TALADRAR MUROS

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Cuando me hallo ante el muro impenetrable de mi ser, elevo un clamor orante: ¡Dios mío!, taladra los muros de lo imposible, para que pueda penetrar en el corazón del Amor. En este centro, puedo aprender a amar como Tú nos amas, y en ti, amar tu creación y tus criaturas. Vivir una comunión con todo. Y al fin, amarte tanto que ya no sepa más que amar. En ti, todo va de amor. Y todo momento relacional contigo es acrecentador del amor. Aprender a amar es el arte del buen vivir y gozar la relación. Sigue leyendo

SENTIRES DEL ALMA

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Asoma un deseo en el alma. Unas golondrinas cruzan volando por mi ventana. Se lo han llevado.

Los versos se escriben con el alma. No se apalabran. Se contemplan y silencian.

En el campo de trigo, las amapolas sonríen. Mientras lo cruzaba, me invadía su alegría.

Caminaba, pies descalzos sobre la tierra. Y oraba.

Al declive de la tarde, me he sentado frente a la ventana. Tranquilamente, he comenzado a mecer la conformidad. Sigue leyendo

BREVES TOQUES ORANTES

Más que largos momentos de oración, me es necesario parar y tomar conciencia orante, momentos breves pero frecuentes de oración. Detenerme y refrescar la memoria de que Tú me vives dentro, es todo el bien que necesito para recentrarme y no andar dispersa. Breves momentos orantes me retornan a lo sagrado que nos envuelve: Tú estás en mí y me transformas en ti. Este recuerdo constante y reiterado me proporciona la centralidad necesaria para andar entera, buscando hacer el bien que a Dios le agrada. Fuera de Dios me disperso, me quiebro, pierdo el centro y se desfigura el perfil amoroso que me hace humana y preciosa por dentro, en tanto que aflora el hacer de Dios en mí. Lo humano, lo amable, el delicado cuidado, crea la armonía dichosa y feliz. Sigue leyendo