BREVES TOQUES ORANTES

Más que largos momentos de oración, me es necesario parar y tomar conciencia orante, momentos breves pero frecuentes de oración. Detenerme y refrescar la memoria de que Tú me vives dentro, es todo el bien que necesito para recentrarme y no andar dispersa. Breves momentos orantes me retornan a lo sagrado que nos envuelve: Tú estás en mí y me transformas en ti. Este recuerdo constante y reiterado me proporciona la centralidad necesaria para andar entera, buscando hacer el bien que a Dios le agrada. Fuera de Dios me disperso, me quiebro, pierdo el centro y se desfigura el perfil amoroso que me hace humana y preciosa por dentro, en tanto que aflora el hacer de Dios en mí. Lo humano, lo amable, el delicado cuidado, crea la armonía dichosa y feliz. Sigue leyendo

SIN PALABRAS NI GEMIDO

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Cuando se retuerce de dolor el alma, no puedo menos que desnudarme y ponerme al descubierto ante Dios. Mostrarme al desnudo con toda mi indigencia y quedarme expuesta, en silencio y espera. Ya el dolor no tiene palabras ni gemido, está aceptado, asumido, abrazado y serenado. Toda transformación provoca trauma, todo despojo desconcierta, quedarse al vacío produce frío. No hay más cura que la confianza, cuando la fe es estremecedoramente oscura. Sigue leyendo

DIOS CAPAZ DE TODO

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¿De qué es capaz Dios? ¡De todo! Tanto le sé, en tanto que le descubro curando mis heridas. “Sus heridas nos han curado”. Dios cura mis cegueras y pone luz a mis ojos para que vea y crea, me complazca viéndole en todo y todos, hacedor de vida. Cura mi sordera para que, abriendo mis oídos, le escuche a Él y le oiga en el clamor de la humanidad sufriente. Cura mi parálisis y me pone en camino para que le siga. Cura mi mudez para que proclame: “Verdaderamente ha resucitado el Señor”. Me levanta de la muerte y de la oscuridad de mi sepulcro negro, para que le descubra llenándome de vida y ande en novedad, iluminada y esclarecida. Sigue leyendo