CANCIÓN 13

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¡Apártalos, Amado,
que voy de vuelo!
Esposo
¡Vuélvete, paloma
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma! 

Aun pareciendo que el Amado se tarda en sus asomos, ningún ansia y deseo de Él queda sin respuesta de parte de Dios. A los gemidos del alma reclamando presencia, el Amado visita a la esposa “con grande fuerza de amor”. La amada queda correspondida y sobrepasada en el reclamo que viene haciendo al Amado. Sigue leyendo

CANCIÓN 12

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¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

El diálogo de la amada ya no es con el entorno, sino con el Tú que lleva dentro. El lenguaje de la fe será el único medio para la verdad oculta y amorosa que vive con el Amado: “Oh fe de mi esposo Cristo, si las verdades que has infundido de mi Amado en mi alma, encubiertas con oscuridad y tiniebla / las manifestases ya con claridad / lo mostrases y descubrieses en un momento / formada y acabadamente, volviéndolas en manifestación de gloria”, sería ver la “cristalina fuente”, la imagen deseada del Amado viva y clara, “fuente” donde saciar todas las ansias y llenarse de todo el bien que es ver y poseer al Amado. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIÓN 11

DESCUBRE

CANCIÓN 11

¡Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y figura!
 

En esta canción, el alma da muestras de un profundo conocimiento de la obra de gracia de Dios en las criaturas. En este caso, del conocimiento de sí como amada y lo que Dios obra en ella.

Beneficiada en toques amorosos, sigue gimiendo por lo que le falta y por esconderse el Amado. Pero ya está tan llegado el amor y llagada el alma, que pide abiertamente morir con tal de ver ya la hermosura del Amado y su adorable presencia. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIÓN 10

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CANCIÓN 10

¡Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos
y solo para ti quiero tenellos!

Reitera la amada, una y otra vez, que el Amado ponga fin “a sus ansias y penas”. Quien anda en amor, solo el Amado serena las ansias y los reclamos amorosos. Ver al Amado es satisfacer el deseo del corazón de la amada. Verle, clavando los ojos en solo esta mirada, nos recuerda el texto de Hebreos: “Fijos los ojos en Jesús” (Hbr 12,2). Y la Santa: “Los ojos en vuestro Esposo”; “Los ojos en Cristo”. Y en el Cantar de los Cantares: “Yo soy como una muralla, y mis pechos como torres. Por eso, a los ojos de él, ya he encontrado la felicidad”. Todo lleva a mirar y ver con deseos irrefrenables. Sigue leyendo

CÁNTICO: CANCIONES 8 Y 9

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CANCIÓN 8

Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti recibes?
 

La amada se interroga a sí misma: ¿cómo perseveras, ¡oh vida!, no viviendo donde vives? Su estado de gemido y dolor es también de aprovechados, porque sus ansias y vida es en Dios. Todo su ser y pensar lo tiene en Él. Y todo lo que de Él recibe le hace penar, hasta morir, por no tenerle a Él mismo en posesión plena. Sigue leyendo