, de viento y de sol, bajo el techo del cielo azul. Pertenecí a este lugar que me configuró. Hoy es un recuerdo amable de lugares y playas de ensueño, de juegos y colegio, de juventud y placeres de amor. Menorca es el hogar donde el nido ha quedado vacío. El amor navega en una barca. Hoy toco tierra, mañana vuelvo a zarpar. En mi corazón Menorca, el viento, el cielo, una barca y el mar. 

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BELLEZA DEL ALMA ENAMORADA

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Orar, en ocasiones es permanecer conformada ante una inmensa nada y una abrumadora soledad. Y perseverar orante en estas condiciones, sin ver, sin saber, sin entender, es engrandecer la confianza y abrir un amplio cauce a la esperanza. El Amor nos envuelve aun sin sentirlo sensiblemente. Permanecer orando y confiando, es ya amar y ofrecer un servicio amoroso a la humanidad. Al fin, la fe me dice que soy y estoy vivida. Sí, me sostiene vivir vivida. Y soy en el que me vive. Sigue leyendo

EL MONASTERIO Y LA CELDA

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Vivo en un monasterio grande y agradable, con espacios amplios y llenos de ventanales. La luz se cuela por todas partes y lo ilumina todo. Situado a las afueras del centro urbano, en una suave elevación con vistas al pueblo, al mar, al cielo, al Monte Picayo, hasta visualizar las históricas murallas del histórico poblado de Sagunto. Las paredes son blancas, hay abundantes pinos, algarrobos, falso pimentero, acacias, olivos, higueras y naranjos que lo bordean y alegran. Todo pensado para hacer la vida agradable, y en verdad logra este cometido. Sigue leyendo

HACER FLORECER LA TIERRA RESECA

Handful Of Soil And Flower Buds

Muchas veces orar es una actitud de espera que en algunas ocasiones resulta penosa. Contemplar nuestra tierra yerma, improductiva, seca, hostil. Ante esa realidad, se pena y zozobra, porque no siempre nos mantenemos serenos y conformados en estas condiciones de aridez. La carne y la sangre, el ser entero, si no van alentados por el Espíritu Santo se tornan tierra reseca. Constatamos que, sin Dios, no podemos nada. Él puede hacer florecer la tierra árida del corazón. Sigue leyendo