ADORADORES ADORADOS

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La gracia del ser humano, de cada persona y de toda la humanidad, es que somos amados y adorados por Dios. Más que adoradores de Dios, somos adorados por Dios. Adoradores adorados. La adoración de Dios a su criatura amada, llega a la postración en el lavatorio de los pies. Sigue leyendo

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TÚ, NUESTRO TEMPLO

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Señor Jesús, en Ti se acabaron los templos, porque Tú mismo eres nuestro Templo donde morar y vivir. En Ti, fuente de vida, se acabaron los ritos, rituales, y ritualismos, para “adorar en espíritu y verdad” (Jn 4,24).  En Ti, solo vale el culto de la fraternidad, donde, por el amor de unos con otros, el mundo conoce el Amor de Dios. Este es el culto que acepta y agrada al Padre. En Ti y por tu ejemplo, descalzarnos, despojarnos, abajarnos, hasta servirnos mutuamente, “el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos” (Mt 20,28). Vivir en una sencilla y sobria dignidad humana, la que nos iguala porque nos descubre como hermanos, la que cubre la necesidad.  Sigue leyendo

AMAR AL OTRO

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Amar, ¿no es acaso aceptar al otro en su realidad de gracia y pecado? Sí, amar es gozar la bondad y belleza que hallamos en todo ser humano. Pero amar es acoger también el pecado y la oscuridad que hallamos en el otro, haciendo del amor el mejor acompañamiento para trabajar juntos una gozosa liberación, una sana armonía, una feliz reconciliación. El amor tiende siempre la mano al amigo y hermano, mira de frente con esclarecida transparencia y con la bondad del perdón tantas veces que sean “setenta veces siete”.  Sigue leyendo

ORAR LO TEMPERAMENTAL

 

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Orar mi realidad personal y temperamental, los valores y las carencias, con humilde aceptación. Ponerme abiertamente al desnudo ante mí misma y ante Dios, es dejar que Él desactive la bomba temperamental prontamente explosiva que hay en mí. Orar, es mantenerme adherida a Jesús, acogiendo el amor con el que me va pacificando las agresiones y armonizando los desajustes, haciendo posible un sano equilibrio dentro de mí. Orar me dulcifica, serena y atempera. “Mas mirad, Señor, que ya sois Dios de misericordia; habedla de esta pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve. Mirad, Dios mío, mis deseos y las lágrimas con que esto os suplico y olvidad mis obras, por quien Vos sois” (S. Teresa).

Relacionarme con Jesús consolida y robustece bondades del corazón, haciéndolas aflorar hacia fuera, con actitudes amorosas y consoladoras para los demás. Orar nos permite obrar según el modelo que hallamos en Jesús, su bondad, su alegría, justicia y paz: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Orar es una siembra de paz, un permitir al Hortelano que trabaje nuestra tierra del corazón, arrancando la cizaña que ahoga el crecimiento del trigo. Somos espigas llamadas a ser pan, para saciar el hambre del mundo y paz que produce felicidad. Orar, creer en Jesús, es alumbrar panoramas evangélicos dentro de nosotros, para ser sembradores y portadores de la Buena Nueva del Reino de Dios a toda la humanidad. Orar es relación amorosa con Jesús, que nos lleva a la relación de amistad y amor con las personas, relación sanadora y libertadora. Relación transformadora del ser y del hacer. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto” Jn 12,24-26). Orar para que se dibuje en nosotros la imagen y semejanza de Dios. Quede lo temperamental armonizado y robustecido por el amor que todo lo transforma. Adquirir al fin la mentalidad de Cristo Jesús para obrar como Él. El amor es la fuente de la salud que trae consigo todos los bienes.

SER PROBADO

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Cuando nos sobreviene la prueba inesperada, experimentamos la desolación y la tribulación. Hasta la desesperanza intenta instalarse en el corazón. Es el tiempo de la purificación interior. Aceptar ser despojados de todo lo que nos era amable y seguro, estremece el ser porque somos puestos a la intemperie que hiere y lacera. Quedar al descubierto y al desnudo es experimentar la pobreza al límite. Aceptar la prueba nos deja en soledad, dolor y silencio, en desconcierto. Y tantas veces pasamos por ello en la vida.  Sigue leyendo

JARDINERO FIEL

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Lo esencial de la vida del Reino de Dios está dentro de nosotros. Cristo Jesús, el Resucitado, mora en nuestro interior y a estarnos con Él nos invita: “Me voy a prepararos sitio” (Jn 14,3). Todo está dentro, la vida del Reino surge de dentro hacia fuera, por eso, lo esencial está naciendo en nuestro interior, como una semilla que quiere germinar y dar fruto. Nuestro jardinero fiel nos trabaja en lo íntimo.  Sigue leyendo